Campesinos Con Wifi (Segunda parte: La Mala Hierba)

Una de mis malas hierbas, en el jardín

El jardín se me presenta como una metáfora de mi vida. Mis sentidos despiertos del letargo citadino se abruman  por el ritmo y la renovación constante de la naturaleza. Aquí todo se transforma, hasta yo. En este espacio de mi vida que se traslada a mi mente y a mi corazón, en el cual interpreto los papeles de artífice, contemplador, sujeto y  hasta objeto, reflexiono y me cuestiono.

En el jardín, el Invierno terminó pero no acabó

Al parecer lo único que crece es la mala hierba… El frío y la lluvia de los últimos meses la han vigorizado y expandido por casi todo el terreno, así como la duda y la inquietud han invadido mi mente.

¿Habré romantizado demasiado esta vida campestre?…¿Habré desestimado el duro trabajo  que requiere el campo y el incipiente conocimiento que tengo de éste? La respuesta de esto me estremece. Mientras miro los campos vecinos llenos de repollos, flores y retoños  que se asoman en las ramas de los árboles.

 

¿Será que para mí no existe primavera? Y solo me queda seguir aguantando estos días grises, lluviosos  con su frío inclemente.

Los que yo no planté pero que creció.

Decido recorrer el campo y recoger la mala hierba. Me doy cuenta de que un nabo estaba creciendo felizmente al lado del Ciruelo y yo no lo planté; el simplemente creció. Debajo del Higo se esconde una Digitalis ya en flor,  éste  tiene flores fucsias en forma de trompeta con manchas atigradas en su interior.

Una Digitalis que se esconde bajo la Higuera

Entre los recortes de la poda que todavía están arrumados en el patio de piedra se asoma un retoño de una Hortensia, sin querer al podar en Otoño hice un esqueje y este ya tiene raíces. Como artífice del jardín la siembro en un sitio que creo que le gustará.

También han proliferado otras plantas, al principio creo que todos son Dientes de León pero al acercarme un poco más dudo de que lo sean.  

 

Observando no solo con los ojos

Estudiando las malas hierbas

Al agudizar los sentidos percibo que las hojas son diferentes tanto en su forma, como en su textura y simetría. Las había mirado en forma superficial pero ahora me doy cuenta de que tienen aspectos muy diferentes.

Por el contacto con las plantas, los libros que he leído y un curso de herbalismo que estoy tomando he aprendido a verlas no solo con mis ojos, sino también con mis otros sentidos. Con  con el tacto he descubierto que no todos los tallos son redondos, existen triangulares como el del Ajo Silvestre o cuadrados como los tallos de las Metas. Algunas plantas pican como la Ortiga y otras son muy suaves como las hojas de las  Malvas en Primavera.

Teniendo por lo menos una identificación y la guía de una experta en botánica me aventuro a saborearlas. Me sorprende el sabor de las flores comestibles como el Ajo Silvestre y las Violetas.  La astringencia y amargura del Diente de León y advierto que he pasado más de una vez por encima de una planta comestible y medicinal como el LLantén. Me reencuentro con los olores de la Manzanilla y de la Caléndula. Recuerdo que tengo más de un sentido.

Ajo Silvestre o Lagrimas de la Virgen

Ordenando el jardín y ordenando la cabeza

Pero debo reconocer que nuestro campo, que es un enorme jardín, es un total desorden. La “mala hierba” lo ha inundando  todo, de esa forma no crecerá ninguno de los proyectos que queremos en este espacio.

Así como debo limpiar de inquietudes y miedos de mi mente y mi corazón para poder ver con claridad la vida, así debo limpiar el jardín para que pueda crecer lo que queremos que crezca.

Ortiga, Romero y Recortes para un Abono Verde

Me doy cuenta que en este proyecto no estoy sola como en algún momento me sentí al tener tanta “mala hierba” en mi cabeza. Mi esposo en un arranque de entusiasmo la poda, pero antes yo he recogido una parte  de ésta y la considero como regalos. En esta oportunidad consisten en margaritas silvestres, Ortiga, Ajo Silvestre, plantas y recortes para hacer un abono verde.

Ajo Silvestre para cocinar, margaritas y manzanillas en maceración para aceites

La mala hierba volverá… lo sabemos, nos traerán inquietudes y dudas, pero  seremos capaces de reconocerla, aprenderemos de las carencias que tenemos en el suelo porque su proliferación nos lo indicará, la llamaremos por sus nombres y no como “mala hierba” y apreciaremos aún más los regalos que nos da.

Lo que fue ayer no lo es hoy, el inicio de la Primavera

A pesar del frío y la persistente lluvia  la Primavera llegó. Al ritmo de una sinfonía los árboles frutales del jardín comenzaron a  florecer, la Higuera ya muestra sus incipientes frutos y hojas y todo cambia a una velocidad impresionante.

El jardín se llena de vida y me  llena de vida, la oscuridad ha quedado atrás.

El árbol de Ciruelo en flor

 

 

Campesinos con Wifi ( Primera parte: El deseo cumplido de la Hippie que vive en mí)

Caminando por lugares cercanos, zonas entre lo rural y urbano,

Era una de esas  noches  Bogotanas en las cuales  regresaba a  casa del trabajo, desde del centro al norte de la ciudad. Con una niña en brazos y dos bolsos en los hombros entre apretones, estrujones y empujones logré “entrar al vacío como una sardina enlatada” en uno de los buses del  sistema de transporte de mi ciudad, TrasMilenio. Me mantenía en pie por el tumulto,  rompiendo cualquier “paradigma del espacio personal”, por fortuna una persona cortés me ofreció su silla  y  pude descansar.

 

En el camino a casa le decía a la persona que me acompañaba en ese trayecto que estaba cansada de ese estilo de vida de estrujones, trancones, horarios y de deuda. Al parecer, a pesar de tanto trabajar durante los últimos quince años que llevaba como profesional,  y de haber conseguido buenos empleos, corrijo- buenos contratos-, parecía que solo trabajaba para seguir trabajando. Y por motivación tenía  las cláusulas penales, pecuniarias, disciplinarias, que se aceptan en ese tipo de contratos.

¿No era algo estúpido vivir así? Fui notando que el señor que tenía de compañero de silla comenzó a prestarme atención así como las personas que se encontraban apretujadas en la zonas destinadas para  coches y sillas de ruedas en el  bus articulado. No es difícil que me pusieran atención, por lo general no soy consciente de que hablo bastante alto, en mi defensa solo puedo decir que es mi personalidad  espontánea que se expresa así.

Vid en un campo vecino

Entre las miradas indiscretas y los oídos curiosos proseguí en mi “soliloquio”.  ¡Pero si es tan sencillo vivir! ¡Porque tenemos que pagar por todo! Hasta en la Biblia lo dice, y en tono de  sermón recite  lo que me acordaba de Mateo 6 versículo 25 -34 : … “Miren las aves que vuelan por el aire, que no siembran ni cosechan, ni guardan la cosecha en graneros; sin embargo, el Padre que está en el cielo les da de comer”... “Fíjense cómo crecen las flores del campo, que no trabajan ni hilan” y  “ni el rey Salomón, con todo su lujo, se vestía como una de ellas”.

Cabras vecinas

¿Podría yo tener unas cuantas gallinas y así tener huevos para el desayuno? …¿Cierto?… No, mejor no; ya me imagino a la gallina furiosa persiguiéndome porque le robé a los hijos y  eso de matar pollitos no es lo mío, prefiero ser vegetariana. Unas cuantas sonrisas se comenzaron a dibujar en algunos rostros. Podría cultivar unas lechugas y unos cuantos tomates y así otras verduritas. La persona que me acompañaba soltó una carcajada y dijo: ¡Uy! ! “supersona” lo que “vusque” quiere es ser campesina!

Gallinas vecinas

Mala idea no es – le dije. Cuando era niña decirle a una persona “campesino” era un insulto, pero hoy en día con tanto plaguicida, el incremento de casos de cáncer y los cultivos transgénicos si uno no es campesino por lo menos debe tener como mínimo su campesino de confianza, así como se tiene el médico, el abogado y hasta el mecánico.

Ovejas vecinas

Pero a  mí me gustaría ser una campesina un poco hippie- proseguí la conversación. Quisiera saber de yoga, meditación o por lo menos practicar Tai chi, andar descalza por el campo, usar el cabello bien largo y hasta usar faldas con estampados. ¡No me la imagino!  Usted no tiene ni pinta de hippie ni mucho menos de campesina- dijo él.

Por fin llegué a mi parada,  entre el tumulto logré salir de aquel bus.

Los Neocampesinos

A veces sabía de alguna persona que había dejado su empleo y su vida citadina para mudarse al campo. En mi país los llaman los Neocampesinos, también  conocí personas que habían traído algo del campo a la ciudad, sembrando en huertas comunitarias, jardines y hasta en el espacio público.

La nena saludando un caballito

Viviendo en el campo

Diez años más tarde, me encuentro aquí… si aquí, en el campo pero en otro país, en otro continente y a veces parece que en otro planeta. Cambié  mis tacones por unas botas de jardín, el bullicio de la ciudad por los sonidos del campo, mi agenda de trabajo por un cuaderno para la huerta, los pesados archivos públicos por libros de agricultura, las reuniones de trabajo por secciones de jardinería, el noticiero y la novela de la noche por el espectáculo estelar, en el cual he podido ver los cambios de las fases de la luna en vivo y en directo.

En los últimos meses he aprendido  que debo levantarme cuando el gallo de mi vecino canta por cuarta vez, mi perra Mara ya no cree que los caballos son perros grandes y mi hija ya no piensa que la comida viene de los supermercados. Nos hemos maravillado con la abundancia de la naturaleza y hasta con la abundancia de las plagas, que no dejaron manzana sin agujero en la última cosecha o como  los caracoles y babosas, que con su un apetito voraz no han dejado ni apio, ni zanahoria  en pie en la pequeña huerta. Aprendimos que no solo existen abejas que viven en panales, nos hemos vuelto solidarias haciendo refugios para las abejas solitarias.

En el intermedio

Sin embargo, a pesar de  querer encajar  no somos como nuestros amables vecinos, que se  han divertido con nuestra ignorancia e incompetencia en temas del campo. Pero tampoco queremos ser seres de ciudad, aunque nos gusta participar mucho de las actividades culturales y artísticas que ofrecen los lugares cercanos. Tampoco hemos renunciado a la tecnologías porque nos mantenemos en contacto con la familia y amigos por WhatsApp y Skype, somos tal vez como dijo mi hija el primer día que llegamos aquí, el día en que nos instalaron el servicio de de internet: somos Campesinos con Wifi.

Sombras con la escalera para recolectar manzanas