Aprendiendo a ser el coach.

Aprendiendo a ser el coach.

Aprendiendo a ser el coach.

Ser madre o padre es el trabajo, lo otro es insignificante si se compara con esta misión. Sin embargo, muchas veces es tan difícil tener el tiempo para serlo, y nuestros hijos terminan criados en el mejor de los casos por las abuelas, o por alguna nana gentil, lamentablemente no todas son con la Nana Mc Phee o como Joe Frost.

Su logros y aciertos serán en gran parte los resultados de que tan buenos fuimos en su entrenamiento, y en haber ejercido la autoridad con amor… ¡Que cosa tan difícil! pero es una tarea que no podemos evitar.

Hace poco leí un libro que me hizo reflexionar profundamente acerca de esto, lo mejor de todo es que no lo esperaba, estaba buscando otra cosa y no una reflexión de vida, pero así fue. El libro se llama Fueras de Serie (Outlier) de Malcom Gladwell.

Me conmovió mucho el Capítulo III, Los Problemas de los Genios, especialmente la historia de Chris Lagan, un hombre que tiene un IQ entre 195 a 200, y que por sus deficiencias en sus habilidades sociales quedó excluido del sistema educativo universitario en los Estados Unidos, “nunca tuvo un padre que le enseñara de camino al médico como hacerse valer con suavidad, cómo razonar y negociar con aquellos en posesión de autoridad. No aprendió que tenía derecho. Aprendió a recelar. Puede que no parezca tan importante, pero esta deficiencia lo mutiló para abrirse camino en el mundo más allá de Bozeman”

Nuestros hijos e hijas aprenden constantemente de nuestro comportamiento especialmente de nuestras reacciones emocionales, del apoyo y herramientas que les brindamos para resolver sus conflictos cuando están creciendo, jugamos un papel crucial, y a veces no nos damos cuenta o estamos muy ocupados para prestar atención y se nos pasan las oportunidades para poder enseñar y a la vez aprender.

La oportunidad aparece cuando llegan llorando a la casa porque se sintieron excluidos y debemos enseñara a revisar la situación y analizarla desde diferentes puntos de vista para que mejoren sus procesos de comunicación con sus amigos, y vuelvan triunfantes y te digan: tenías razón fue solo un mal entendido o cuando tienes que vencer tus miedos de las materias que fueron los cocos para ti en el colegio y en la universidad y les enseñes a revisar las notas injustas con los profesores de una manera gentil pero asertiva.

Si estamos dispuestos a ser los entrenadores de nuestros hijos aprendemos y crecemos de una forma excepcional, es una oportunidad que no debemos dejar pasar.

El secreto de Eli para tener siempre una lechuga crujiente y fresca.

El secreto de Eli para tener siempre una lechuga crujiente y fresca.

El secreto de Eli para tener siempre una lechuga crujiente y fresca.

Aceptémoslo, la lechuga en una ensalada es un clásico, a mí me encanta, y tiene cien variedades para saborear. Lo único malo de la lechuga es que si no sabes almacenarla pronto se te dañará. Pero eso no es un problema con este truco que me enseño Eli, una gran maestra, a quien le agradezco y le dedico este post.

Para esto necesitas una lechuga de buena calidad, un escurridor de verduras, lo que uses para desinfectar (ojala algo natural como: el vinagre, la sal, el limón, …etc.) y un envase que tenga el tamaño adecuado para almacenarla en la nevera.

Paso No1: Lavas muy bien la lechuga, para lo cual puedes usar un poco de vinagre y la dejas reposar unos diez minutos, después la escurres bien y la enjuagas un poco más.

Paso No 2: Este es el paso más complicado; porque debes conseguir un escurridor para verduras, te será muy útil, a mí me pareció innecesario en un principio pero al ver los resultados veo que es una inversión que vale la pena, solo tienes que introducir en la canastilla interna la lechuga y girar y girar la perilla, la lechuga va girando y queda seca pero fresca. Si quieres la dejas escurrir un poco más sin la necesidad de girar la perilla, para que quede seca completamente.

Paso No 2.

Paso No 2.

Paso No3. En un envase de tamaño adecuado, que puede ser de plástico (ojala de los seguros como: PETE 1, HDPE 2, LDPE 4 o PP5), cristal o cerámica, guardas la lechuga y la dejas en tu nevera, en el compartimiento que no quede tan cerca al congelador para que tenga la temperatura adecuada sin llegar a congelarse.

Paso No3

Paso No3

Ahora sí, ¡a saborear en cuanta ensalada te apetezca!
Feliz semana.