Una Huerta con Residuos de Cocina.

Unas papas y ajos de mi alacena que quieren ser sembradas.

En tu despensa se esconde una gran riqueza que quiere germinar si le das la oportunidad. Solo tienes que hacer algunas cosas  simples como dejar un tallo en agua y esperar un poco, de repente como por arte de magia la vida y hasta  la abundancia se presentaran ante tus ojos. ¿Te cuento cómo?

Muchas de las partes que cortas de los vegetales que hasta este momento pensaste que eran basura no lo son, esos “ desechos” son los iniciadores de tu futura huerta que puedes realizar hasta en  una maceta.

Parte de mi huerta está conformado por “residuos” de la cocina. A través de esta entrada al Blog te contaré mi experiencia así como las necesidades  de espacio,  luz y hasta temperatura de tu futura huerta con residuos.

Rebrotes 

Apio: tal vez este es uno de los rebrotes más fáciles de hacer y con el que por lo general he tenido casi siempre éxito.  Para hacerlo solo le tienes que cortarle la base al Apio y la dejas en agua en un lugar de tu casa más o menos soleado. Esta es un planta que se cultiva en invierno/otoño pero si vives en el trópico un lugar fresco y con algo de sol será el espacio ideal . Es importante que le cambies el agua por lo menos día de por medio, ésta solo debe cubrir ligeramente la parte inferior de la base.

En algunos días verás que le saldrán raíces, posteriormente los tallos de su base se alargarán y hasta le saldrán las hojas. Cuando veas que tiene varios hojitas y la planta esté fuerte ese es  el momento de sembrarla en la tierra, lo cual puedes hacer en un maceta de unos 20 a 50 centímetros. Son buenas vecinas de casi todos los cultivos.

Para cosecharla deberás esperar hasta que la planta se desarrolle, es decir  casi noventa días después de  su siembra, posteriormente puedes ir  cortando los tallos  según tu necesidad. Las hojas de esta planta  también son comestibles.

Puerro: Es igual que el procedimiento del apio. Cuando ya veas crecer el tallo la puedes sembrar en un lugar fresco semisoleado en una maceta de unos 15 centímetros de profundidad. Este es un cultivo de finales de invierno/ principios de primavera.

Este puerro que está creciendo haces unas semanas era parte de mi nevera.

Lechuga: Es el mismo procedimiento anterior, es importante tener cuidado para que no se pudra en el proceso. Necesitarás una maceta de uno 15 a 20 centímetros. Una lechuga esta lista en unos treinta días, en ese momento puedes cortar las hojas desde su base y seguir recolectando de  la misma planta dos cosechas más, en la siguiente dejas que la planta se desarrolle hasta su floración que es cuando comienzan alargarse, en ese momento tu planta tendrá un sabor amargo pero pronto podrás recoger hasta las semillas si algún polinizador afortunado la visita.

En esta foto puedes ver unos rebrotes de jengibre, lechuga y algunos esquejes.

Por lo general son buenas vecinas de otros cultivos menos de los repollos, necesitan espacios semisoleados y se pueden cultivar en climas fríos.

Bulbos: 

Ajos: Desde que vivo en el campo he notado que los dientes de  ajo que uso en la cocina cuando se acerca la primavera quieren ser sembrado porque les comienzan a salir una puntas alargadas verdes, escojo los más gorditos y los siembro con la base hacia el suelo. A veces uso el mismo procedimiento anterior y veo como de su base salen las raíces.

Los ajos son un cultivo de invierno/inicios de primavera, un lugar fresco y semisoleado les sentarán de maravilla. Para sembrarlos solo necesitas una maceta de uno 15 a 20 centímetros de profundidad. No son buenos vecinos de las alverjas ni de los frijoles.

Este ajo era parte de mi despensa y ahora está creciendo en la huerta.

Los ajos se cosechan  casi unos siete meses después de su siembra, cuando la planta se marchita y se seca completamente es el momento de sacar los ajos, los debes dejar secar al sol antes de guardarlos por lo menos por un día entero, después los guardas en lugar oscuro y ventilado en tu alacena.

Tubérculos 

Papas/Camotes y otros:  las papas que he sembrado en mi jardín todas han venido de mi cocina, por lo general voy guardado la papas a las que les crecen raíces y a finales de invierno / inicios de primavera las siembro. Las plantas crecen con una velocidad impresionante, cuando se marchitan y desaparecen es el momento de cavar para buscar el gran tesoro. A mi me encanta desenterrarlo.

Las papas las puedes sembrar también en casa solo necesitas una maceta de unos 50 centímetros de profundidad, seguramente no podrás sembrar muchas plantas pero te podras divertir mucho cuando llegue la cosecha. Este es un cultivo también  de época fría. 

Te cuento que no he tenido mucho éxito con rebrotes de zanahoria ni con los de remolacha pero otras personas si lo han logrado, todo es cuestión de experimentar.

En este  momento estoy intentando con jengibre y  dos lechugas que compré porque las que tengo en la huerta  ya les recogí su primera cosecha y otras  están muy pequeñas.

Esquejes: puedes tener toda una planta nueva realizando un corte  de una rama de unos 15 centímetros con  unas tijeras bien afiladas, le quitas las hojas de la parte inferior y la dejas en agua con el mismo procedimiento del apio.

Puedes sacar esquejes de albahaca, romero, lavanda, rosas entre otros. Un esqueje que puedes practicar en casa es el de la albahaca.

Albahaca: esta es una planta que necesita sol y un clima templado, por eso si compras en un  supermercado un manojo de esta planta es mejor dejarla afuera de la nevera en un vaso con agua y vas usando lo que necesites, si dejas unas ramas por unos 15 días en agua podrás ver que le salen raíces. La albahaca es una planta anual y necesitas una maceta de unos 15 a 20 centímetros.

Germinados: esta es una forma de cultivar y usar los vegetales en su etapa inicial. Se pueden hacer germinados de diferentes semillas ( las cuales deben ser biológicas) y también se pueden hacer de granos que tengas en tu alacena. A mi me gusta la técnica a través de un colador más que con un frasco de vidrio.

Lentejas: dejas las lentejas en agua de un día para otro, posteriormente la escurres y las dejas en un colador al sol, las vas regando con un atomizador o con un poco de agua todos los días, en un pocos días germinaran y podrás usarlas en ensaladas, sándwiches o salteados.

Seguramente necesitaras algun abono para tu plantas, si tienes espacio puedes hacer una compostera y si no lo tienes podrás hacer compost para quienes no pueden hacer compost (ver entrada).

¿Tienes otra técnica que me quieras compartir?

Campesinos con Wifi (8. Una vendimia de antaño)

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Uvas Vinhao

…Unos días después del equinoccio de otoño.

Las lluvias del otoño han llegado antes de lo esperado y han retrasado las vendimias de la región. Recoger las uvas en medio de la lluvia las arruinaría, pero a pesar del mal tiempo en la villa en donde vivo solo se escucha y se habla de los preparativos para la vendimia.

Cuando observo los tractores viejos que parecen desfilar por las carreteras siento que he retrocedido por lo menos unos cincuenta años en el pasado, mientras saludo a sus conductores que un toque de su dedo índice en sus boinas me contestan. Van cargando enormes y antiguos baldes de madera con los cuales transportarán las uvas de los cultivos a la bodega.

Un campo en riesgo de desvanecerse.

Pero este sensación de alegría que me genera vivir  en un lugar tan pintoresco por lo general va acompañada de una gran inquietud, porque pienso que este campo está en riesgo de desaparecer en unos pocos años. La mayoría de mis vecinos son abuelos, algunos  tienen noventa años y la labor de sostener al campo se ha quedado casi sin herederos.

Muchos de sus hijos partieron de estas tierras hace muchos años huyendo del hambre y de la pobreza. No son pocas las historias que se cuentan acerca de la precariedad y de la escasez, eran tiempos difíciles en donde se repartía una sardina pequeña entre por lo menos tres hermanos, la repartición no era equitativa uno de ellos tendría que conformarse con la cabeza de la sardina que  era una mejor opción a no tener nada que comer.

Hoy aquel pasado ha quedado atrás, la abundancia ha acompañado en los últimos años a estas tierras portuguesas. Aunque las historias del hambre se siguen contando tal vez para que las nuevas generaciones agradezcan y valoren poder tener comida en la mesa.

Los jóvenes que permanecieron en el campo a diferencia de sus ancestros alternan la agricultura con otra clase de negocios, aprendieron a no depender totalmente del campo. Pero temo que cuando los abuelos partan de este mundo ya no se verán las uvas en los pequeños cultivos que alternan con las flores y las coles de los  huertos. No se verá saltar a los conejos ni al astuto zorro en los caminos del bosque. Solo quedará la agricultura industrial del monocultivo y por eso me estremece pensar en el futuro, aunque mis vecinas más optimistas piensan que en algún momento la gente regresará al campo. 

Por un camino del bosque en donde pude ver un zorro.

De coordenadas y señas

Una mañana de los primeros días de octubre una vecina me contó que su familia  tendrían que recoger muchas uvas en el único día que tendríamos tiempo seco. Como me gusta tanto la época de vendimia me ofrecí ayudar a su familia,  así como le ayudé el año pasado a unos abuelos vecinos con su pequeño cultivo. 

A diferencia de otros vendimiantes que se trasladan de un país a otro en tiempos de cosecha y trabajan de sol a sol en extensos cultivos  a mi me gusta vendimiar en la casa de mis vecinos. En cultivos pequeños y familiares, me hace sentir un poco menos extraterrestre en estas tierras, puedo entender mejor sus preocupaciones, estrechar lazos de solidaridad y aprender de su cultura y de sus tradiciones. 

Un día radiante de vendimia

Ese día  de vendimia  el cielo estaba totalmente despejado, el sol era tan radiante y fuerte que lo podía sentir en mi cara mientras caminaba por los estrechos caminos rodeados de paredes de piedra de la aldea. De camino pasé por varios cultivos pequeños en donde todos los miembros de  las familias desde el más chico hasta el más viejo estaban aprovechando el buen tiempo para recoger las uvas. 

Emprender el camino hacia una lugar aquí es casi un acto de fe en la divina providencia, porque en lugar de direcciones te dan señas, en frente de una puerta café pero antes de la casa blanca. No era inusual que me demorara encontrando el sitio, pasé varias veces por el lugar acordado sin encontrarlo hasta que decidí asomarme por un muro de piedra para buscar unas voces conocidas, era mi vecina recogiendo las uvas con toda su familia. Con un saludo efusivo me hicieron señas para que me devolviera y entrará por la puerta del otro camino. 

De vendimia

Al unirme al grupo me sorprendió ver que todas eran mujeres y que  conocía a varias de ellas, lo que no sabía hasta ese momento es que eran toda de la misma  familia. En otra de las hileras del cultivo estaba el grupo de los hombres.  

Los dos grupos avanzaban muy rápido y no era posible reflexionar acerca de tan tradicional división porque podría entorpecer el trabajo de las otras personas y por eso me puse manos a la obra.

Por la experiencia anterior sabía cómo avanzar con el grupo y dejar la uvas en los baldes que se colocan debajo de las parras, las cuales  se disponen en hileras en donde se extiende la vid  hacia uno de los lados, lo cual es diferente a la manera antigua de en tutorar en forma de techo. 

Uvas Loureiro

La conversación en el grupo era animada y aveces se alternaba con el silencio, algunas de ellas habían hechos apuestas acerca de mi edad, elogiaban mi Portugués que por momentos parece avanzar  y me comentaban de los últimas noticias del momento relacionadas con la política. Uno de los momentos de silencio fue interrumpido por el canto de una de ellas, no es raro que la gente cante en el campo especialmente en los tiempos de la cosecha.

Uvas Loureiro

A diferencia de las uvas que recogí el año pasado estas eran verdes, pequeñas y en  racimos apretados, tan llenas de jugo que las mangas de mi camiseta quedaron totalmente mojadas al finalizar la jornada. Eran uvas de la casta Loureiro destinadas a la fabricación de Vino Verde Blanco. Son uvas que solamente se ven en los cultivos una vez al año,  por eso sin timidez me animé a probarlas, estaban tan dulces que seguramente tendrían un gran potencial para convertirse en un vino de excelente calidad.

Un portal al pasado

Al rato nos llamaron para un refrigerio que se dispuso en una mesa de piedra bajo la sombra de unos kiwis. El abuelo de la casa con su boina café presidía la mesa en la cual me sentaron mientras la mujeres traían en bandejas toda clase de manjares como galletas, “petiscos portugueses” (pasabocas) y los hombres servían cerveza, agua, refrescos  y por supuesto vino, Vino Verde de Loureiro de la anterior cosecha. 

Deliciosas uvas Loureiro

Mientras le prestaba mi total  atención al abuelo de la casa cruce en mi mente por un portal al pasado,  me encontraba en algún momento en el tiempo cuando se hacía el vino en esa casa antes de la llegada de los procesos industriales. Era un buen vino, un poco turbio si se compara con el vino actual decía el abuelo.  En el lagar de la casa los hombres de la familia pisaban la uvas en ropa interior dejando solo la cáscara la cual se terminaría de exprimir en una presa antigua que todavía se encontraba en ese lugar con lo cual se hacía el aguardiente.

Vendimiando con una colombiana

El tiempo del refrigerio se terminó y reiniciamos las labores de recolección. Por  una extraña razón o por estar en un trance en el tiempo terminé recogiendo uvas con el grupo de los hombres que me hablaron del vino, de las formas de los cultivos, me enseñaron que uvas valía la pena recoger y cuales eran  mejor dejar en la vid. Ya muchos de ellos sabían que era extranjera y les parecía increíble estar vendimiando con una colombiana.

Una parte de la uvas recolectadas

Como siempre son muchas las preguntas que contestó acerca de mi país, muchas son inspiradas por la popularidad de la series de narcotraficantes, la última película de Penélope Cruz y de Javier Bardem y que en las librerías de la pequeña ciudad más cercana en donde vivo se puede encontrar en la misma vitrina tres diferentes versiones de la vida de Pablo Escobar, escritas por su amante, su esposa y hijo. 

Parece que la historia de Escobar ha eclipsado esta parte del mundo mientras que yo solo tengo malos recuerdos de esos tiempos.

Paciencia en una copa

La jornada terminó y mis vecinos contentos por el fruto de su trabajo y de la generosidad de la naturaleza en esta cosecha me invitaron a un almuerzo de vendimia junto con mi familia. El proceso en el cultivo había terminado pero todavía faltaba todo el proceso de elaboración que tomaría algunos meses. A veces pienso que cuando se sirve vino más que vino es paciencia, paciencia que permite celebrar la vida.

La prensa antigua

 

Campesinos con Wifi (7. ¡Fuera de Control!)

 

Parte de mi pila de compost

Mi esposo cada vez que se asoma al jardín dice que todo está fuera de control y tiene toda la razón.Los tomates se han resembrado solos, la espinaca de Nueva Zelanda se adjudicó una de las camas de vegetales, los pulgones se apropiaron de las habas, las babosas y caracoles se comieron las alcachofas, las lombrices se apoderaron de mis dos composteras. El cilantro crece en donde se le da la gana y los Cosmos han decidido aparecer y reaparecer cuando le conviene.

En los últimos dos años he recibido varias demandas de diferentes criaturas en la entrada de mi casa: un sapo gigante vino y no despintó su cara  de la puerta en toda una noche, una salamandra me hizo huelga durante dos días, una mantis religiosa me hizo un protesta silenciosa, una pequeña rana durmió todo un día en la puerta.

Una salamandra en protesta por algo

Las avispas insisten en hacer sus nidos en los mismo lugares en que los hicieron el año pasado aunque les ponga obstáculos. Los pinos pasaron de un corte militar a un estilo trasquilado. Mientras que los topos han creado una infinidad de túneles sospechosos que sobresalen  entre la maleza y los vestigios del pasto. ¿Estaran fraguando alguna conspiración?

Las avispas insisten en hacer su nidos en los lugares en donde acostumbran

Soy el hazmerreír de los pájaros, que se han burlado de cuanto espantapájaros he creado. Tienen la osadía de pararse encima de mis creación en las cuales reposan sin el menor sobresalto y se han  tragado todos los pequeños vegetales recién sembrados.

La mala hierba ahora parece la cobertura del jardín y de aquel perfecto pasto que heredamos solo quedan los recuerdos. La pila del compost es gigantesca y carece de cualquier estética, mientras mis vecinos lucen campos muy limpios a punta de quemas.

¿Quién dirige este jardín- huerta? Los vegetales no están respetando la rotación de cultivos que leí en los innumerables libros de horticultura en la biblioteca y que he tratado de imponerles. Los pájaros me han traído otras semillas de otras partes, ahora tengo una Physalis Peruviana (Uchuva) creciendo en mi jardín, así como una Couve Portuguesa. Mientras que una milenaria Cola de Caballo ha crecido como por arte de magia. Todo es un desorden, nadie respeta nada.

Cosmos

Me siento apenada cada vez que alguien viene a mi jardín, todo es un caos. Entre la maleza y los innumerables huecos que he cavado los vegetales crecen. Muchos de los visitantes parecen tan ilustrados en tema me dicen: cómo debo cortar los árboles, como debo podar los pinos, cómo no debo sembrar ciertos vegetales, cómo debo deshacerme de la mala hierba, cómo debo acabar con los topos, cómo no debo dejar comer a los pájaros la siembra, cómo debo exterminar las babosas y cómo debo quemar los nidos de las avispas.

Yo me declaro incapaz. He dejado que las avispas hagan sus nidos en donde quieran y en lugar de eso aviso a los visitantes a no estar cerca de ellas para que no las molesten, que los tomates, el cilantro, la espinaca de Nueva Zelanda se resiembren en donde  les apetezca, que los topos conspiren, que lo pájaros coman, que el Cosmos y la Cola de Caballo aparezcan cuando les convenga y que la lombrices se apoderen de las composteras. Todos hacen lo que quieren,… o tal vez  todos hacen lo que tienen que hacer,… no lo sé.

Ya no deseo llevar a nadie más de tour por el jardín, ya sé lo que me van a decir. Cómo una niña regañada recibo todos los consejos y observaciones en el más abnegado estado. Mientras que hacemos el recorrido me animo a llenarlos de ramas de romero, de limones o de manzanas, de unos higos que han polinizados las avispas, de alguna hortalizas en el jardín. Inexplicablemente todas están tan buenas, todas son tan perfectas hasta las imperfectas.

Francamente no  entiendo como cosecha alguna abundancia en este caos y en mi incapacidad. Pero extrañamente  también cosecho asombro, gozo y una inexplicable alegría.

En una foto con el compost que saqué de la enorme pila

 

Campesinos con Wifi ( 6. “Dig on for the Victory” )

 

Levantar aquel césped del jardín parecía una tarea titánica. Especialmente si eres una chica citadina que nunca ha tenido entre sus manos una pala o un azadón. Me costaba tanto empezar. La estigmatización de las labores del campo hacían un gran eco en mi cabeza, quería los resultados pero no hacer el trabajo.

Por varios días pensé que sería mejor iniciar una huerta sin cavar y que para poder empezar necesitaba camas de maderas y otros suministros. En otras oportunidades  el mal tiempo fue la excusa perfecta para no iniciar. Mientras me debatía entre el mal tiempo y las posibles técnicas de cultivo mis vecinos simplemente cultivaban como habían hecho sus ancestros.

Unos días antes de la pasada primavera  dejé las excusas, los prejuicios, los pretextos, mi sentimiento de incompetencia, mi sensación de fragilidad y cavé…

Las primeras azadas parecían rebotar en el césped el cual no cedía. Tomé  la pala y enterré su filo hasta encontrar tierra. En mi mente volví a ese primer momento en la vida de cualquier infante que se maravilla jugando con la tierra, antes de que le digan que la tierra es sucia.

Ayudante gatuna

Ví varias lombrices de tierra, una cigarra y otros insectos.  El césped cedió y descubrí un lienzo negro maravilloso y lleno de vida en donde podía sembrar la anhelada huerta. También encontré algunos tesoros como un pedazo de un azulejo y una cuchara antigua, los cuales aún hoy guardo.

 

Ayudante perruna.

 

Sin embargo, el trabajo fue intenso, fueron muchas las secciones para levantar una parte del césped. En las cuales  recordaba una fotografía de un afiche de la campaña:” Dig on for the Victory”, la cual encontré en el primer libro de horticultura que leí, con la que  promocionaron la agricultura en: parques, canchas de fútbol y en cualquier espacio disponible durante la primera y la segunda guerra mundial en Inglaterra.

 

Si tan solo me hubiera percatado que aquel dibujo tenía un tridente y no un azadón o una pala redonda que era lo que yo en ese momento usaba, el trabajo hubiera sido menor.

Casi al finalizar mi trabajo de excavación mi esposo se animó a interrumpir sus labores  para mejorar la simetría del hueco que había hecho en el jardín. Mi esposo y mi hija nos son  grandes fanáticos del jardín pero ayudan con varias de las labores que éste demanda, las cuales no son pocas.

Con el transcurrir de este año he observado como mis vecinos usan ciertos adminículos totalmente desconocidos para mí, con los cuales quitan las hierbas y el pasto de una manera muy eficiente. Al parecer aterricé en otro planeta en el cual soy una analfabeta en estos menesteres del campo.

Así se veía la huerta en junio de 2017

Pero a pesar de mi incompetencia y falta de información sembré una pequeña huerta, en la cual cultivé el año pasado: girasoles que hicieron la delicia de los pájaros, tomates cherry que se dieron hasta noviembre,  kale que todavía sigue creciendo y dando hojas después de una año (creo que uno de los cultivos más fáciles y resistente que he visto hasta el momento), lechugas que llegaron a un  tamaño descomunal, zucchinis que se produjeron de forma incesante y más que abundante durante todo el verano, zanahorias que salieron bailarinas, entre otros muchos y muchos más alimentos.

 

Tener una pequeña huerta de hortalizas más algunos árboles frutales me ha dado una visión maravillosa de la vida y de la naturaleza. Pasé de la ciencia que estudia la escasez, que es la Economía, al arte de la abundancia y la belleza, que es la Horticultura.

 

¡Buena siembra y buena cosecha para este inicio de primavera!

Campesinos con Wifi (Parte 5. Universo florido)

Un Universo Florido. Flor de Magnolio

El Invierno no ha terminado pero aún así varios de los árboles y de las plantas del jardín despertaron. El Magnolio se encuentra  tupido de flores rosas que se balancean entre sus ramas con el vaivén del viento. Las camelias ya están abriendo sus flores mientras que los tulipanes comenzaron a despuntar sus pétalos.

Flores de Magnolio (Un Universo Florido)

En algunas vías se ven las flores de los almendros y de los cerezos que engalanan las calles, mientras que en las montañas las Acacias se han sumado a este despertar con miles de flores minúsculas amarillas con las cuales  han pintado el paisaje con trazos resplandecientes.

Flores de Almendro

Es en síntesis un universo florido. Uno que me hace recordar las historias entretejidas que tenemos con las plantas, los significados que en algún momento les dimos para manifestar nuestros afectos y sentimientos, un pasado que parece hoy demasiado lejano pero que aún late entre los enamorados.

Flor de Camelia (Un Universo Florido)

Recorro el jardín para adentrarme en este Universo florido mientras que los abejorros zumban entre las diminutas  flores azules del Romero. En la huerta que inicié el año pasado veo que de nuevo se han colado una que otra planta a las cuales mi ignorancia les llamaba la mala hierba. Con el tiempo y el estudio de varios libros  he ido conociendo mejor este mundo y puedo con detalla hablar de las propiedades, usos y hasta el significado de las plantas.

Entiendo cada vez más este ciclo en el cual estoy inmersa, me doy cuenta tanto de mis aciertos como mis desaciertos. Las últimas palabras del Cándido de Voltaire retumban en mi cabeza: “Debemos cultivar nuestro jardín”.

Semilleros para nutrir el Universo Florido

Solo quien inicia el camino lo va entendiendo, solo el que se atreve puede llegar a soñar con el resultado. Mientras el mundo convulsiona entre lo absurdo e irreal, lo políticamente correcto e incorrecto, yo sigo sembrando en el jardín los sueños de un mundo mejor, o por lo menos de un minúsculo universo florido en el cual yo también florezca.

 

 

Campesinos con Wifi ( Parte 4. La Invitación del Otoño)

Castaño al terminar el otoño

Me siento todavía como una árbol tropical que no se ha adaptado a las estaciones y que se rehúsa a dejar caer sus hojas pensando que al hacerlo sería su fin. Un lucha interna se debate hace un tiempo en mi cabeza.

En mi mente mi pasado confronta mi presente, la burócrata perfecta confronta a la campesina amateur, algo de lo que fui no está del todo conforme con los cambios. Largos debates he tenido con la burócrata, que sigue apegada a los esquemas tradicionales del sistema social y económico. El plan no fue del todo perfecto, tenía sus sacrificios, tenía también sus riesgos, lo sé, pero fue el mejor. Vivir cerca de la naturaleza ha sido el anhelo de mi corazón, ha sido especialmente el anhelo del corazón de la niña que todavía vive en mí.

Sombras de árboles desnudos

Lejos de lo que fui y de lo que construí, lejos de lo que creí he dejado mis referencias tanto  familiares, de amistades, lugares y trabajos que me definieron. Ahora quién soy sin ésto, me pregunto. Ahora tal vez soy solo yo, la niña, la que vivió arrinconada por mucho tiempo en el más oscuro rincón como una semilla esperando paciente el momento para germinar, crecer y ser. Tal vez un poco tarde pero todavía no tanto.

 

Observando cómo se transforma la naturaleza a mi alrededor, me siento invitada a liberarme de lo que ya no necesito, así como hacen los árboles cuando se desprenden de sus hojas, algunas caen con suavidad al piso y otras son arrebatadas por el viento y la lluvia. Que el  otoño se lleven lo que fui, para poder seguir transformándome en este jardín, no sin antes agradecer lo que aprendí y viví.

Suelto mis hojas, suelto mi cargas, suelto lo que ha de morir en mí, suelto como aquel que hace un salto de fe sin saber con certeza lo que pasará, suelto para adentrarme en la oscuridad del invierno  y así… tal vez renacer.

¿En este momento que quieres soltar de tu corazón y de tu vida?

 

Campesinos con Wifi ( Parte 3: Bendita Vendimia)

Un paseo por las nubes, en el Minho

Entre el equinoccio de otoño y antes de las las primeras lluvias de octubre es tiempo de recoger las uvas, es la época de la vendimia y me he hecho invitar a esta fiesta.  

Un paseo por las nubes, bajo el sol del Minho

La mañana se ha vestido de nubes y el sol aún no ha salido. Con el tiempo me he acostumbrado a que el sol en estas latitudes no tenga un horario fijo para salir. Sin embargo, en el horizonte despuntan sus primeros rayos y yo lo espero recostado en un muro centenario de piedras, que pertenece a una  casona antigua de campo abandonada por sus dueños pero acogida por la naturaleza. A lo lejos escucho el graznar de cuatro cuervos que se balancean sobre una cuerda del alumbrado, al parecer ellos también esperan la salida del sol.

Esperando al sol en el Minho

Las nubes comienzan a  despejar el horizonte para que el astro rey haga su aparición con total esplendor. Recuerdo un par de las tantas películas románticas con las cuales intoxiqué mi mente en mi juventud. Un paseo por las nubes es la  primera, todavía no entiendo como Aitana usaba un vestido blanco de verano con flores estampadas y zapatos de tacón para recoger uvas entre los cultivos. Mi estilo según mi opinión es un poco más apropiado: un pantalón viejo, botas de jardín, un buzo de manga largo para cubrirme del sol, pero no tiene ni un ápice de estilo a no ser por mi sombrero de paja.

Parte de mi atuendo

Miro mi reloj y me doy cuenta que ya es momento de emprender el camino  hacia el lugar del encuentro, mientras en mi cara se dibuja una leve sonrisa al pensar que he pasado de “burócrata perfecta” a una “campesina amateur imperfecta” en un solo paso. La vida tiene puertas inesperadas y a veces se requiere de valentía y un poco de insensatez para poderlas cruzar. Vivir en el campo en un país diferente al mío fue una idea muy loca para muchos, tan loca como la Frances, en la película Bajo el Sol de Toscana, al comprar una casa en un país diferente al suyo para albergar una familia que ni siquiera tenía.

El Minho, la región en donde vivo actualmente  es tan diferente a Bogotá, es un sitio en donde la gente está tan apegada a sus  costumbres, a la historia y a la tradición, que se resisten a sucumbir a estos tiempos Hipermodernos.

A recoger uvas, que es tiempo de Vendimia

Vides en líneas

El esposo de mi vecina se sorprende al verme llegar, para él o como para otros vecinos soy la señora extranjera que pasea temprano en la mañana con un perro,  por lo general los perros aquí permanecen encerrados o se pasean solos por la aldea. A lo lejos su esposa le grita en un estilo muy Minhota que me dejé pasar, mientras lo dice se le ve una sonrisa que alcanzó a ver desde la distancia,  la ayuda en tiempos de vendimia siempre es bienvenida.

Sin mucha demora me uno al grupo de vecinos que se reúnen para  recoger las uvas en el pequeño cultivo de mi vecina. Me explican rápidamente la técnica que consiste en cortar todos los racimos de las uvas con tijeras y  después depositarlas en un balde que se deja debajo de la parra a la cual se le recogen los frutos. Se avanza por líneas de cultivo y de cada lado una o más personas recogen los frutos.

Entre vid y vid contestó las preguntas de rigor de algunos vecinos. Logró llevar el ritmo de la conversación en mi Portugués que parece avanzar un poco más, de alguna manera últimamente he podido reproducir los sonidos nasales y guturales que al principio me parecían imposibles de pronunciar. En la jornada se hablan  de todos los temas, desde los más bucólicos posibles como lo nidos de las golondrinas hasta las últimas noticias del momento. También ilustró a mis vecinos acerca de los diferentes países que conforman Latinoamérica, a la distancia parece que Venezuela y Colombia siguen siendo parte de la Nueva Granada; casi siempre me preguntan por el presidente Maduro y piensan que he huido del régimen Castro Chavista cuando soy una colombiana.

Mi vecina me invita a probar las uvas, las cuales he visto crecer al pasar todos los días por su cultivo,  ante mis ojos las he visto cambiar de color, de verde a un casi negro. Sin dudarlo me llevo una a la boca, su sabor es tan diferentes a las uvas que he probado antes y su dulzura se encuentra en su punto máximo, es una uva destinada a ser vino.  

El vino  es parte de la historia y de la identidad viva de Portugal, por todas partes crecen vides y es difícil decir cuál es el mejor vino sin ofender los orgullos regionales. Saber de vinos así como de historia en este país es casi un deber pero también es una fascinación. En el último año he probado gracias al entusiasmo de mi esposo, catador aficionado, más vinos que en todos mis años de vida juntos. Cada vino y lugar en donde se cultivan ya sea en viñedos particulares, cooperativas, pequeños palacetes (“Solares”) o monasterios se esconden muchas historias.

Pálacio de Brejoeira, lugar que visité con mi familia, y donde fabrican vinos.

En la región en donde vivo se producen unos vinos menos conocidos en el ambiente comercial internacional (por lo menos a nivel de América), pero no por eso menos importantes al conocimiento de los expertos y son los Vinos Verdes (“Vinho Verde”). Vinos que se producen en la región del norte del país,  éstos puede ser tanto tintos, blancos como rosados; tienen unas características únicas por su forma de cultivo y por el uso de cepas autóctonas portuguesas, se consumen cuando están jóvenes y se distinguen por su sabor fresco que dan una sensación de picor en la boca.

Foto que tome en la cava antigua del “Pálacio de Brejoira en donde hacen Vinho Verde

Para la producción de vino verde blanco se usan las cepas de vides: Alvarinho, Aveso, Azal, Loureiro, Tajad y Arinto, para los tintos: Padeiro, Vinhao, Amaral, Rabo-de-Anho y Alvarelhao y para los rosados Padeira. Las uvas que recogimos en la casa de mi vecina se destinarán para la producción de vino  tinto para el consumo familiar.

Percibo que existe un cierto orgullo de tener su propia producción de vino entre mis vecinos. De hecho mi esposo añora una producción propia, tal vez  éste pueda ser un proyecto para los años futuros, posiblemente una muy pequeña, todavía requerimos de un mayor conocimiento y experiencia. Tampoco estoy segura de destilar el vino en casa, los vapores de la fermentación son muy fuertes, después de la vendimia muchos sitios de la aldea en donde vivo se puede sentir el fuerte olor del proceso y de no tener sitios bien ventilados se puede correr el riesgo de intoxicación.

Y no sea si se viable una producción  tan pequeña  debido a que se puede comprar vinos de excelentes calidad desde tres a cinco euros, así como se pueden encontrar guías de los vinos de menos de 10 euros realizadas por catadores expertos para los entusiastas que no quieren gastar una fortuna en conocer y probar una amplia variedad de vinos.

La cosecha de este año al parecer ha sido buena y el sabor de las uvas inmejorable. A pesar de que ésta  no es mi cosecha me siento agradecida por los resultados. La naturaleza y el trabajo de mis vecinos a rendido sus frutos y el resultado es maravilloso. De la uva se pasará al vino, el regalo de  Dionisio con el cual se celebrará la vida, el amor, la paz y hasta la locura.

Las uvas que recogimos en el cultivo de mi vecina. Bendita Vendimia

El tiempo ha pasado muy rápido y hemos recogido todas las uvas, las cuales deben ser procesado rápidamente. Un hermano de mi vecina llega a recogerlas casi de inmediato para procesarlas a través de métodos modernos en tanques de acero inoxidable. No danzaremos encima de las uvas, en ese momento entiendo que mi atuendo sería totalmente inapropiado para esta práctica que actualmente solo se realiza para turistas, el atuendo de Aitana sería más apropiado.

Mi vecina nos llama, la vendimia todavía no ha acabado nos queda la celebración. En una mesa se ofrece a los vendimiantes: pan de maíz (pão de milho), queso de  la sierra de “Estrela”, chorizo hecho en casa, jamones, cerveza y por supuesto vino.

Dedico esta entrada a mi esposo que tiene una gran fascinación por la historia y por los vinos.

 

Campesinos Con Wifi (Segunda parte: La Mala Hierba)

Una de mis malas hierbas, en el jardín

El jardín se me presenta como una metáfora de mi vida. Mis sentidos despiertos del letargo citadino se abruman  por el ritmo y la renovación constante de la naturaleza. Aquí todo se transforma, hasta yo. En este espacio de mi vida que se traslada a mi mente y a mi corazón, en el cual interpreto los papeles de artífice, contemplador, sujeto y  hasta objeto, reflexiono y me cuestiono.

En el jardín, el Invierno terminó pero no acabó

Al parecer lo único que crece es la mala hierba… El frío y la lluvia de los últimos meses la han vigorizado y expandido por casi todo el terreno, así como la duda y la inquietud han invadido mi mente.

¿Habré romantizado demasiado esta vida campestre?…¿Habré desestimado el duro trabajo  que requiere el campo y el incipiente conocimiento que tengo de éste? La respuesta de esto me estremece. Mientras miro los campos vecinos llenos de repollos, flores y retoños  que se asoman en las ramas de los árboles.

 

¿Será que para mí no existe primavera? Y solo me queda seguir aguantando estos días grises, lluviosos  con su frío inclemente.

Los que yo no planté pero que creció.

Decido recorrer el campo y recoger la mala hierba. Me doy cuenta de que un nabo estaba creciendo felizmente al lado del Ciruelo y yo no lo planté; el simplemente creció. Debajo del Higo se esconde una Digitalis ya en flor,  éste  tiene flores fucsias en forma de trompeta con manchas atigradas en su interior.

Una Digitalis que se esconde bajo la Higuera

Entre los recortes de la poda que todavía están arrumados en el patio de piedra se asoma un retoño de una Hortensia, sin querer al podar en Otoño hice un esqueje y este ya tiene raíces. Como artífice del jardín la siembro en un sitio que creo que le gustará.

También han proliferado otras plantas, al principio creo que todos son Dientes de León pero al acercarme un poco más dudo de que lo sean.  

 

Observando no solo con los ojos

Estudiando las malas hierbas

Al agudizar los sentidos percibo que las hojas son diferentes tanto en su forma, como en su textura y simetría. Las había mirado en forma superficial pero ahora me doy cuenta de que tienen aspectos muy diferentes.

Por el contacto con las plantas, los libros que he leído y un curso de herbalismo que estoy tomando he aprendido a verlas no solo con mis ojos, sino también con mis otros sentidos. Con  con el tacto he descubierto que no todos los tallos son redondos, existen triangulares como el del Ajo Silvestre o cuadrados como los tallos de las Metas. Algunas plantas pican como la Ortiga y otras son muy suaves como las hojas de las  Malvas en Primavera.

Teniendo por lo menos una identificación y la guía de una experta en botánica me aventuro a saborearlas. Me sorprende el sabor de las flores comestibles como el Ajo Silvestre y las Violetas.  La astringencia y amargura del Diente de León y advierto que he pasado más de una vez por encima de una planta comestible y medicinal como el LLantén. Me reencuentro con los olores de la Manzanilla y de la Caléndula. Recuerdo que tengo más de un sentido.

Ajo Silvestre o Lagrimas de la Virgen

Ordenando el jardín y ordenando la cabeza

Pero debo reconocer que nuestro campo, que es un enorme jardín, es un total desorden. La “mala hierba” lo ha inundando  todo, de esa forma no crecerá ninguno de los proyectos que queremos en este espacio.

Así como debo limpiar de inquietudes y miedos de mi mente y mi corazón para poder ver con claridad la vida, así debo limpiar el jardín para que pueda crecer lo que queremos que crezca.

Ortiga, Romero y Recortes para un Abono Verde

Me doy cuenta que en este proyecto no estoy sola como en algún momento me sentí al tener tanta “mala hierba” en mi cabeza. Mi esposo en un arranque de entusiasmo la poda, pero antes yo he recogido una parte  de ésta y la considero como regalos. En esta oportunidad consisten en margaritas silvestres, Ortiga, Ajo Silvestre, plantas y recortes para hacer un abono verde.

Ajo Silvestre para cocinar, margaritas y manzanillas en maceración para aceites

La mala hierba volverá… lo sabemos, nos traerán inquietudes y dudas, pero  seremos capaces de reconocerla, aprenderemos de las carencias que tenemos en el suelo porque su proliferación nos lo indicará, la llamaremos por sus nombres y no como “mala hierba” y apreciaremos aún más los regalos que nos da.

Lo que fue ayer no lo es hoy, el inicio de la Primavera

A pesar del frío y la persistente lluvia  la Primavera llegó. Al ritmo de una sinfonía los árboles frutales del jardín comenzaron a  florecer, la Higuera ya muestra sus incipientes frutos y hojas y todo cambia a una velocidad impresionante.

El jardín se llena de vida y me  llena de vida, la oscuridad ha quedado atrás.

El árbol de Ciruelo en flor

 

 

Campesinos con Wifi ( Primera parte: El deseo cumplido de la Hippie que vive en mí)

Caminando por lugares cercanos, zonas entre lo rural y urbano,

Era una de esas  noches  Bogotanas en las cuales  regresaba a  casa del trabajo, desde del centro al norte de la ciudad. Con una niña en brazos y dos bolsos en los hombros entre apretones, estrujones y empujones logré “entrar al vacío como una sardina enlatada” en uno de los buses del  sistema de transporte de mi ciudad, TrasMilenio. Me mantenía en pie por el tumulto,  rompiendo cualquier “paradigma del espacio personal”, por fortuna una persona cortés me ofreció su silla  y  pude descansar.

 

En el camino a casa le decía a la persona que me acompañaba en ese trayecto que estaba cansada de ese estilo de vida de estrujones, trancones, horarios y de deuda. Al parecer, a pesar de tanto trabajar durante los últimos quince años que llevaba como profesional,  y de haber conseguido buenos empleos, corrijo- buenos contratos-, parecía que solo trabajaba para seguir trabajando. Y por motivación tenía  las cláusulas penales, pecuniarias, disciplinarias, que se aceptan en ese tipo de contratos.

¿No era algo estúpido vivir así? Fui notando que el señor que tenía de compañero de silla comenzó a prestarme atención así como las personas que se encontraban apretujadas en la zonas destinadas para  coches y sillas de ruedas en el  bus articulado. No es difícil que me pusieran atención, por lo general no soy consciente de que hablo bastante alto, en mi defensa solo puedo decir que es mi personalidad  espontánea que se expresa así.

Vid en un campo vecino

Entre las miradas indiscretas y los oídos curiosos proseguí en mi “soliloquio”.  ¡Pero si es tan sencillo vivir! ¡Porque tenemos que pagar por todo! Hasta en la Biblia lo dice, y en tono de  sermón recite  lo que me acordaba de Mateo 6 versículo 25 -34 : … “Miren las aves que vuelan por el aire, que no siembran ni cosechan, ni guardan la cosecha en graneros; sin embargo, el Padre que está en el cielo les da de comer”... “Fíjense cómo crecen las flores del campo, que no trabajan ni hilan” y  “ni el rey Salomón, con todo su lujo, se vestía como una de ellas”.

Cabras vecinas

¿Podría yo tener unas cuantas gallinas y así tener huevos para el desayuno? …¿Cierto?… No, mejor no; ya me imagino a la gallina furiosa persiguiéndome porque le robé a los hijos y  eso de matar pollitos no es lo mío, prefiero ser vegetariana. Unas cuantas sonrisas se comenzaron a dibujar en algunos rostros. Podría cultivar unas lechugas y unos cuantos tomates y así otras verduritas. La persona que me acompañaba soltó una carcajada y dijo: ¡Uy! ! “supersona” lo que “vusque” quiere es ser campesina!

Gallinas vecinas

Mala idea no es – le dije. Cuando era niña decirle a una persona “campesino” era un insulto, pero hoy en día con tanto plaguicida, el incremento de casos de cáncer y los cultivos transgénicos si uno no es campesino por lo menos debe tener como mínimo su campesino de confianza, así como se tiene el médico, el abogado y hasta el mecánico.

Ovejas vecinas

Pero a  mí me gustaría ser una campesina un poco hippie- proseguí la conversación. Quisiera saber de yoga, meditación o por lo menos practicar Tai chi, andar descalza por el campo, usar el cabello bien largo y hasta usar faldas con estampados. ¡No me la imagino!  Usted no tiene ni pinta de hippie ni mucho menos de campesina- dijo él.

Por fin llegué a mi parada,  entre el tumulto logré salir de aquel bus.

Los Neocampesinos

A veces sabía de alguna persona que había dejado su empleo y su vida citadina para mudarse al campo. En mi país los llaman los Neocampesinos, también  conocí personas que habían traído algo del campo a la ciudad, sembrando en huertas comunitarias, jardines y hasta en el espacio público.

La nena saludando un caballito

Viviendo en el campo

Diez años más tarde, me encuentro aquí… si aquí, en el campo pero en otro país, en otro continente y a veces parece que en otro planeta. Cambié  mis tacones por unas botas de jardín, el bullicio de la ciudad por los sonidos del campo, mi agenda de trabajo por un cuaderno para la huerta, los pesados archivos públicos por libros de agricultura, las reuniones de trabajo por secciones de jardinería, el noticiero y la novela de la noche por el espectáculo estelar, en el cual he podido ver los cambios de las fases de la luna en vivo y en directo.

En los últimos meses he aprendido  que debo levantarme cuando el gallo de mi vecino canta por cuarta vez, mi perra Mara ya no cree que los caballos son perros grandes y mi hija ya no piensa que la comida viene de los supermercados. Nos hemos maravillado con la abundancia de la naturaleza y hasta con la abundancia de las plagas, que no dejaron manzana sin agujero en la última cosecha o como  los caracoles y babosas, que con su un apetito voraz no han dejado ni apio, ni zanahoria  en pie en la pequeña huerta. Aprendimos que no solo existen abejas que viven en panales, nos hemos vuelto solidarias haciendo refugios para las abejas solitarias.

En el intermedio

Sin embargo, a pesar de  querer encajar  no somos como nuestros amables vecinos, que se  han divertido con nuestra ignorancia e incompetencia en temas del campo. Pero tampoco queremos ser seres de ciudad, aunque nos gusta participar mucho de las actividades culturales y artísticas que ofrecen los lugares cercanos. Tampoco hemos renunciado a la tecnologías porque nos mantenemos en contacto con la familia y amigos por WhatsApp y Skype, somos tal vez como dijo mi hija el primer día que llegamos aquí, el día en que nos instalaron el servicio de de internet: somos Campesinos con Wifi.

Sombras con la escalera para recolectar manzanas