Una Invitación para creer y crear en Navidad

Tal vez el título de esta entrada se puede confundir con temas de New Age y el Poder del Secreto, pero a pesar de que no es el caso tengo que admitir que actualmente la mayoría de los seres humanos no creemos que podemos crear. Nuestro poder creador está adormecido por las facilidad y la conveniencia, hasta las cosas más sencillas las compramos y ojalá bien baratas, creyendo de forma inocente que pagamos con descuento, cuando en realidad la cuenta ambiental y social hace tiempo la tenemos en nuestras manos y la deuda con intereses pasará lamentablemente a las generaciones futuras.

Se nos olvidó que existe magia al crear. Cuando creamos nos abstraemos de los estímulos mundanos, nos concentramos, nos adentramos en nosotros mismos y recordamos que somos capaces de hacer. A veces nos decepcionamos un poco; las cosas eran mejores en nuestra imaginación, pera a través del ensayo y del error el resultado puede mejorar y nos podemos deleitar con lo que creamos, porque es único y es especial, lo hicimos nosotros o algún ser querido que se tomó el tiempo y el trabajo para hacer algo para nosotros.

Una estrella de origami y de fondo la carta para el Niño Dios

Hace  poco más de un año me mudé a otro país y en el proceso dejé casi todas mis cosas. Entre las pocas cosas que guardé para mí se encuentran unas  que hicieron mis seres queridos en algún momento, entre éstas guardé tres estrellas de origami que hizo mi mamá quien falleció hace varios años, las cuales este año se encuentran en el árbol que hicimos con mi hija para la pasada Navidad. No es árbol más frondoso ni el más adorado, su historia no comienza Made in China  (Made PRC)  comienza con una rama de una poda de jardín y que invitamos para que fuera nuestro árbol.

Las coronas de Navidad compradas no se comparan con la experiencia de hacer tu propia corona. El año pasado con unas  podas de olivo hice el armazón de una corona y  la decoré con unas ramas que se cayeron por causa de una tempestad, este año la adorne con unas ramas de pino y de otras plantas del jardín.

 

Al principio no sabes con certeza cómo será tu creación simplemente le vas encontrado la forma y te tomas el tiempo para hacerlo, no tiene que ser algo inmenso o pretencioso para ser bello.

A través del crear he desempolvado habilidades adormecidas como:  dibujar, construir, cocinar, fabricar, artes manuales y hasta pienso que puedo volver a  componer versos y poemas como cuando era niña. Porque crear no se restringe al mundo de las cosas materiales, crear es mucho más. Hasta se puede crear de forma compartida ya sea una canción o una pieza de teatro en familia, hacer de la época Navideña un tiempo memorable y no solo un estado de frenesí por comprar y endeudarse.

Seguramente no crearé todo lo que necesite, no somos islas aisladas e independientes,  pero crear siempre será una invitación irresistible para recordar que somos seres humanos y no solo consumidores con deudas. Es la cura perfecta para la dispersión y la falta de atención que nos provoca tanta tecnología y el ritmo frenético de estos tiempos hipermodernoses la clave para no dejarnos engañar de las tretas del mercado, es  el llamado quedo y persistente que hace la creatividad de nuestros ancestros.

Cuando se crea especialmente con consciencia las cosas tienen un valor, los contenedores del reciclaje se miran como recursos potenciales. Las ramas caídas de los árboles, las hojas secas, las podas de jardín te invitan para que recrees formas con ellas. El viento te sopla poemas al oído, las estrellas te invitan a reflexionar, la luna te inspira historias y la vida misma te invita a que crees y te recrees en ella.

Por eso en esta Navidad te invito a que creas que puedes crear.

El pesebre que hizo mi hija el año pasado cada vez más bonito

Campesinos con Wifi ( Parte 4. La Invitación del Otoño)

Castaño al terminar el otoño

Me siento todavía como una árbol tropical que no se ha adaptado a las estaciones y que se rehúsa a dejar caer sus hojas pensando que al hacerlo sería su fin. Un lucha interna se debate hace un tiempo en mi cabeza.

En mi mente mi pasado confronta mi presente, la burócrata perfecta confronta a la campesina amateur, algo de lo que fui no está del todo conforme con los cambios. Largos debates he tenido con la burócrata, que sigue apegada a los esquemas tradicionales del sistema social y económico. El plan no fue del todo perfecto, tenía sus sacrificios, tenía también sus riesgos, lo sé, pero fue el mejor. Vivir cerca de la naturaleza ha sido el anhelo de mi corazón, ha sido especialmente el anhelo del corazón de la niña que todavía vive en mí.

Sombras de árboles desnudos

Lejos de lo que fui y de lo que construí, lejos de lo que creí he dejado mis referencias tanto  familiares, de amistades, lugares y trabajos que me definieron. Ahora quién soy sin ésto, me pregunto. Ahora tal vez soy solo yo, la niña, la que vivió arrinconada por mucho tiempo en el más oscuro rincón como una semilla esperando paciente el momento para germinar, crecer y ser. Tal vez un poco tarde pero todavía no tanto.

 

Observando cómo se transforma la naturaleza a mi alrededor, me siento invitada a liberarme de lo que ya no necesito, así como hacen los árboles cuando se desprenden de sus hojas, algunas caen con suavidad al piso y otras son arrebatadas por el viento y la lluvia. Que el  otoño se lleven lo que fui, para poder seguir transformándome en este jardín, no sin antes agradecer lo que aprendí y viví.

Suelto mis hojas, suelto mi cargas, suelto lo que ha de morir en mí, suelto como aquel que hace un salto de fe sin saber con certeza lo que pasará, suelto para adentrarme en la oscuridad del invierno  y así… tal vez renacer.

¿En este momento que quieres soltar de tu corazón y de tu vida?