Campesinos con Wifi ( Parte 3: Bendita Vendimia)

Un paseo por las nubes, en el Minho

Entre el equinoccio de otoño y antes de las las primeras lluvias de octubre es tiempo de recoger las uvas, es la época de la vendimia y me he hecho invitar a esta fiesta.  

Un paseo por las nubes, bajo el sol del Minho

La mañana se ha vestido de nubes y el sol aún no ha salido. Con el tiempo me he acostumbrado a que el sol en estas latitudes no tenga un horario fijo para salir. Sin embargo, en el horizonte despuntan sus primeros rayos y yo lo espero recostado en un muro centenario de piedras, que pertenece a una  casona antigua de campo abandonada por sus dueños pero acogida por la naturaleza. A lo lejos escucho el graznar de cuatro cuervos que se balancean sobre una cuerda del alumbrado, al parecer ellos también esperan la salida del sol.

Esperando al sol en el Minho

Las nubes comienzan a  despejar el horizonte para que el astro rey haga su aparición con total esplendor. Recuerdo un par de las tantas películas románticas con las cuales intoxiqué mi mente en mi juventud. Un paseo por las nubes es la  primera, todavía no entiendo como Aitana usaba un vestido blanco de verano con flores estampadas y zapatos de tacón para recoger uvas entre los cultivos. Mi estilo según mi opinión es un poco más apropiado: un pantalón viejo, botas de jardín, un buzo de manga largo para cubrirme del sol, pero no tiene ni un ápice de estilo a no ser por mi sombrero de paja.

Parte de mi atuendo

Miro mi reloj y me doy cuenta que ya es momento de emprender el camino  hacia el lugar del encuentro, mientras en mi cara se dibuja una leve sonrisa al pensar que he pasado de “burócrata perfecta” a una “campesina amateur imperfecta” en un solo paso. La vida tiene puertas inesperadas y a veces se requiere de valentía y un poco de insensatez para poderlas cruzar. Vivir en el campo en un país diferente al mío fue una idea muy loca para muchos, tan loca como la Frances, en la película Bajo el Sol de Toscana, al comprar una casa en un país diferente al suyo para albergar una familia que ni siquiera tenía.

El Minho, la región en donde vivo actualmente  es tan diferente a Bogotá, es un sitio en donde la gente está tan apegada a sus  costumbres, a la historia y a la tradición, que se resisten a sucumbir a estos tiempos Hipermodernos.

A recoger uvas, que es tiempo de Vendimia

Vides en líneas

El esposo de mi vecina se sorprende al verme llegar, para él o como para otros vecinos soy la señora extranjera que pasea temprano en la mañana con un perro,  por lo general los perros aquí permanecen encerrados o se pasean solos por la aldea. A lo lejos su esposa le grita en un estilo muy Minhota que me dejé pasar, mientras lo dice se le ve una sonrisa que alcanzó a ver desde la distancia,  la ayuda en tiempos de vendimia siempre es bienvenida.

Sin mucha demora me uno al grupo de vecinos que se reúnen para  recoger las uvas en el pequeño cultivo de mi vecina. Me explican rápidamente la técnica que consiste en cortar todos los racimos de las uvas con tijeras y  después depositarlas en un balde que se deja debajo de la parra a la cual se le recogen los frutos. Se avanza por líneas de cultivo y de cada lado una o más personas recogen los frutos.

Entre vid y vid contestó las preguntas de rigor de algunos vecinos. Logró llevar el ritmo de la conversación en mi Portugués que parece avanzar un poco más, de alguna manera últimamente he podido reproducir los sonidos nasales y guturales que al principio me parecían imposibles de pronunciar. En la jornada se hablan  de todos los temas, desde los más bucólicos posibles como lo nidos de las golondrinas hasta las últimas noticias del momento. También ilustró a mis vecinos acerca de los diferentes países que conforman Latinoamérica, a la distancia parece que Venezuela y Colombia siguen siendo parte de la Nueva Granada; casi siempre me preguntan por el presidente Maduro y piensan que he huido del régimen Castro Chavista cuando soy una colombiana.

Mi vecina me invita a probar las uvas, las cuales he visto crecer al pasar todos los días por su cultivo,  ante mis ojos las he visto cambiar de color, de verde a un casi negro. Sin dudarlo me llevo una a la boca, su sabor es tan diferentes a las uvas que he probado antes y su dulzura se encuentra en su punto máximo, es una uva destinada a ser vino.  

El vino  es parte de la historia y de la identidad viva de Portugal, por todas partes crecen vides y es difícil decir cuál es el mejor vino sin ofender los orgullos regionales. Saber de vinos así como de historia en este país es casi un deber pero también es una fascinación. En el último año he probado gracias al entusiasmo de mi esposo, catador aficionado, más vinos que en todos mis años de vida juntos. Cada vino y lugar en donde se cultivan ya sea en viñedos particulares, cooperativas, pequeños palacetes (“Solares”) o monasterios se esconden muchas historias.

Pálacio de Brejoeira, lugar que visité con mi familia, y donde fabrican vinos.

En la región en donde vivo se producen unos vinos menos conocidos en el ambiente comercial internacional (por lo menos a nivel de América), pero no por eso menos importantes al conocimiento de los expertos y son los Vinos Verdes (“Vinho Verde”). Vinos que se producen en la región del norte del país,  éstos puede ser tanto tintos, blancos como rosados; tienen unas características únicas por su forma de cultivo y por el uso de cepas autóctonas portuguesas, se consumen cuando están jóvenes y se distinguen por su sabor fresco que dan una sensación de picor en la boca.

Foto que tome en la cava antigua del “Pálacio de Brejoira en donde hacen Vinho Verde

Para la producción de vino verde blanco se usan las cepas de vides: Alvarinho, Aveso, Azal, Loureiro, Tajad y Arinto, para los tintos: Padeiro, Vinhao, Amaral, Rabo-de-Anho y Alvarelhao y para los rosados Padeira. Las uvas que recogimos en la casa de mi vecina se destinarán para la producción de vino  tinto para el consumo familiar.

Percibo que existe un cierto orgullo de tener su propia producción de vino entre mis vecinos. De hecho mi esposo añora una producción propia, tal vez  éste pueda ser un proyecto para los años futuros, posiblemente una muy pequeña, todavía requerimos de un mayor conocimiento y experiencia. Tampoco estoy segura de destilar el vino en casa, los vapores de la fermentación son muy fuertes, después de la vendimia muchos sitios de la aldea en donde vivo se puede sentir el fuerte olor del proceso y de no tener sitios bien ventilados se puede correr el riesgo de intoxicación.

Y no sea si se viable una producción  tan pequeña  debido a que se puede comprar vinos de excelentes calidad desde tres a cinco euros, así como se pueden encontrar guías de los vinos de menos de 10 euros realizadas por catadores expertos para los entusiastas que no quieren gastar una fortuna en conocer y probar una amplia variedad de vinos.

La cosecha de este año al parecer ha sido buena y el sabor de las uvas inmejorable. A pesar de que ésta  no es mi cosecha me siento agradecida por los resultados. La naturaleza y el trabajo de mis vecinos a rendido sus frutos y el resultado es maravilloso. De la uva se pasará al vino, el regalo de  Dionisio con el cual se celebrará la vida, el amor, la paz y hasta la locura.

Las uvas que recogimos en el cultivo de mi vecina. Bendita Vendimia

El tiempo ha pasado muy rápido y hemos recogido todas las uvas, las cuales deben ser procesado rápidamente. Un hermano de mi vecina llega a recogerlas casi de inmediato para procesarlas a través de métodos modernos en tanques de acero inoxidable. No danzaremos encima de las uvas, en ese momento entiendo que mi atuendo sería totalmente inapropiado para esta práctica que actualmente solo se realiza para turistas, el atuendo de Aitana sería más apropiado.

Mi vecina nos llama, la vendimia todavía no ha acabado nos queda la celebración. En una mesa se ofrece a los vendimiantes: pan de maíz (pão de milho), queso de  la sierra de “Estrela”, chorizo hecho en casa, jamones, cerveza y por supuesto vino.

Dedico esta entrada a mi esposo que tiene una gran fascinación por la historia y por los vinos.