La liberación de las canas.

La liberación de las canas.

La liberación de las canas.

A simple vista reflexionar acerca de las canas puede parecer una cuestión banal. Sin embargo, es más que esto, las canas nos invitan a pensar acerca de la vida y la madurez. Aceptarlas y lucirlas es casi una revolución que se oponen a los  patrones de belleza y que nos libera de la pesada carga de la  búsqueda interminable e inoficiosa  de  la eterna juventud, es la revolución gris, plata o salpimienta que redescubre un nuevo y original estilo de vivir.

En mi familia solo recuerdo que mi bisabuela materna se dejó las canas, tenía una larga cabellera entre gris y plata, que peinaba en una moña  adornada con una hermosa peineta, de resto todas las mujeres de mi familia, tanto por el lado paterno como materno, decidieron siempre tinturarse, una veces lucían el negro, otras un color chocolate, cobre, caramelo y castaño,  nunca el gris ni el planta. Religiosamente se tenían que cubrir las canas por lo menos cada quince días. ¡Qué horror verse vieja! ¡Qué horror las canas!

Y el motivo de este desagrado está más que sustentado, las canas por lo general están asociados a la vejez, aunque esto no es del todo cierto debido a que  también son generadas por factores como el estrés y  la genética, pero lamentablemente por la desinformación se asocian más al primero que a los otros,  y a su vez y para tristeza de nuestra sociedad la vejez es casi un sinónimo de deterioro, estupidez e inutilidad.

En este contexto en el cual rendimos un tributo desmedido a la juventud, ¿quién se quiere ver viejo? por regla general nadie. ¿Pero no es algo tonto? en algún momento  seremos viejos, y me pregunto: ¿En qué momento la vejez se convirtió en algo tan despreciable?

En Occidente, tal vez fue después de la segunda guerra mundial cuando se adoptó el look joven, nuevo foco de imitación social, en el cual las personas se quieren ver más a sus contemporáneos que a sus ancestros. “Antes, una hija quería parecerse a su madre. Actualmente sucede lo contrario” (Yves Saint Laurent).

En este principio del look joven todos estamos forzadamente invitados a modelar nuestra propia imagen para encajar en los patrones de belleza, y el cabello es sin duda uno de los principales puntos  a someter al imperativo de la moda y la aceptación social. A esto no se  escapan ni hombres ni mujeres. Sin embargo, la mujeres estamos aún más sometidas a los cánones de belleza y al dictamen de la moda que los hombres, por tal razón es posible hablar de una forma más despreocupada de las canas con los hombres que con las mujeres.

Recuerdo algunas conversaciones acerca de las canas con hombres en las cuales el tema fue hasta divertido, un amigo de mi hermano me contó que a él le comenzaron a salir las canas desde muy joven y con total desparpajo me mencionó que se las cuidaba con un champú especial,  en otra ocasión un amigo cercano  me confesó que se había tinturado el cabello ya que se sentía muy viejo con sus canas, y que quería después de su divorcio volver al mercado de la soltería ya de segunda mano pero luciendo como de primera, lo que me pareció muy simpático.

Hablar con mujeres acerca de las canas es un poco más complejo, primero inicia con un conteo de cuantas canas tienes, o una determinación exacta de los milímetros del crecimiento de las raíces que contrastan con el cabello tinturado. Después de sentirse uno como “despulgado” o” descanado” al mejor estilo chimpancé, y tolerar amablemente temas relativos a la vejez o al descuido y uno que otro consejo de belleza, se cierra la conversación con una confesión de la otra parte y en forma de susurro te cuentan sus mejores secretos en cuanto a: el tinte, los rayitos, reflejos, o la aplicación de henna. Porque tinturarse es algo privado que solo se práctica en la mayor intimidad de tu casa o en un salón de belleza, muchas veces ni siquiera el esposo o el compañero saben que te  tinturas.

Y es que muchas mujeres hasta para conservar su trabajo deben esconder las canas, no son pocas las empresas que tienen entre sus protocolos o códigos de presentación personal la obligatoriedad de pintarse las canas y no dejar que las raíces canosas se vean, tanto es así que en el mundo se han presentado despidos por este tema, y eso fue lo que le pasó a  Sandra Rawline en Estados Unidos que la despidieron por  dejarse las canas.

Me miro al espejo y ya son más de diez las canas que tengo, ni para que las cuento, ¿Me las arranco, me las pinto o las acepto? Tal vez sea esta  una pregunta recurrente en algún momento de la vida de cada mujer, y la respuesta puede ser un desafío a la aceptación social.

La moda, hija  adoptiva y consentida del capitalismo, que dinamiza tanto la oferta como la demanda, en un punto de quiebre se deja seducir por lo opuesto y extraño a su lógica de mercado,  en donde lo natural, lo original, la fuerza interna, la personalidad, el valor y la autoconfianza la eclipsan,  y es en ese  punto en el cual se rompen los patrones de belleza juvenil y se admiten otros, dejarse las canas es un paso más para la  liberación (Going  Grey)  que anima a las mujeres para que abracen su edad y quieran sus canas  con autoconfianza y naturalidad.

No son pocas las mujeres que han atravesado este camino, ejemplo de esto son: Christine Lagarde, Helen Mirren, Dana King, Rosseane Barr, Carmen Dell’Orefic, Annie Lennox, Jasmina Rossi, Sara Davis, Anne Kreamer, Cindy Joseph y otras muchas más, algunas hasta comparten su experiencia de transformación y liberación, pasando de orugas a mariposas.

Me vuelvo a mirar. Y me pregunto: ¿Y si me dejo asombrar por lo que hace la madre naturaleza en mí? ¿Y si acepto quien soy y el momento que vivo con confianza y entusiasmo? … entonces sonrió y avanzo.

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(El siguiente video es una entrevista encantadora que le hacen a Cindy Josep, la cual me parece interesante para completar este post)

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