Libretas y Cuadernos con Papel Usado

Libretas y Cuadernos con hojas usadas.

Esta es una manualidad muy sencilla,útil y bonita para hacer en casa. Con la cual le puedes dar un valor al papel usado por una sola cara, evitar el desperdicio de papel y hacer hasta un pequeño ahorro en casa, lo cual viene bien en estos tiempos. 

Si solo tienes papel usado por ambas caras puedes hacer papel artesanal que te podrá servir de insumo también para esta manualidad.

Insumos:

Papel usado por una sola cara.

Tijeras y bisturí para cortar.

Cartón de alguna caja.

Perforadora.

Ganchos legajadores,este es un insumo de oficina que se utiliza con frecuencia  en Colombia.   En donde vivo actualmente no lo he visto por eso utilicé  una cuerda o cordel de manualidades que también funciona muy bien para estas ideas.

Libreta de Media Carta y de Un Cuarto

  • Doblas el papel del tamaña que deseas tus libretas. Lo  puedes doblar a la mitad para un tamaña de media carta o lo vuelves a doblar nuevamente a la mitad para unas libretas más pequeñas (¼ de Carta). En mi caso hice libretas de media carta para hacer una libreta para  la lista de compras y otra más pequeña para tomar apuntes cercanos al teléfono fijo de la casa.
  • Cortas el papel a la medida deseada.
  • Perforas el papel usando una perforadora. Un truco para que todo el papel quede alineado es hacer un pequeño doblez al lado superior del papel en donde vas a  realizar las  perforaciones, posteriormente ajustas la guía de la perforadora a la marca  del doblez y haces la perforación.
  • Cortas un cartón a la medida del papel para darle un mejor soporte a las hojas. Con un bisturí y  una regla sobre otro pedazo de cartón, para no dañar la superficie, cortas el cartón. Para la libreta de compras preferí dejar la superficie del cartón más amplia para así incorporar un esfero a la libreta, el cual ajusté con un elástico que amarré a través de pasar su extremidades por los cortes, uno a cada lado de la posición deseada del esfero.
  • Enfilar el cartón y las hojas de la libreta usando un gancho legajador o un cordel. ¡Y listo!

Libreta para las listas de Compras

Libretas hechas con papel usado. Blog: Coherencia dinero y tiempo

Cuaderno con Hojas Usadas

Cuaderno con hojas usadas. Blog: Coherencia dinero y tiempo.

Insumos

Hojas usadas por un solo lado.

Pegante ( también puedes hacer tu pegamento casero, link aquí)

Cartón no tan grueso, en mi caso use un sobre que le llegó a mi esposo.

Hilo.

Aguja Gruesa.

Recortes, en mi caso use una tarjeta que me dieron hace tiempos por un cumpleaños de unos conejitos y para tapar unos sellos del sobre que quedaron en la cara interna use otra.

Marcadores.

Por lo menos 30 hojas usadas por un solo lado.

  • Armar las hojas para que queden solo por la parte blanca. Aplicar pegante por la partes usada y unir dos hojas, de esa forma te queda la parte blanca para escribir. Armas así 15 hojas.  En el cuaderno se va a notar un poco la marca de la tinta de la parte interna, es decir no es un blanco inmaculado. Sin embargo, quedan unas hojas gruesas que permiten borrones y tachones.  
  •  Doblar las hojas a la mitad.
  • Cortar el cartón con un bisturí, en lo posible dejar unos milímetros adicionales en cada extremo. Para hacer el corte te puedes ayudar de una regla y  realizar el corte sobre otro cartón para no dañar la superficie de trabajo.
  • Con una regla marcar los puntos y hacer las perforaciones con aguja en donde pasará la aguja y el hilo para coser el cuaderno, lo cual se tiene que hacer para cada hoja y el cartón.
  • Enfilar el cartón y las hojas, es decir armar el orden del cuadernillo. 
  • Posteriormente pasas la aguja y el hilo por la primera perforación de abajo hacia arriba por el cartón y las hojas (Ojo el hilo lo debes usar doble y dejar un nudo al final doble o triple para que no se salga  la encuadernación), esto va tomar algún tiempo.Continuas de la misma forma con las marcas restantes, para cerrar la costura puedes repasar alguna puntada y hacer un nudo al final. Esta tarea puede requerir algo de paciencia y tiempo, pero si lo haces con cuidado quedará un resultado  bonito.

!Fue muy fácil¡ 

Y después cuando termines de usar tus libretas y ya no las necesites puedes hacer con este papel papel artesanal (link aquí)

 

Al organizar todo el papel y verlo pasar de una pila desordenada a un papel cortado y ordenado recordé que nosotros de cierta forma podemos determinar que es basura y que no. 

 

Cómo hacer papel artesanal con papel usado

Del papel usado también se pueden hacer cosas bellas.

Insumos

Papel usado: te sirven papel blanco usado de impresora, hojas de cuadernos, cajas de huevos, facturas y cualquier otro papel que no tengan una película plástica.

Un marco: para esto puedes usar un tambor de bordado, un marco de madera de algún portarretrato que no uses o un palo largo de balso con el cual puedes construir tu marco. (El mio lo construí teniendo en cuenta las medidas de un papel de media carta).

Dos cucharadas de fécula de maíz: con este ingrediente podrás escribir con cualquier esfero en tu papel artesanal.

Un recipiente grande en el cual puedas sumergir horizontalmente tu marco fácilmente.

Agua.

Una licuadora.

Pétalos de flores secas (opcional).

Tela de mosquitero para los marcos medianos y pequeños (necesitaras dos pedazos que cubran la extensión de tu marco) o una malla metálico para los marcos grandes.

Toalla y Tela para desmoldar y dejar secando el papel.

Instrucciones.

  1. Picar el papel en pedazos pequeños y dejarlos en una tinaja con agua tibia por uno día, pero si tienes afán puedes dejar la mezcla reposar un rato y pasar al paso siguiente.
  2. Licuar la mezcla con ayuda de una licuadora.
  3. Añadir pétalos de flores y dejar que éstas reposen en la mezcla por lo menos un día para que suelten su color. De esa forma no aparecerán manchas en el papel por el color de las flores. Si quieres dejar tu papel sencillo puedes pasar al paso siguiente.
  4. Agregar dos cucharadas grandes de fécula de maíz diluidas en agua, esto le ayudará al papel para que se pueda escribir mejor en éste con cualquier esfero.Se le agrega fécula de maíz.
  5. Armar tu marco e instalar la malla de mosquitero. Para esto también puedes usar un tambor de bordado o un portaretrato sencillo. Los marcos pequeños permiten un desmoldado más fácil, con marcos muy grandes es mejor dejar secar la mezcla en el marco y desmoldar cuando el papel esté seco.
  6. Sumergir de forma horizontal el marco en la mezcla de papel licuado, si quieres un papel más ligero le debes agregar agua para que la mezcla sea más ligera y si quieres un papel más grueso la mezcla debe ser más espesa.
  7. Escurrir el marco y sostenerlo por un tiempo para que salga la mayor cantidad de agua, evitar el balanceo. Esto se debe hacer con delicadeza para que la mezcla quede homogénea y cubra toda la malla del marco.

    Esta capa fue la que me quedó más gruesa.

  8. Pasar el marco a una bandeja en donde se pueda terminar de escurrir el agua (en este paso puedes salpicar otros pétalos de flores secos o colocar algunas hojas). Con ayuda de otro pedazo de malla cubres el papel que quedó en el marco y vas presionando suavemente sobre éste con una toalla  para sacar toda el agua que sea posible.
  9. Sobre otra toalla o tela desmoldar el papel con mucha paciencia y cuidado.
  10. Dejar secar el papel en un sitio plano. Si el papel se enrosca en el secado lo puedes dejar por un tiempo bajo unos libros gruesos.
  11. Usar el papel y hacer diferentes actividades con éste.

     

Del papel usado también se pueden hacer cosas bellas.

La realidad supera la ficción (Pensamientos sin sentido)

La realidad supera la ficción, esta cita de Stefan Zweig se queda corta al revisar las últimas noticias: El Agua se convirtió en un commodity en California y ahora se cotiza en bolsa, se crean nubes artificiales para modificar el clima, se preparan las economías para el gran reseteo, China crea un sol artificial a través de la fusión nuclear, Bil Gates anuncia una nueva pandemia, el transhumanismo está a la vuelta de la esquina, la misión a Marte avanza y ni que hablar de la supuesta existencia de extraterrestres que hacen acuerdos con los Estados Unidos.

Las noticias que más me aterran son el tema de la cotización del agua como un mero producto en  la bolsa y la modificación del clima a voluntad, lo otro…lo otro lo siento tan de ciencia ficción que me tomará un tiempo digerirlo. 

Parece que estos nuevos tiempos fluyen de una forma diferente en donde la incertidumbre es la directora de la orquesta. ¿Cuántos otros cambios nos esperan?

Al parecer nada volverá a hacer igual. Lo triste de todo esto es la falta de entendimiento profundo acerca  de la naturaleza y de la vida misma. Esta tierra preciosa y abundante la hemos reducido a un simple producto. 

Solo espero que la conjunción Júpiter- Saturno no nos traiga un nuevo mesías. 

 

 

 

Campesinos con Wifi (9. El Imperio Caracol)

Un pequeño caracol contemplando la vida desde una planta de haba.

Inicio de primavera.

Con decepción miro el resultado de mi  cosecha de invierno. Alguien se comió las cien plantas de arvejas que estaban creciendo en mi huerta, los veinte  brócolis, diez repollos y siete plantas de kale. Por suerte parece que las habas que ya están listas para  cosechar no han sufrido ningún daño.

Los rastros de baba me indican la presencia de caracoles pero solo he visto uno que otro. Mis amiguitos de infancia serían incapaces de semejante glotonería es algo imposible. Sin embargo, decido seguir el  rastro de baba que me lleva al espantapájaro que hice con una sombrilla y una chaqueta impermeable vieja hace unos años. Levantó un poco y veo una imagen repugnante montones de caracoles, babosas y lombrices en una  orgía de baba compacta. 

El espantapájaros ha cumplido su misión pero también  ha servido de “resort” para albergar y  proteger a los caracoles que  ahora viven  a sus anchas y se han multiplicado de una manera incontrolable. Nunca antes había visto tantos caracoles juntos lo cual me produce náuseas. 

En un acto de violencia  generado por la rabia y la frustración de no poder tener las cosechas esperadas sacudo el espantapájaro hasta sacar al último  huésped. Sentada y frustrada en el  muro de piedra que separa el jardín del terreno vecino me doy cuenta que no soy una persona tan compasiva como pensaba. Por suerte tengo opciones, pero en los tiempos del hambre que vivieron mis vecinos  estos caracoles a falta de cosechas  irían a parar a una olla para servirlos en el almuerzo. Ahora entiendo porque se encuentran en el menú de algunos restaurantes  cercanos como “petiscos” (pasabocas portugueses). 

En estas tierras  el invierno no es tan agresivo pero las  fuertes  y constantes lluvias, el viento a veces inclemente  y la poca luz  de ésta época no ayudan a cosechar tanta abundancia como en el verano. A pesar de esto los campos de mis vecinos comienzan a verse espléndidos, llenos de habas, alverjas, repollos y  sobre todo “couves portuguesas”una clase de col alargada de hoja gruesa de color verde oscuro que es lo que más próspera en estas tierras.

En la gastronomía regional se encuentra  en una gran variedad de platos, desde sopas hasta acompañamientos. Nunca antes ví que un vegetal tuviera tanta versatilidad, la razón ahora la comprendo bien porque  es lo único que se  da en el invierno sin tanto problema. 

También me pregunto  si  mis vecinos  usan alguna de esas soluciones “mágicas” que venden por ahí con las que  garantizan eliminar  los caracoles y babosas en un solo paso, o tal vez debo aceptar el hecho de que ellos albergan la historia y sapiencia de generaciones de campesinos y que conocen el oficio y estas tierras mejor yo,  una simple advenediza campesina con Wifi  que tiene que entender que  aprender toma tiempo.  

Resignada recojo las habas que por suerte no se las han comido los caracoles ni las babosas. Tengo suficiente para casi todo el año, un pequeño triunfo que parece desapercibido por la familia pero el cual me  ha tomado cultivar  casi siete meses.

 

De la rabia a la  compasión (mediados de primavera)

Durante los días siguientes me la pasé trasteando caracoles de un lado para otro. Están tan  gordos y grandes que la cáscaras de huevo trituradas  solución que aseguraba acabarlos por completo no les hace  ni cosquillas, al igual que  la ceniza de la chimenea que me había funcionado bien como barrera protectora en otros años de nada  ha  servido en esta lluviosa primavera. 

Al recogerlos con mis manos me percato no solo de su tamaña sino de sus pintas, encuentro babosas de una amplia gama de colores desde el blanco pasando por el gris, el negro y hasta unas que se ven muy simpáticas con sus pintas atigradas. Las conchas de las caracoles tienen también  combinaciones diferentes tanto colores como de patrones. 

Cuando los recojo  siento  como tiemblan entres mis manos y comienzan a babear del susto, siento su vida, siento su  miedo y me cuestiono cómo yo puedo emular a  un “Dios” que decide  su suerte. Los esparzo  por el jardín lejos de mis cultivo y hasta por el campo vecino en el cual este año no han empezado a cultivar nada y ahora parece un terreno baldío lleno de “mala hierba”.

Mis familiares y amigos me aconsejan que domine a la naturaleza con las opciones del mercado pero siento que no lo puedo hacer. Entiendo la inclemencia de la naturaleza así como su lado maravilloso, dos años en el campo me han quitado el romanticismo citadino hacia los temas rurales, puedo verlo claramente y sé que las cosas aquí no son color de rosa ni a mi manera, pero prefiero renunciar a la huerta antes que  tener que echar veneno al jardín que mediocremente cuido por mi incompetencia. 

La plaga y el Covid -19

Es claro que los caracoles no entienden de límites, no entienden de moderación, dentro de poco van a pelar todo el jardín, se volvieron una plaga, lo sé. Las habilidades que adquirí al trabajar con el gobierno de mi país y hasta con  Naciones Unidas para tratar con poblaciones difíciles de nada sirven con los caracoles. No los puedo convencer de que dejen tranquilos los brotes tierno de frijol, que no se coman las plantitas de tomate, ni los pimientos.

Confinada en medio de la cuarentena del Covid 19 me resigno y entiendo que ese es el mismo comportamiento que nosotros tenemos como especie. Si tan solo pudiéramos vernos mejor  y nos diéramos cuenta que podemos dejar nuestro comportamiento de plaga.

Reflexiones y remedios

Vuelvo al jardín con un aire meditativo y reflexivo para entender qué pasó. Me doy cuenta que al dejar el espantapájaro y los  hoteles de insectos inatendidos  durante meses han cambiado su uso creado condiciones favorables para la multiplicación de los caracoles y babosas en tiempo de lluvia. 

Me doy cuenta que debo dejar mi espíritu competitivo citadino que ahora se ha trasladado al jardín y que no vale la pena  estar comparando mis resultados con los de los vecinos y amigos horticultores, debo entender mi afición  como un camino único y diferente. 

Decido observar cuidadosamente  a los caracoles del jardín  para saber qué les gusta y que no, veo como unas plantas son más resistentes y otras no les generan  ningún interés, re-organizó y pienso mejor la distribución de la huerta. Me doy cuenta que la malla que uso para proteger a las plantas de los pájaros es una excelente medida para protegerlas de los caracoles más grandes. 

Los hoteles de insectos y el espantapájaros los cambio por tejas a las cuales les dejó en su interior comida en la tarde para atraer a los caracoles y así retirarlos de la huerta temprano en la mañana siguiente. Vuelvo a sembrar y  de una forma más inteligente le brindó protección a  las plantas  más tiernas.

El jardín y sus maestros me enseñan no solamente a cultivar verduras sino  también a cultivar resistencia ante la frustración y la impaciencia.

 

No existe acción sin daño (mediados de verano)

Un día de verano que no puede atender la huerta por encontrarme enferma mi esposo me contó que encontró una serpiente muerta en una de las redes del jardín, él la tocó varias veces con un palo y la serpiente no se movió. Lo cual me entristeció bastante, a pesar de no querer hacer daño lo  hago. 

Al día siguiente con un mejor estado de salud revisé la red y encontré a la serpiente totalmente enredada. A diferencia  de mi marido pensé que estaba viva y  por eso me puse unos guantes y tomé una tijeras para poderla liberar de la red. Lentamente y con el cuidado de un cirujano fuí cortando la red atascada en todo su cuerpo, nunca antes había estado tan cerca de un animal de su especie. Al realizar el tercer corte escuché una exhalación profunda que se sintió como un alivio y ví  que su lengua bífida se asomaba y emitía  ese siseo particular que lo podía escuchar casi en mi oído.

La serpiente se comenzó a mover más, trato de atacar  por lo cual  preferí parar un momento para respirar profundo y hablarle, mi locura hippie oculta bajo mi aspecto de burócrata suele salir en esos extraños momentos y a lo Harry Potter hablé pársel y parece que ella me entendió porque se quedó quieta y hasta creo que colaboró para que la liberará.  Mientras tanto mi  marido vigilaba para impedir que  no se enredara y no atacará más, por suerte las serpientes en estas latitudes no son venenosas.

Pasados unos minutos  la serpiente quedó libre y  le tomó pocos segundos llegar hasta unos arbustos en su andar serpenteante  alejándose de nosotros y del bancal de la huerta.

Aprender a cultivar la compasión también en la huerta

Lecciones para el futuro.  

  1. No desatender los espantapájaros, hoteles de insectos ni otras estructuras en la huerta para que no cambien su uso, con lo cual puedan crear  un desbalance en el jardín beneficiando a ciertas especies que se pueden convertir en plagas. 
  2. Mantener libre de “malas hierbas”  los sectores de cultivos y aplicar mulch como cobertor de cultivos. 
  3. Usar una red de pájaros durante el tiempo lluvioso para proteger los cultivos tiernos, revisar la red todos  los días para quitar caracoles y otros animalitos que se puedan quedar enredados, cuando el tiempo mejore quitarla para evitar que otras especies  puedan quedar atrapadas.
  4. Dejar cáscaras de naranja, papa y rodajas de pepino  a los caracoles y babosas para disuadirlos de comer los cultivos.
  5. Hacer restaurantes para caracoles con tejas, para lo cual se dejan algunas tejas en la huerta y en su interior se dejan cáscaras de naranja, pellejos de papa o rodajas de pepino. Los caracoles y babosas se sentirán atraídos a este espacio y  en la mañana siguiente se podrán retirar fácilmente  y  trasladar a otras zonas que no afecten los cultivos. (Esta opción la saqué del canal de la Huertina de Tony)
  6. Aceptar que en la huerta todos comen incluido los caracoles y las babosas.
  7. Aprender a cultivar la compasión también en la huerta.

 

Una Huerta con Residuos de Cocina.

Unas papas y ajos de mi alacena que quieren ser sembradas.

En tu despensa se esconde una gran riqueza que quiere germinar si le das la oportunidad. Solo tienes que hacer algunas cosas  simples como dejar un tallo en agua y esperar un poco, de repente como por arte de magia la vida y hasta  la abundancia se presentaran ante tus ojos. ¿Te cuento cómo?

Muchas de las partes que cortas de los vegetales que hasta este momento pensaste que eran basura no lo son, esos “ desechos” son los iniciadores de tu futura huerta que puedes realizar hasta en  una maceta.

Parte de mi huerta está conformado por “residuos” de la cocina. A través de esta entrada al Blog te contaré mi experiencia así como las necesidades  de espacio,  luz y hasta temperatura de tu futura huerta con residuos.

Rebrotes 

Apio: tal vez este es uno de los rebrotes más fáciles de hacer y con el que por lo general he tenido casi siempre éxito.  Para hacerlo solo le tienes que cortarle la base al Apio y la dejas en agua en un lugar de tu casa más o menos soleado. Esta es un planta que se cultiva en invierno/otoño pero si vives en el trópico un lugar fresco y con algo de sol será el espacio ideal . Es importante que le cambies el agua por lo menos día de por medio, ésta solo debe cubrir ligeramente la parte inferior de la base.

En algunos días verás que le saldrán raíces, posteriormente los tallos de su base se alargarán y hasta le saldrán las hojas. Cuando veas que tiene varios hojitas y la planta esté fuerte ese es  el momento de sembrarla en la tierra, lo cual puedes hacer en un maceta de unos 20 a 50 centímetros. Son buenas vecinas de casi todos los cultivos.

Para cosecharla deberás esperar hasta que la planta se desarrolle, es decir  casi noventa días después de  su siembra, posteriormente puedes ir  cortando los tallos  según tu necesidad. Las hojas de esta planta  también son comestibles.

Puerro: Es igual que el procedimiento del apio. Cuando ya veas crecer el tallo la puedes sembrar en un lugar fresco semisoleado en una maceta de unos 15 centímetros de profundidad. Este es un cultivo de finales de invierno/ principios de primavera.

Este puerro que está creciendo haces unas semanas era parte de mi nevera.

Lechuga: Es el mismo procedimiento anterior, es importante tener cuidado para que no se pudra en el proceso. Necesitarás una maceta de uno 15 a 20 centímetros. Una lechuga esta lista en unos treinta días, en ese momento puedes cortar las hojas desde su base y seguir recolectando de  la misma planta dos cosechas más, en la siguiente dejas que la planta se desarrolle hasta su floración que es cuando comienzan alargarse, en ese momento tu planta tendrá un sabor amargo pero pronto podrás recoger hasta las semillas si algún polinizador afortunado la visita.

En esta foto puedes ver unos rebrotes de jengibre, lechuga y algunos esquejes.

Por lo general son buenas vecinas de otros cultivos menos de los repollos, necesitan espacios semisoleados y se pueden cultivar en climas fríos.

Bulbos: 

Ajos: Desde que vivo en el campo he notado que los dientes de  ajo que uso en la cocina cuando se acerca la primavera quieren ser sembrado porque les comienzan a salir una puntas alargadas verdes, escojo los más gorditos y los siembro con la base hacia el suelo. A veces uso el mismo procedimiento anterior y veo como de su base salen las raíces.

Los ajos son un cultivo de invierno/inicios de primavera, un lugar fresco y semisoleado les sentarán de maravilla. Para sembrarlos solo necesitas una maceta de uno 15 a 20 centímetros de profundidad. No son buenos vecinos de las alverjas ni de los frijoles.

Este ajo era parte de mi despensa y ahora está creciendo en la huerta.

Los ajos se cosechan  casi unos siete meses después de su siembra, cuando la planta se marchita y se seca completamente es el momento de sacar los ajos, los debes dejar secar al sol antes de guardarlos por lo menos por un día entero, después los guardas en lugar oscuro y ventilado en tu alacena.

Tubérculos 

Papas/Camotes y otros:  las papas que he sembrado en mi jardín todas han venido de mi cocina, por lo general voy guardado la papas a las que les crecen raíces y a finales de invierno / inicios de primavera las siembro. Las plantas crecen con una velocidad impresionante, cuando se marchitan y desaparecen es el momento de cavar para buscar el gran tesoro. A mi me encanta desenterrarlo.

Las papas las puedes sembrar también en casa solo necesitas una maceta de unos 50 centímetros de profundidad, seguramente no podrás sembrar muchas plantas pero te podras divertir mucho cuando llegue la cosecha. Este es un cultivo también  de época fría. 

Te cuento que no he tenido mucho éxito con rebrotes de zanahoria ni con los de remolacha pero otras personas si lo han logrado, todo es cuestión de experimentar.

En este  momento estoy intentando con jengibre y  dos lechugas que compré porque las que tengo en la huerta  ya les recogí su primera cosecha y otras  están muy pequeñas.

Esquejes: puedes tener toda una planta nueva realizando un corte  de una rama de unos 15 centímetros con  unas tijeras bien afiladas, le quitas las hojas de la parte inferior y la dejas en agua con el mismo procedimiento del apio.

Puedes sacar esquejes de albahaca, romero, lavanda, rosas entre otros. Un esqueje que puedes practicar en casa es el de la albahaca.

Albahaca: esta es una planta que necesita sol y un clima templado, por eso si compras en un  supermercado un manojo de esta planta es mejor dejarla afuera de la nevera en un vaso con agua y vas usando lo que necesites, si dejas unas ramas por unos 15 días en agua podrás ver que le salen raíces. La albahaca es una planta anual y necesitas una maceta de unos 15 a 20 centímetros.

Germinados: esta es una forma de cultivar y usar los vegetales en su etapa inicial. Se pueden hacer germinados de diferentes semillas ( las cuales deben ser biológicas) y también se pueden hacer de granos que tengas en tu alacena. A mi me gusta la técnica a través de un colador más que con un frasco de vidrio.

Lentejas: dejas las lentejas en agua de un día para otro, posteriormente la escurres y las dejas en un colador al sol, las vas regando con un atomizador o con un poco de agua todos los días, en un pocos días germinaran y podrás usarlas en ensaladas, sándwiches o salteados.

Seguramente necesitaras algun abono para tu plantas, si tienes espacio puedes hacer una compostera y si no lo tienes podrás hacer compost para quienes no pueden hacer compost (ver entrada).

¿Tienes otra técnica que me quieras compartir?

Jabón de Pedacitos (Una idea para recuperar y no desperdiciar jabón)

El jabón usado que recolecté para hacer este experimento.

El jabón, ese humilde producto que nos ha acompañado desde hace casi tres mil años hoy se convierte en nuestro principal aliado para combatir el Covid-19. Pero cuántas veces no hemos despreciado ese minúsculo pedacito que queda en el lavamanos o en la ducha, los cuales por lo general terminan en la basura. Ignorantemente lo tiramos porque creemos que ya no tienen ningún uso cuando tienen un gran potencial de recuperación.

En el último año con el fin de hacer mejores esfuerzos para la implementación de la filosofía “Zero Waste” en casa me dí la tarea de ir recolectando a lo largo del año los pedacitos despreciados de jabón hasta llenar a un frasco de vidrio mediano. Hace como unas cuatro semanas completé el frasco y por fin pude saber de primera mano si era posible recuperar jabón.

Los trozos de jabón que use.

El proceso es fácil y existen muchas formas para recuperar el jabón, a mi llamo la atención la siguiente que te voy a compartir.

Insumos

  • Pedacitos de jabón, en mi caso reuní como 107 gramos, muchos de los cuales estaban muy secos.

  • Una bascula o gramera, pero creo que para este caso tan sencillos se puede usar el “ojimetro” ( calcular al ojo).

  • Unos recipientes que sirvan de moldes, yo use unos embalajes que tenía.
  • Un cuchillo o un rallador de cocina.

  • Agua.

Método para fundir el jabón: fundí los pedazos mediante el método de baño de maría, para lo cual utilizas dos ollas superpuestas, la que está en contacto con el fogón contiene agua, ojo no mucha porque la otra olla debe encajar dentro de la primera y si contiene mucha agua ésta se derramará, en la segunda o interna colocas el jabón. En mi caso use un Pyirex resistente al calor. Algunas personas solo le añaden agua caliente a los jaboncitos para derretirlos y los dejan de un día para otro, otras hacen un amasijo con los pedazos lo cual es mucho más fácil pero creo que con los trozos de jabón tan secos que tenía era mejor esta forma que te explico en esta entrada

Pasos:

1.Trocear o rallar el jabón, en mi caso decidí trocearlo pero creo que es mucho mejor rallarlo, porque el proceso de fundido será más rápido.

2. Fundir el jabón troceado o rallado al baño de maría. El jabón se comenzará a fundir como una melcocha. Si tu jabón no se funde tan rápido podrás añadir agua, que es el paso siguiente.

3.Agregar agua, menos de la mitad de la cantidad de jabón, esta se la puedes ir agregando paulatinamente hasta que el jabón se funda y éste casi homogénea. La cantidad de agua puede depender de si tus jabones están muy secos o no. . En mi caso mis jaboncitos estaban muy secos, creo que para una futura oportunidad los guardaré en frasco cerrado para que no pierdan tanta humedad. Si te llegas a pasar un poquito con el agua tendrás que esperar unos días más para que el jabón seque en los moldes.

4.Poner la mezcla en los moldes.

En mi experimento me pasé un poco con el agua y los tuve que dejar varios días a secar en los moldes, cuando me pareció que estaban firmes los desmolde.

5. Desmoldar y cortar.

6.Usar.

La textura de los jabones que resultaron de este experimento casero fue un poco esponjosa en un principio, debido a que me pasé un poco con el agua y algunas pequeños tozos de jabón que no derritieron bien le dieron un efecto marmolado al resultado lo cual me pareció hasta interesante, cuando los probé quedé muy satisfecha con el resultado porque funcionaba muy bien y hacían un espuma muy agradable.

Esta alternativa funciona perfectamente y así nunca más tendrás que tirar este recurso a la basura

Un Encuentro con el Silencio (Cuarta y última parte: de la Armonía Technicolor a la ira de Hulk)

La famosa campana

(18 meses antes)

En el silencio había entendido varios  patrones de mi comportamiento y había profundizado en el conocimiento de mi mente. Pero no  me imaginé que en ese penúltimo día del retiro iba pasar de la armonía technicolor a la ira de Hulk, ni mucho menos que al  terminar el retiro asistiría a una fiesta de Budas lo cual recordaría por mucho tiempo. 

Penúltimo día, entre la Armonía Technicolor y el Verde  de la Ira de Hulk 

6:30 am

Al igual  en que los días anteriores me dirigí al salón de meditación a recoger la campana para llamar a mis compañeros a la práctica de las 6: 40 am. El salón dispuesto para la meditación estaba ordenado, limpio  y el altar estaba iluminado por algunas velas. Antes de iniciar miré el tablero donde estaban escritos los primeros siete pasos de la técnica de Calma Introspectiva o Shamatha y así empecé:

  1. Postura: sentada en una pequeña porción del cojín de meditación, de forma que mi coxis quedará levantado. Con mis ojos ligeramente cerrados y manteniendo mi columna derecha con los hombros hacia atrás. Mientras mis brazos reposaban ligeramente en los muslos de mis piernas y la palma de mi mano  izquierda recibía la mano derecha, dejando un espacio suficiente para que mis pulgares se tocaran.
  2. Motivación: las acciones deben ser buenas y que la práctica traiga la sabiduría para el mayor beneficio.
  3. Relajación:  a través de la respiración se relaja el cuerpo y la mente, para lo cual tu  exhalación debe durar el doble que tu inhalación.
  4. Foco: se centra la atención en un foco de tu cuerpo. El programa sugerido era centrar el foco durante las primeras cuatro semanas en el abdomen, las siguientes cuatro en las fosas nasales y las últimas cuatro en una imagen en la mente. Se repite el ciclo del foco  según lo que se escoja o se necesite. 
  5. Estabilidad: se logra estabilidad cuando ya no dejas que tu mente se comporte como un perrito latoso y te puedes concentrar en el foco. Para eso utilizas tu respiración, si tu mente está muy distraída y agitada tus exhalaciones deben ser más prolongadas y si   tu mente está muy somnolienta o con sopor tus inhalaciones deben ser más profundas. De esa forma se logra un estado de no distracción y no sopor que permite aumentar la concentración.
  6. Claridad: es el punto en que estás enfocado y tienes entendimiento. Lo cual es un paso avanzando, por ahora sigo intentando tener más tiempo en la estabilidad que es el paso anterior.
  7. Dedicación: tu práctica la dedica a un ser o a la causa que quieras o lo necesite, se puede realizar este paso con el paso 2 o después del 3. (La práctica tiene otros dos pasos más para personas avanzadas, lo cual todavía no es mi caso)

Pasados 20 minutos  realicé la toma de refugio y la oración diaria, terminé mi práctica y fui a desayunar en silencio como lo había hecho en los días anteriores.

Antes de iniciar la sesión larga de la mañana decidí caminar un poco por las zonas verdes del lugar del retiro. El día se veía especialmente radiante, los colores eran extremadamente brillantes, todo parecía tan nítido. Era verdad lo que estaba pasando antes mis ojos o  estaba experimentando alguna alucinación porque todo brillaba, el verde era aún más verde y brillante, el azul era aún más azul y brillante, parecía que todo tuviera escarcha y fuera resplandeciente. Adicionalmente experimente un calma y una serenidad que nunca antes hasta ese momento había sentido, no necesitaba ni quería nada, me sentía por fin completa e integrada ¿sería esto el Nirvana?… no lo creo pero si un estado al que he llamado Armonía en Technicolor, pero aún me esperaban algunas sorpresas más.

Pasada la jornada de meditación larga de la mañana  y del almuerzo y antes de iniciar la jornada de la tarde decidí dar otro paseo por las áreas verdes del lugar pero en ese momento en lugar de sentirme sobrecogida  por la paz y la calma sentí a Hulk dentro de mí con toda su rabia y enojo. Mis mejillas y mi cabeza ardían de rabia sin ningún motivo aparente. Era la ira contenida por mucho tiempo que comenzó a salir y así como el hombre verde busqué un lugar apartada  para tranquilizarme hasta sentirme en calma. 

La ira de Hulk

Al finalizar el retiro le pregunté a la monja que dirigía la práctica por mis experiencias especialmente por la de Hulk y ella me comentó que era algo normal, los budistas los llaman Nams ( se escribe con una especie de tilde sobre la  “N”), es una manifestación emocional que sucede después de la meditación, la cual puede ser emocional o física y se debe respirar o soltar si es algo negativo. Recordé que algunas personas experimentaron una gran tristeza que los llevó hasta a las lágrimas.

La experiencia que tuvimos seguramente cambiaría nuestras vidas, de eso no tenía la menor duda.

Una noche de fiesta a la luz de la velas

En el lugar en que se realizó el retiro hubo un corte de luz y por eso nos  iluminamos con velas, lo que le añadió un toque aún más místico a este encuentro. En el salón de meditación se dispusieron ofrendas de alimentos y el el altar se arregló de nuevo con flores, velas e inciensos. Todos nos sentamos de piernas cruzadas sobre los cojines de meditación. Con el sonido de la campana, la misma campana que había tocado durante el retiro se inició la práctica. La monja entonó con su  voz que era realmente hermosa oraciones en un idioma extraño que yo solo podía seguir a través de la lectura mientras que algunas voces de los compañeros se sumaban de fondo. El salón resplandecía por la luz de las velas que se agitaban un poco de vez en cuando por el viento tibio que entraba por una de las ventanas añadiendo al ambiente olores delicados de las plantas circundantes que se mezclaban con el incienso.

El silencio se comenzó a despedir de un forma dulce como aquel que se despide tiernamente pero aguarda siempre a que lo llamen. 

18 meses después

El silencio se convirtió en una  nota importante en mi cotidianidad  y le ha dado armonía a las otras notas de la vida. Fue la llave que  me abrió la puerta a la meditación, la cual me ha ayudado a encarar los diferentes aspecto de la vida y hasta mejorar mi salud. 

No he tenido otro momento  de armonía technicolor pero Hulk se volvió a presentar, especialmente en los últimos meses en que dupliqué mi tiempo de meditación con la incorporación de otra práctica. Soltar la ira  ha sido la pieza que faltaba para mejorar mi salud, esto ha tenido un impacto tan positivo en mi vida que por eso este post que hasta el momento era un escrito personal lo comparto el día de hoy en el blog. 

 

Dedicación: esta serie esta dedicada  a la Ven Thubten Khadro por todas sus enseñanzas las cuales recuerdo casi a diario.

Serie

Un Encuentro con el Silencio 1

Un Encuentro con el Silencio 2

Un Encuentro con el Silencio 3

El tigre y el pulpo

Por Fernando Galindo Gordillo

Oceanario, Lisboa.
Fotografía: Fernando Galindo Gordillo.

Era la primera cita. Como suele ocurrir intercambiamos risas, bromas e insinuaciones. Me gustaba su sonrisa. Hablamos de nuestros autores favoritos, de la música que nos gustaba, no recuerdo si hablábamos sobre la existencia de los extraterrestres, pero sí hablamos sobre los animales y no, no le gustaban… y no se refería a las palomas o a los ratones, se refería a los animales en general. Quedé pasmado. Mi interés desapareció a la manera en que un globo cuando lo besa un alfiler.

He vivido asombrado por nuestros compañeros de ruta a lo largo de mi vida. Entiendo a la perfección la dedicación de los veterinarios y los zoólogos. En mi memoria se conservan las historias de la literatura sobre los perros, los calamares, las ovejas y los gatos, incluso escribí un artículo sobre el tema. Me imagino que este amor comenzó en la infancia, no sé si lo soñé, pero recuerdo a mi mamá cuidando a una oropéndola que había caído herida en el garaje. Muchos de los momentos más conmovedores en la vida los he pasado en la compañía de un perro y estoy seguro de que para muchos también ha sido así. Cuando supe que Descartes los consideraba simples máquinas, lo desprecié. Después de ver quince minutos de un documental decidí convertirme en vegano y a pesar de los viajes y los tropiezos, lo soy y espero seguir siéndolo. Aquí en el blog hay una serie sobre este tema.

Cuando mi hermana bautizó este blog pensé durante un rato en la palabra clave, “Coherencia”. Hoy, cuando el imperio del capricho es exaltado hasta la saciedad, cuando infinidad de personas sueñan con darle rienda suelta a cualquiera de sus deseos, conviene examinarla con mayor cuidado. Coherencia proviene de unir, pegar. En el Diccionario de Filosofía del pensador existencialista Nicola Abbagnano, se lee “ (…) implica, en efecto, no sólo la ausencia de la contradicción, sino también la presencia de relaciones positivas que establecen una armonía entre los elementos del sistema.” Se trata, en suma, de entramar los ideales que abrazamos con nuestros actos; esto reclama un compromiso, una suerte de militancia que combate al capricho. Nos hemos acostumbrado a las arengas y a las marchas y a los avisos y a las consignas, muchos creen que es suficiente lanzar su indignación en las redes sociales sobre los incendios y sobre el maltrato, pero antes de cualquier queja es preciso pensar si estamos a la altura de nuestros ideales, si enlazamos nuestros actos a la luz de lo que representan. Resulta un privilegio ser testigo de las personas que sí lo hacen, que viven ese camino.

Porque no es sencillo, porque nuestras costumbres están tan presentes y han arado tan profundo que de manera casi automática terminamos repitiendo los actos que condenamos. Se precisa una conciencia, que quizá consigan los grandes discursos; sin embargo es imperativo mantenerla, que únicamente se logra cuando los comportamientos que la respaldan se convierten en hábito. La coherencia es la unión entre los ideales y los actos. Muchos claman por las grandes soluciones y sería extraordinario tenerlas, pero si tan solo contáramos con la coherencia de quienes defienden los ideales en los diferentes medios, tendríamos a nuestra disposición mucho más de cuanto tenemos.

Porque mucho de cuanto se habla sobre el medio ambiente y el cuidado de nuestro planeta se habla por moda. Porque cientos de quejas se formulan desde una plataforma moral inexistente, que quiere aprovechar el reconocimiento, pero busca ahorrarse el trabajo del compromiso. Las palabras son una herramienta asombrosa, no obstante la evidencia de su elevada capacidad de manipulación apareció desde muy temprano. Y ni hablar de las redes, los memes, los post, las quejas, los señalamientos. Quizá si el primer umbral de un ideal sean las palabras el último es el comportamiento. Sin este hay poco.

El amor y la curiosidad por los animales me ha llevado en los viajes a varios zoológicos y acuarios del mundo. La justificación de estos lugares nunca faltó en mi reflexión. Recuerdo la historia de una tortuga malherida que era cuidada en el acuario de Chicago. También las palabras de varios defensores de los zoológicos que hablaban de la importancia de estos lugares como sitios para la pedagogía y la enseñanza ambiental en las escuelas. El cuidado que he visto es extraordinario. El Oceanario de Lisboa es uno de esos ejemplos portentosos. Me gustaría defender los zoológicos y los acuarios justamente porque los quiero, porque sé que es mi mejor oportunidad de observar a las criaturas que he querido tanto. Sin embargo en Japón tuve dos experiencias que levantaron de inmediato un tribunal, la primera un tigre.

En el zoológico de Tokio, mientras la mayoría hacía una fila enorme para ver a los pandas, yo fui primero a los tigres, vi uno, un animal joven, con los músculos tensos, con la mirada fija en la puerta, sin determinar a las personas que lo mirábamos desde el cristal, caminando de un lado para otro una y otra vez. La mayoría de personas se fueron. El tigre continuaba desgastando el suelo. Yo me quedé, quién sabe durante cuánto tiempo. No pude tomar una sola fotografía, no era capaz; no me hubiera dolido tanto si estuviera echado en el suelo, sangrando. Muchos insisten en que no podemos comprender a los animales, que creamos una proyección de nuestra ética al instinto de ellos, pero esto no era así. Entre las criaturas más complejas el sufrimiento es un lenguaje universal: están los llantos, la mirada, la desesperación y eso lo entendemos y lo entendemos de sobra.

Cuando llegué a mi animal favorito el golpe fue contundente. El pulpo es una de las criaturas más extrañas y extraordinarias en nuestro planeta. Estamos a orillas opuestas en el árbol de la vida y, sin embargo, su desarrollo de la conciencia y el nuestro se encuentran. El pulpo juega, recuerda, se mimetiza, hace contacto con la mirada, se intuye que sueña por el comportamiento de su piel, sale de laberintos, ha escapado de acuarios, es un cazador asombroso, incluso emplea herramientas. Y un animal de semejantes capacidades permanece encerrado allá en un estrecho cubo de cristal. No sé quién lo dijo, pero el bienestar de una criatura está en el desarrollo pleno de su potencial. A partir de esto ninguno de los animales en un zoológico o acuario están bien, por más amplio que sea el espacio o sofisticado, por más estrecho. El tigre solo está bien en la selva; el pulpo, en el mar.

Necesitamos pensar nuestra ética a la luz de nuestras circunstancias actuales, de nada vale arrastrar una de un período histórico anterior a la industrialización y a la agricultura moderna, donde se no contaba ni con las posibilidades que hoy tenemos ni con el conocimiento que como especie hemos alcanzado. No tiene sentido que sigan existiendo zoológicos, por más sofisticados que sean, por más que contribuyan al aprendizaje. El respeto no puede tener excepciones, menos aun cuando la excepción descansa fundamentalmente en el entretenimiento.

El desafío de la coherencia no descansa en el instante en que nos enfrentamos a un episodio sencillo, sino cuando encaramos una dificultad, cuando debemos rendir a nuestros ideales el tributo de nuestro comportamiento. El cambio climático despierta la indignación de millones de personas en el mundo, pero conviene preguntar cuántos transforman efectivamente esta indignación en mitigar el problema. El cuidado animal es respaldado a cada instante, sin embargo cuando llega el momento de actuar y tomar medidas, comienza el desfile de excusas y caprichos que produce una satisfacción vacía y, ante las personas honestas, vergonzosa. La coherencia precisa sacrificios. Nos acostumbramos a pensar que todos nuestros gozos son inocentes y si bien algunos fueron satanizados durante siglos, otros, en realidad, tienen un precio, que por lo general no paga quien los disfruta. La encantadora curiosidad por ver a un pájaro encerrado lo paga él con su propia libertad.

Fotografía: Fernando Galindo Gordillo.

Campesinos con Wifi (8. Una vendimia de antaño)

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Uvas Vinhao

…Unos días después del equinoccio de otoño.

Las lluvias del otoño han llegado antes de lo esperado y han retrasado las vendimias de la región. Recoger las uvas en medio de la lluvia las arruinaría, pero a pesar del mal tiempo en la villa en donde vivo solo se escucha y se habla de los preparativos para la vendimia.

Cuando observo los tractores viejos que parecen desfilar por las carreteras siento que he retrocedido por lo menos unos cincuenta años en el pasado, mientras saludo a sus conductores que un toque de su dedo índice en sus boinas me contestan. Van cargando enormes y antiguos baldes de madera con los cuales transportarán las uvas de los cultivos a la bodega.

Un campo en riesgo de desvanecerse.

Pero este sensación de alegría que me genera vivir  en un lugar tan pintoresco por lo general va acompañada de una gran inquietud, porque pienso que este campo está en riesgo de desaparecer en unos pocos años. La mayoría de mis vecinos son abuelos, algunos  tienen noventa años y la labor de sostener al campo se ha quedado casi sin herederos.

Muchos de sus hijos partieron de estas tierras hace muchos años huyendo del hambre y de la pobreza. No son pocas las historias que se cuentan acerca de la precariedad y de la escasez, eran tiempos difíciles en donde se repartía una sardina pequeña entre por lo menos tres hermanos, la repartición no era equitativa uno de ellos tendría que conformarse con la cabeza de la sardina que  era una mejor opción a no tener nada que comer.

Hoy aquel pasado ha quedado atrás, la abundancia ha acompañado en los últimos años a estas tierras portuguesas. Aunque las historias del hambre se siguen contando tal vez para que las nuevas generaciones agradezcan y valoren poder tener comida en la mesa.

Los jóvenes que permanecieron en el campo a diferencia de sus ancestros alternan la agricultura con otra clase de negocios, aprendieron a no depender totalmente del campo. Pero temo que cuando los abuelos partan de este mundo ya no se verán las uvas en los pequeños cultivos que alternan con las flores y las coles de los  huertos. No se verá saltar a los conejos ni al astuto zorro en los caminos del bosque. Solo quedará la agricultura industrial del monocultivo y por eso me estremece pensar en el futuro, aunque mis vecinas más optimistas piensan que en algún momento la gente regresará al campo. 

Por un camino del bosque en donde pude ver un zorro.

De coordenadas y señas

Una mañana de los primeros días de octubre una vecina me contó que su familia  tendrían que recoger muchas uvas en el único día que tendríamos tiempo seco. Como me gusta tanto la época de vendimia me ofrecí ayudar a su familia,  así como le ayudé el año pasado a unos abuelos vecinos con su pequeño cultivo. 

A diferencia de otros vendimiantes que se trasladan de un país a otro en tiempos de cosecha y trabajan de sol a sol en extensos cultivos  a mi me gusta vendimiar en la casa de mis vecinos. En cultivos pequeños y familiares, me hace sentir un poco menos extraterrestre en estas tierras, puedo entender mejor sus preocupaciones, estrechar lazos de solidaridad y aprender de su cultura y de sus tradiciones. 

Un día radiante de vendimia

Ese día  de vendimia  el cielo estaba totalmente despejado, el sol era tan radiante y fuerte que lo podía sentir en mi cara mientras caminaba por los estrechos caminos rodeados de paredes de piedra de la aldea. De camino pasé por varios cultivos pequeños en donde todos los miembros de  las familias desde el más chico hasta el más viejo estaban aprovechando el buen tiempo para recoger las uvas. 

Emprender el camino hacia una lugar aquí es casi un acto de fe en la divina providencia, porque en lugar de direcciones te dan señas, en frente de una puerta café pero antes de la casa blanca. No era inusual que me demorara encontrando el sitio, pasé varias veces por el lugar acordado sin encontrarlo hasta que decidí asomarme por un muro de piedra para buscar unas voces conocidas, era mi vecina recogiendo las uvas con toda su familia. Con un saludo efusivo me hicieron señas para que me devolviera y entrará por la puerta del otro camino. 

De vendimia

Al unirme al grupo me sorprendió ver que todas eran mujeres y que  conocía a varias de ellas, lo que no sabía hasta ese momento es que eran toda de la misma  familia. En otra de las hileras del cultivo estaba el grupo de los hombres.  

Los dos grupos avanzaban muy rápido y no era posible reflexionar acerca de tan tradicional división porque podría entorpecer el trabajo de las otras personas y por eso me puse manos a la obra.

Por la experiencia anterior sabía cómo avanzar con el grupo y dejar la uvas en los baldes que se colocan debajo de las parras, las cuales  se disponen en hileras en donde se extiende la vid  hacia uno de los lados, lo cual es diferente a la manera antigua de en tutorar en forma de techo. 

Uvas Loureiro

La conversación en el grupo era animada y aveces se alternaba con el silencio, algunas de ellas habían hechos apuestas acerca de mi edad, elogiaban mi Portugués que por momentos parece avanzar  y me comentaban de los últimas noticias del momento relacionadas con la política. Uno de los momentos de silencio fue interrumpido por el canto de una de ellas, no es raro que la gente cante en el campo especialmente en los tiempos de la cosecha.

Uvas Loureiro

A diferencia de las uvas que recogí el año pasado estas eran verdes, pequeñas y en  racimos apretados, tan llenas de jugo que las mangas de mi camiseta quedaron totalmente mojadas al finalizar la jornada. Eran uvas de la casta Loureiro destinadas a la fabricación de Vino Verde Blanco. Son uvas que solamente se ven en los cultivos una vez al año,  por eso sin timidez me animé a probarlas, estaban tan dulces que seguramente tendrían un gran potencial para convertirse en un vino de excelente calidad.

Un portal al pasado

Al rato nos llamaron para un refrigerio que se dispuso en una mesa de piedra bajo la sombra de unos kiwis. El abuelo de la casa con su boina café presidía la mesa en la cual me sentaron mientras la mujeres traían en bandejas toda clase de manjares como galletas, “petiscos portugueses” (pasabocas) y los hombres servían cerveza, agua, refrescos  y por supuesto vino, Vino Verde de Loureiro de la anterior cosecha. 

Deliciosas uvas Loureiro

Mientras le prestaba mi total  atención al abuelo de la casa cruce en mi mente por un portal al pasado,  me encontraba en algún momento en el tiempo cuando se hacía el vino en esa casa antes de la llegada de los procesos industriales. Era un buen vino, un poco turbio si se compara con el vino actual decía el abuelo.  En el lagar de la casa los hombres de la familia pisaban la uvas en ropa interior dejando solo la cáscara la cual se terminaría de exprimir en una presa antigua que todavía se encontraba en ese lugar con lo cual se hacía el aguardiente.

Vendimiando con una colombiana

El tiempo del refrigerio se terminó y reiniciamos las labores de recolección. Por  una extraña razón o por estar en un trance en el tiempo terminé recogiendo uvas con el grupo de los hombres que me hablaron del vino, de las formas de los cultivos, me enseñaron que uvas valía la pena recoger y cuales eran  mejor dejar en la vid. Ya muchos de ellos sabían que era extranjera y les parecía increíble estar vendimiando con una colombiana.

Una parte de la uvas recolectadas

Como siempre son muchas las preguntas que contestó acerca de mi país, muchas son inspiradas por la popularidad de la series de narcotraficantes, la última película de Penélope Cruz y de Javier Bardem y que en las librerías de la pequeña ciudad más cercana en donde vivo se puede encontrar en la misma vitrina tres diferentes versiones de la vida de Pablo Escobar, escritas por su amante, su esposa y hijo. 

Parece que la historia de Escobar ha eclipsado esta parte del mundo mientras que yo solo tengo malos recuerdos de esos tiempos.

Paciencia en una copa

La jornada terminó y mis vecinos contentos por el fruto de su trabajo y de la generosidad de la naturaleza en esta cosecha me invitaron a un almuerzo de vendimia junto con mi familia. El proceso en el cultivo había terminado pero todavía faltaba todo el proceso de elaboración que tomaría algunos meses. A veces pienso que cuando se sirve vino más que vino es paciencia, paciencia que permite celebrar la vida.

La prensa antigua

 

El consumismo tiene tu número. Segunda parte, “Lo vacío”

Fotografía: Fernando Galindo G.

Por Fernando Galindo Gordillo

Después de haber leído varias novelas y libros de antropología e historia, después de reconocer la belleza de las ciudades en las fotografías y en los documentales, en mis manos descansaba la oportunidad de recorrer Japón. Cuando lo escribo no termino de creerlo, pero fue así, y en las calles de Hiroshima y Kioto debía convertirme en el estudiante que atiende a los templos y a los museos, que quiere comprender los ritmos y la atmósfera que se dan en los lugares mismos donde se desarrolla la cultura. Aprendía, desde luego, pero el consumismo había llamado a mi número, las bolsas llenaban la habitación y, el control del cual me preciaba en otros lugares, incluso aquí en casa, había sufrido un desmayo.

En un abrir y cerrar de ojos pasaba de un extremo a otro en unos cuantos pasos. A un lado el bullicio de los centros comerciales y la ordenada exhibición de maletas y productos de belleza, al otro un templo silencioso, donde las personas aguardan su turno para purificarse las manos en una fuente con un dragón. En una esquina aparece una sofisticada calle con cafés elegantes y edificios portentosos; al interior, entre los caminos escondidos, la puerta de un templo, donde varios budas caminan a la orilla de fuente, entre piedras y pájaros. El desconcierto era normal.

Fotografía: Fernando Galindo G

En medio de esta situación pensé que era fundamental analizar mi relación con las cosas y levantar un tribunal que juzgara mis hábitos como consumidor. Estaba seguro de que las mismas lecturas y el trabajo que había hecho me echarían un mano, también tenía la sospecha de que el mismo Japón, su cultura tradicional, ofrecía una serie de recursos valiosos en este dilema.

Primero, detengámonos un instante a reflexionar: la atracción es inevitable y enciende la llama de la curiosidad (aparece una tienda nueva o estamos en un lugar diferente, nos han recomendado ese sitio); después, cuando nuestra observación ha quedado atrapada durante un buen tiempo, llega el momento definitivo de la compra o la partida y, cuando se ha repetido varias veces este proceso aparece un instante inconfundible: el hastío, las mismas cosas y las mismas vitrinas. Y el péndulo del cual habló Schopenhauer realiza su trabajo: del hastío vamos al deseo (¡hay algo nuevo!) y del deseo al hastío (esto… es lo mismo). De esa manera se forma un hábito que se repite independiente del lugar, a veces parece que lo controlamos porque lo repetimos en los mismos escenarios, sin embargo, cuando nos desplazamos de un lugar o la rueda de los cambios presiona el acelerador, el resorte del deseo se dispara una y otra vez. Y esta situación no es inofensiva, produce un verdadero malestar.

Creo que es fundamental pensar nuestra relación con los objetos. Esta es la primera idea. Dentro de los templos y los jardines, a lo largo de las diferentes ciudades, no se veía la desnudez pura, sino la dinámica entre unos cuantos objetos y el vacío, a la manera de esas pinturas taoístas que tanto influyeron en Japón. Se trata de una meditación cuidadosa en el espacio que se habita, en la pertinencia del objeto que se tiene y en la relación estética que se da entre los dos. Esto exige un trabajo peculiar.

Fotografía: Fernando Galindo Gordillo

En los viejos palacios de los zares allá en San Petersburgo, donde se asoman las fuentes y las interminables galerías de comedores, porcelanas y samovares, existe tanta decoración, son tantos los objetos, que la mirada termina cansándose y el trabajo y el ingenio de miles de personas molesta más de lo que agrada. Cuando Durero vendía sus grabados sus clientes consideraron que el orden de los precios debía obedecer a la cantidad de figuras que aparecía, así los más costosos eran los más llenos, justo los más difícil de observar. La idea del vacío es la clave.

Hoy la facilidad de comprar está al alcance de más y más personas. Nunca en la historia se había producido y se había tenido tanto. Aquí en el blog se encuentran numerosas entradas sobre las razones de estas circunstancias y las consecuencias de esta situación. El acumulador, no me refiero solamente a la caricatura de esa persona, sino a la mayoría que mira con recelo un cajón tan pesado que no desliza bien, vive una relación paradójica con las cosas: después de cierto punto mientras más tiene, menos; y no se trata solo de tener, sino de encontrar y usar, y no solo se trata de usar y encontrar, también de valorar. Y en esta relación el vacío desempeña un papel casi mágico.

Fotografía: Fernando Galindo G.

Mientras arreglaba la maleta, ya no me encontré pensando cuánto espacio vacío debía llenar con mis compras, sino cuanto vacío me hacía falta. Recordé un documental que había visto sobre minimalismo y encontré varias entrevistas y canales de videos. Estaba contento. Pensé que había encontrado una manera de liberarme, pero no tardé en reconocer que el desafío presentaba una complejidad considerable: no estaba lidiando con una premisa que había desmentido, no tenía enfrente una trampa cuya maquinaria había descubierto, se trataba de un hábito y los poderes convencionales del racionamiento no surten el mismo efecto: el fumador es capaz de informarse sobre el cáncer de pulmón mientras enciende su tercer cigarrillo. El consumismo tiene nuestro número, porque con las maneras más escrupulosas han formado un hábito, donde entienden que el precio de mantenerlo latente, de mandar tan rápido como fuera el péndulo, es apretar el acelerador de la novedad a cada instante. Sobre este tema también hay referencias en este blog.

Fotografía: Fernando Galindo G

Como un hada madrina una amiga antes de mi viaje me había regalado “La mente ansiosa” de Judson Brewer. Lo llevé al viaje, lo leí en el vuelo, practiqué algunos ejercicios de meditación y mientras recorría los jardines de piedra del budismo zen, entendí que frente a la cantidad de estímulos que estaba viviendo la meditación no debía ser una actividad esporádica, sino una disciplina diaria. Frente a un mundo saturado de estímulos comerciales no imagino mejor ayuda.  El vacío en nuestro entendimiento también es fundamental, esos momentos, los veinte o quince minutos diarios atendiendo a los ritmos de la respiración, contribuyen a guardar el gobierno de sí. Con la meditación reconocemos en cámara lenta al hábito que buscamos desterrar, lo reconocemos mientras ensambla sus elementos y, al ritmo que lo observamos, sí somos capaces de intervenir.

A pesar de estas reflexiones es importante decir que no podemos sobreestimar nuestras capacidades. La comprensión del vacío, como un elemento material y psicológico en nuestras vidas, es una herramienta fundamental, que permite adquirir más. Sin embargo no es suficiente. La defensa de nuestro libre albedrío necesita una revisión continua de nuestros hábitos, un examen riguroso, ya sea desde la misma comida hasta nuestras fantasías, desde la nutrición del cuerpo hasta el alimento del deseo.  Pareciera una exageración, pareciera que este fuera el momento para hablar de conjuras y pactos, pero no. Hemos sido educados por la saturación de estímulos comerciales, la palabra “educación” no cuenta con la fuerza suficiente: hemos sido –modelados- por esta saturación, mejor así. Cuando decimos –modelados- es claro que entre los distintos eslabones del sistema se busca el comportamiento más conveniente, la adicción. Lo han logrado y de qué manera y a qué costos.

Fotografía Fernando Galindo G.

Después del regreso mi relación con los objetos cambió a lo largo de estos días. Me maravilla el ingenio, el virtuosismo, la creatividad casi ilimitada que se despliega, sé que me gustaran decenas de productos que vea, pero ahora reflexiono con muchísimo cuidado antes de comprar cualquier cosa. Me leí el libro de Marie Kondo, de quien había visto decenas de videos, y me sentí maravillado ante la nueva relación que tenía con mi casa y con las cosas.  Seguí el método al pie de la letra y si bien mis convicciones religiosas son inexistentes, advertí que en la relación con nuestras cosas siempre latirá un animismo: lo sabe el músico con su guitarra, lo sabe el profesor con sus libros, lo sabes los padres con los dibujos de sus hijos. Debí encontrarle otro hogar a muchas cosas que me habían acompañado durante mucho tiempo y no fue sencillo. En este camino la relación con los objetos que me acompañan, la reflexión por el uso que les he dado y por las personas que las hicieron, ha cambiado notablemente, ahora aparece un elemento que la ansiedad y los viejos hábitos impedían ver con frecuencia: la responsabilidad; aparece otro, igual de importante, la gratitud.

Fotografía: Fernando Galindo G

El consumismo tiene tu número. Primer parte “Lo lleno”