Campesinos con Wifi ( Parte 4. La Invitación del Otoño)

Castaño al terminar el otoño

Me siento todavía como una árbol tropical que no se ha adaptado a las estaciones y que se rehúsa a dejar caer sus hojas pensando que al hacerlo sería su fin. Un lucha interna se debate hace un tiempo en mi cabeza.

En mi mente mi pasado confronta mi presente, la burócrata perfecta confronta a la campesina amateur, algo de lo que fui no está del todo conforme con los cambios. Largos debates he tenido con la burócrata, que sigue apegada a los esquemas tradicionales del sistema social y económico. El plan no fue del todo perfecto, tenía sus sacrificios, tenía también sus riesgos, lo sé, pero fue el mejor. Vivir cerca de la naturaleza ha sido el anhelo de mi corazón, ha sido especialmente el anhelo del corazón de la niña que todavía vive en mí.

Sombras de árboles desnudos

Lejos de lo que fui y de lo que construí, lejos de lo que creí he dejado mis referencias tanto  familiares, de amistades, lugares y trabajos que me definieron. Ahora quién soy sin ésto, me pregunto. Ahora tal vez soy solo yo, la niña, la que vivió arrinconada por mucho tiempo en el más oscuro rincón como una semilla esperando paciente el momento para germinar, crecer y ser. Tal vez un poco tarde pero todavía no tanto.

 

Observando cómo se transforma la naturaleza a mi alrededor, me siento invitada a liberarme de lo que ya no necesito, así como hacen los árboles cuando se desprenden de sus hojas, algunas caen con suavidad al piso y otras son arrebatadas por el viento y la lluvia. Que el  otoño se lleven lo que fui, para poder seguir transformándome en este jardín, no sin antes agradecer lo que aprendí y viví.

Suelto mis hojas, suelto mi cargas, suelto lo que ha de morir en mí, suelto como aquel que hace un salto de fe sin saber con certeza lo que pasará, suelto para adentrarme en la oscuridad del invierno  y así… tal vez renacer.

¿En este momento que quieres soltar de tu corazón y de tu vida?

 

Campesinos con Wifi ( Parte 3: Bendita Vendimia)

Un paseo por las nubes, en el Minho

Entre el equinoccio de otoño y antes de las las primeras lluvias de octubre es tiempo de recoger las uvas, es la época de la vendimia y me he hecho invitar a esta fiesta.  

Un paseo por las nubes, bajo el sol del Minho

La mañana se ha vestido de nubes y el sol aún no ha salido. Con el tiempo me he acostumbrado a que el sol en estas latitudes no tenga un horario fijo para salir. Sin embargo, en el horizonte despuntan sus primeros rayos y yo lo espero recostado en un muro centenario de piedras, que pertenece a una  casona antigua de campo abandonada por sus dueños pero acogida por la naturaleza. A lo lejos escucho el graznar de cuatro cuervos que se balancean sobre una cuerda del alumbrado, al parecer ellos también esperan la salida del sol.

Esperando al sol en el Minho

Las nubes comienzan a  despejar el horizonte para que el astro rey haga su aparición con total esplendor. Recuerdo un par de las tantas películas románticas con las cuales intoxiqué mi mente en mi juventud. Un paseo por las nubes es la  primera, todavía no entiendo como Aitana usaba un vestido blanco de verano con flores estampadas y zapatos de tacón para recoger uvas entre los cultivos. Mi estilo según mi opinión es un poco más apropiado: un pantalón viejo, botas de jardín, un buzo de manga largo para cubrirme del sol, pero no tiene ni un ápice de estilo a no ser por mi sombrero de paja.

Parte de mi atuendo

Miro mi reloj y me doy cuenta que ya es momento de emprender el camino  hacia el lugar del encuentro, mientras en mi cara se dibuja una leve sonrisa al pensar que he pasado de “burócrata perfecta” a una “campesina amateur imperfecta” en un solo paso. La vida tiene puertas inesperadas y a veces se requiere de valentía y un poco de insensatez para poderlas cruzar. Vivir en el campo en un país diferente al mío fue una idea muy loca para muchos, tan loca como la Frances, en la película Bajo el Sol de Toscana, al comprar una casa en un país diferente al suyo para albergar una familia que ni siquiera tenía.

El Minho, la región en donde vivo actualmente  es tan diferente a Bogotá, es un sitio en donde la gente está tan apegada a sus  costumbres, a la historia y a la tradición, que se resisten a sucumbir a estos tiempos Hipermodernos.

A recoger uvas, que es tiempo de Vendimia

Vides en líneas

El esposo de mi vecina se sorprende al verme llegar, para él o como para otros vecinos soy la señora extranjera que pasea temprano en la mañana con un perro,  por lo general los perros aquí permanecen encerrados o se pasean solos por la aldea. A lo lejos su esposa le grita en un estilo muy Minhota que me dejé pasar, mientras lo dice se le ve una sonrisa que alcanzó a ver desde la distancia,  la ayuda en tiempos de vendimia siempre es bienvenida.

Sin mucha demora me uno al grupo de vecinos que se reúnen para  recoger las uvas en el pequeño cultivo de mi vecina. Me explican rápidamente la técnica que consiste en cortar todos los racimos de las uvas con tijeras y  después depositarlas en un balde que se deja debajo de la parra a la cual se le recogen los frutos. Se avanza por líneas de cultivo y de cada lado una o más personas recogen los frutos.

Entre vid y vid contestó las preguntas de rigor de algunos vecinos. Logró llevar el ritmo de la conversación en mi Portugués que parece avanzar un poco más, de alguna manera últimamente he podido reproducir los sonidos nasales y guturales que al principio me parecían imposibles de pronunciar. En la jornada se hablan  de todos los temas, desde los más bucólicos posibles como lo nidos de las golondrinas hasta las últimas noticias del momento. También ilustró a mis vecinos acerca de los diferentes países que conforman Latinoamérica, a la distancia parece que Venezuela y Colombia siguen siendo parte de la Nueva Granada; casi siempre me preguntan por el presidente Maduro y piensan que he huido del régimen Castro Chavista cuando soy una colombiana.

Mi vecina me invita a probar las uvas, las cuales he visto crecer al pasar todos los días por su cultivo,  ante mis ojos las he visto cambiar de color, de verde a un casi negro. Sin dudarlo me llevo una a la boca, su sabor es tan diferentes a las uvas que he probado antes y su dulzura se encuentra en su punto máximo, es una uva destinada a ser vino.  

El vino  es parte de la historia y de la identidad viva de Portugal, por todas partes crecen vides y es difícil decir cuál es el mejor vino sin ofender los orgullos regionales. Saber de vinos así como de historia en este país es casi un deber pero también es una fascinación. En el último año he probado gracias al entusiasmo de mi esposo, catador aficionado, más vinos que en todos mis años de vida juntos. Cada vino y lugar en donde se cultivan ya sea en viñedos particulares, cooperativas, pequeños palacetes (“Solares”) o monasterios se esconden muchas historias.

Pálacio de Brejoeira, lugar que visité con mi familia, y donde fabrican vinos.

En la región en donde vivo se producen unos vinos menos conocidos en el ambiente comercial internacional (por lo menos a nivel de América), pero no por eso menos importantes al conocimiento de los expertos y son los Vinos Verdes (“Vinho Verde”). Vinos que se producen en la región del norte del país,  éstos puede ser tanto tintos, blancos como rosados; tienen unas características únicas por su forma de cultivo y por el uso de cepas autóctonas portuguesas, se consumen cuando están jóvenes y se distinguen por su sabor fresco que dan una sensación de picor en la boca.

Foto que tome en la cava antigua del “Pálacio de Brejoira en donde hacen Vinho Verde

Para la producción de vino verde blanco se usan las cepas de vides: Alvarinho, Aveso, Azal, Loureiro, Tajad y Arinto, para los tintos: Padeiro, Vinhao, Amaral, Rabo-de-Anho y Alvarelhao y para los rosados Padeira. Las uvas que recogimos en la casa de mi vecina se destinarán para la producción de vino  tinto para el consumo familiar.

Percibo que existe un cierto orgullo de tener su propia producción de vino entre mis vecinos. De hecho mi esposo añora una producción propia, tal vez  éste pueda ser un proyecto para los años futuros, posiblemente una muy pequeña, todavía requerimos de un mayor conocimiento y experiencia. Tampoco estoy segura de destilar el vino en casa, los vapores de la fermentación son muy fuertes, después de la vendimia muchos sitios de la aldea en donde vivo se puede sentir el fuerte olor del proceso y de no tener sitios bien ventilados se puede correr el riesgo de intoxicación.

Y no sea si se viable una producción  tan pequeña  debido a que se puede comprar vinos de excelentes calidad desde tres a cinco euros, así como se pueden encontrar guías de los vinos de menos de 10 euros realizadas por catadores expertos para los entusiastas que no quieren gastar una fortuna en conocer y probar una amplia variedad de vinos.

La cosecha de este año al parecer ha sido buena y el sabor de las uvas inmejorable. A pesar de que ésta  no es mi cosecha me siento agradecida por los resultados. La naturaleza y el trabajo de mis vecinos a rendido sus frutos y el resultado es maravilloso. De la uva se pasará al vino, el regalo de  Dionisio con el cual se celebrará la vida, el amor, la paz y hasta la locura.

Las uvas que recogimos en el cultivo de mi vecina. Bendita Vendimia

El tiempo ha pasado muy rápido y hemos recogido todas las uvas, las cuales deben ser procesado rápidamente. Un hermano de mi vecina llega a recogerlas casi de inmediato para procesarlas a través de métodos modernos en tanques de acero inoxidable. No danzaremos encima de las uvas, en ese momento entiendo que mi atuendo sería totalmente inapropiado para esta práctica que actualmente solo se realiza para turistas, el atuendo de Aitana sería más apropiado.

Mi vecina nos llama, la vendimia todavía no ha acabado nos queda la celebración. En una mesa se ofrece a los vendimiantes: pan de maíz (pão de milho), queso de  la sierra de “Estrela”, chorizo hecho en casa, jamones, cerveza y por supuesto vino.

Dedico esta entrada a mi esposo que tiene una gran fascinación por la historia y por los vinos.

 

Campesinos Con Wifi (Segunda parte: La Mala Hierba)

Una de mis malas hierbas, en el jardín

El jardín se me presenta como una metáfora de mi vida. Mis sentidos despiertos del letargo citadino se abruman  por el ritmo y la renovación constante de la naturaleza. Aquí todo se transforma, hasta yo. En este espacio de mi vida que se traslada a mi mente y a mi corazón, en el cual interpreto los papeles de artífice, contemplador, sujeto y  hasta objeto, reflexiono y me cuestiono.

En el jardín, el Invierno terminó pero no acabó

Al parecer lo único que crece es la mala hierba… El frío y la lluvia de los últimos meses la han vigorizado y expandido por casi todo el terreno, así como la duda y la inquietud han invadido mi mente.

¿Habré romantizado demasiado esta vida campestre?…¿Habré desestimado el duro trabajo  que requiere el campo y el incipiente conocimiento que tengo de éste? La respuesta de esto me estremece. Mientras miro los campos vecinos llenos de repollos, flores y retoños  que se asoman en las ramas de los árboles.

 

¿Será que para mí no existe primavera? Y solo me queda seguir aguantando estos días grises, lluviosos  con su frío inclemente.

Los que yo no planté pero que creció.

Decido recorrer el campo y recoger la mala hierba. Me doy cuenta de que un nabo estaba creciendo felizmente al lado del Ciruelo y yo no lo planté; el simplemente creció. Debajo del Higo se esconde una Digitalis ya en flor,  éste  tiene flores fucsias en forma de trompeta con manchas atigradas en su interior.

Una Digitalis que se esconde bajo la Higuera

Entre los recortes de la poda que todavía están arrumados en el patio de piedra se asoma un retoño de una Hortensia, sin querer al podar en Otoño hice un esqueje y este ya tiene raíces. Como artífice del jardín la siembro en un sitio que creo que le gustará.

También han proliferado otras plantas, al principio creo que todos son Dientes de León pero al acercarme un poco más dudo de que lo sean.  

 

Observando no solo con los ojos

Estudiando las malas hierbas

Al agudizar los sentidos percibo que las hojas son diferentes tanto en su forma, como en su textura y simetría. Las había mirado en forma superficial pero ahora me doy cuenta de que tienen aspectos muy diferentes.

Por el contacto con las plantas, los libros que he leído y un curso de herbalismo que estoy tomando he aprendido a verlas no solo con mis ojos, sino también con mis otros sentidos. Con  con el tacto he descubierto que no todos los tallos son redondos, existen triangulares como el del Ajo Silvestre o cuadrados como los tallos de las Metas. Algunas plantas pican como la Ortiga y otras son muy suaves como las hojas de las  Malvas en Primavera.

Teniendo por lo menos una identificación y la guía de una experta en botánica me aventuro a saborearlas. Me sorprende el sabor de las flores comestibles como el Ajo Silvestre y las Violetas.  La astringencia y amargura del Diente de León y advierto que he pasado más de una vez por encima de una planta comestible y medicinal como el LLantén. Me reencuentro con los olores de la Manzanilla y de la Caléndula. Recuerdo que tengo más de un sentido.

Ajo Silvestre o Lagrimas de la Virgen

Ordenando el jardín y ordenando la cabeza

Pero debo reconocer que nuestro campo, que es un enorme jardín, es un total desorden. La “mala hierba” lo ha inundando  todo, de esa forma no crecerá ninguno de los proyectos que queremos en este espacio.

Así como debo limpiar de inquietudes y miedos de mi mente y mi corazón para poder ver con claridad la vida, así debo limpiar el jardín para que pueda crecer lo que queremos que crezca.

Ortiga, Romero y Recortes para un Abono Verde

Me doy cuenta que en este proyecto no estoy sola como en algún momento me sentí al tener tanta “mala hierba” en mi cabeza. Mi esposo en un arranque de entusiasmo la poda, pero antes yo he recogido una parte  de ésta y la considero como regalos. En esta oportunidad consisten en margaritas silvestres, Ortiga, Ajo Silvestre, plantas y recortes para hacer un abono verde.

Ajo Silvestre para cocinar, margaritas y manzanillas en maceración para aceites

La mala hierba volverá… lo sabemos, nos traerán inquietudes y dudas, pero  seremos capaces de reconocerla, aprenderemos de las carencias que tenemos en el suelo porque su proliferación nos lo indicará, la llamaremos por sus nombres y no como “mala hierba” y apreciaremos aún más los regalos que nos da.

Lo que fue ayer no lo es hoy, el inicio de la Primavera

A pesar del frío y la persistente lluvia  la Primavera llegó. Al ritmo de una sinfonía los árboles frutales del jardín comenzaron a  florecer, la Higuera ya muestra sus incipientes frutos y hojas y todo cambia a una velocidad impresionante.

El jardín se llena de vida y me  llena de vida, la oscuridad ha quedado atrás.

El árbol de Ciruelo en flor

 

 

Campesinos con Wifi ( Primera parte: El deseo cumplido de la Hippie que vive en mí)

Caminando por lugares cercanos, zonas entre lo rural y urbano,

Era una de esas  noches  Bogotanas en las cuales  regresaba a  casa del trabajo, desde del centro al norte de la ciudad. Con una niña en brazos y dos bolsos en los hombros entre apretones, estrujones y empujones logré “entrar al vacío como una sardina enlatada” en uno de los buses del  sistema de transporte de mi ciudad, TrasMilenio. Me mantenía en pie por el tumulto,  rompiendo cualquier “paradigma del espacio personal”, por fortuna una persona cortés me ofreció su silla  y  pude descansar.

 

En el camino a casa le decía a la persona que me acompañaba en ese trayecto que estaba cansada de ese estilo de vida de estrujones, trancones, horarios y de deuda. Al parecer, a pesar de tanto trabajar durante los últimos quince años que llevaba como profesional,  y de haber conseguido buenos empleos, corrijo- buenos contratos-, parecía que solo trabajaba para seguir trabajando. Y por motivación tenía  las cláusulas penales, pecuniarias, disciplinarias, que se aceptan en ese tipo de contratos.

¿No era algo estúpido vivir así? Fui notando que el señor que tenía de compañero de silla comenzó a prestarme atención así como las personas que se encontraban apretujadas en la zonas destinadas para  coches y sillas de ruedas en el  bus articulado. No es difícil que me pusieran atención, por lo general no soy consciente de que hablo bastante alto, en mi defensa solo puedo decir que es mi personalidad  espontánea que se expresa así.

Vid en un campo vecino

Entre las miradas indiscretas y los oídos curiosos proseguí en mi “soliloquio”.  ¡Pero si es tan sencillo vivir! ¡Porque tenemos que pagar por todo! Hasta en la Biblia lo dice, y en tono de  sermón recite  lo que me acordaba de Mateo 6 versículo 25 -34 : … “Miren las aves que vuelan por el aire, que no siembran ni cosechan, ni guardan la cosecha en graneros; sin embargo, el Padre que está en el cielo les da de comer”... “Fíjense cómo crecen las flores del campo, que no trabajan ni hilan” y  “ni el rey Salomón, con todo su lujo, se vestía como una de ellas”.

Cabras vecinas

¿Podría yo tener unas cuantas gallinas y así tener huevos para el desayuno? …¿Cierto?… No, mejor no; ya me imagino a la gallina furiosa persiguiéndome porque le robé a los hijos y  eso de matar pollitos no es lo mío, prefiero ser vegetariana. Unas cuantas sonrisas se comenzaron a dibujar en algunos rostros. Podría cultivar unas lechugas y unos cuantos tomates y así otras verduritas. La persona que me acompañaba soltó una carcajada y dijo: ¡Uy! ! “supersona” lo que “vusque” quiere es ser campesina!

Gallinas vecinas

Mala idea no es – le dije. Cuando era niña decirle a una persona “campesino” era un insulto, pero hoy en día con tanto plaguicida, el incremento de casos de cáncer y los cultivos transgénicos si uno no es campesino por lo menos debe tener como mínimo su campesino de confianza, así como se tiene el médico, el abogado y hasta el mecánico.

Ovejas vecinas

Pero a  mí me gustaría ser una campesina un poco hippie- proseguí la conversación. Quisiera saber de yoga, meditación o por lo menos practicar Tai chi, andar descalza por el campo, usar el cabello bien largo y hasta usar faldas con estampados. ¡No me la imagino!  Usted no tiene ni pinta de hippie ni mucho menos de campesina- dijo él.

Por fin llegué a mi parada,  entre el tumulto logré salir de aquel bus.

Los Neocampesinos

A veces sabía de alguna persona que había dejado su empleo y su vida citadina para mudarse al campo. En mi país los llaman los Neocampesinos, también  conocí personas que habían traído algo del campo a la ciudad, sembrando en huertas comunitarias, jardines y hasta en el espacio público.

La nena saludando un caballito

Viviendo en el campo

Diez años más tarde, me encuentro aquí… si aquí, en el campo pero en otro país, en otro continente y a veces parece que en otro planeta. Cambié  mis tacones por unas botas de jardín, el bullicio de la ciudad por los sonidos del campo, mi agenda de trabajo por un cuaderno para la huerta, los pesados archivos públicos por libros de agricultura, las reuniones de trabajo por secciones de jardinería, el noticiero y la novela de la noche por el espectáculo estelar, en el cual he podido ver los cambios de las fases de la luna en vivo y en directo.

En los últimos meses he aprendido  que debo levantarme cuando el gallo de mi vecino canta por cuarta vez, mi perra Mara ya no cree que los caballos son perros grandes y mi hija ya no piensa que la comida viene de los supermercados. Nos hemos maravillado con la abundancia de la naturaleza y hasta con la abundancia de las plagas, que no dejaron manzana sin agujero en la última cosecha o como  los caracoles y babosas, que con su un apetito voraz no han dejado ni apio, ni zanahoria  en pie en la pequeña huerta. Aprendimos que no solo existen abejas que viven en panales, nos hemos vuelto solidarias haciendo refugios para las abejas solitarias.

En el intermedio

Sin embargo, a pesar de  querer encajar  no somos como nuestros amables vecinos, que se  han divertido con nuestra ignorancia e incompetencia en temas del campo. Pero tampoco queremos ser seres de ciudad, aunque nos gusta participar mucho de las actividades culturales y artísticas que ofrecen los lugares cercanos. Tampoco hemos renunciado a la tecnologías porque nos mantenemos en contacto con la familia y amigos por WhatsApp y Skype, somos tal vez como dijo mi hija el primer día que llegamos aquí, el día en que nos instalaron el servicio de de internet: somos Campesinos con Wifi.

Sombras con la escalera para recolectar manzanas