Una Huerta con Residuos de Cocina.

Unas papas y ajos de mi alacena que quieren ser sembradas.

En tu despensa se esconde una gran riqueza que quiere germinar si le das la oportunidad. Solo tienes que hacer algunas cosas  simples como dejar un tallo en agua y esperar un poco, de repente como por arte de magia la vida y hasta  la abundancia se presentaran ante tus ojos. ¿Te cuento cómo?

Muchas de las partes que cortas de los vegetales que hasta este momento pensaste que eran basura no lo son, esos “ desechos” son los iniciadores de tu futura huerta que puedes realizar hasta en  una maceta.

Parte de mi huerta está conformado por “residuos” de la cocina. A través de esta entrada al Blog te contaré mi experiencia así como las necesidades  de espacio,  luz y hasta temperatura de tu futura huerta con residuos.

Rebrotes 

Apio: tal vez este es uno de los rebrotes más fáciles de hacer y con el que por lo general he tenido casi siempre éxito.  Para hacerlo solo le tienes que cortarle la base al Apio y la dejas en agua en un lugar de tu casa más o menos soleado. Esta es un planta que se cultiva en invierno/otoño pero si vives en el trópico un lugar fresco y con algo de sol será el espacio ideal . Es importante que le cambies el agua por lo menos día de por medio, ésta solo debe cubrir ligeramente la parte inferior de la base.

En algunos días verás que le saldrán raíces, posteriormente los tallos de su base se alargarán y hasta le saldrán las hojas. Cuando veas que tiene varios hojitas y la planta esté fuerte ese es  el momento de sembrarla en la tierra, lo cual puedes hacer en un maceta de unos 20 a 50 centímetros. Son buenas vecinas de casi todos los cultivos.

Para cosecharla deberás esperar hasta que la planta se desarrolle, es decir  casi noventa días después de  su siembra, posteriormente puedes ir  cortando los tallos  según tu necesidad. Las hojas de esta planta  también son comestibles.

Puerro: Es igual que el procedimiento del apio. Cuando ya veas crecer el tallo la puedes sembrar en un lugar fresco semisoleado en una maceta de unos 15 centímetros de profundidad. Este es un cultivo de finales de invierno/ principios de primavera.

Este puerro que está creciendo haces unas semanas era parte de mi nevera.

Lechuga: Es el mismo procedimiento anterior, es importante tener cuidado para que no se pudra en el proceso. Necesitarás una maceta de uno 15 a 20 centímetros. Una lechuga esta lista en unos treinta días, en ese momento puedes cortar las hojas desde su base y seguir recolectando de  la misma planta dos cosechas más, en la siguiente dejas que la planta se desarrolle hasta su floración que es cuando comienzan alargarse, en ese momento tu planta tendrá un sabor amargo pero pronto podrás recoger hasta las semillas si algún polinizador afortunado la visita.

En esta foto puedes ver unos rebrotes de jengibre, lechuga y algunos esquejes.

Por lo general son buenas vecinas de otros cultivos menos de los repollos, necesitan espacios semisoleados y se pueden cultivar en climas fríos.

Bulbos: 

Ajos: Desde que vivo en el campo he notado que los dientes de  ajo que uso en la cocina cuando se acerca la primavera quieren ser sembrado porque les comienzan a salir una puntas alargadas verdes, escojo los más gorditos y los siembro con la base hacia el suelo. A veces uso el mismo procedimiento anterior y veo como de su base salen las raíces.

Los ajos son un cultivo de invierno/inicios de primavera, un lugar fresco y semisoleado les sentarán de maravilla. Para sembrarlos solo necesitas una maceta de uno 15 a 20 centímetros de profundidad. No son buenos vecinos de las alverjas ni de los frijoles.

Este ajo era parte de mi despensa y ahora está creciendo en la huerta.

Los ajos se cosechan  casi unos siete meses después de su siembra, cuando la planta se marchita y se seca completamente es el momento de sacar los ajos, los debes dejar secar al sol antes de guardarlos por lo menos por un día entero, después los guardas en lugar oscuro y ventilado en tu alacena.

Tubérculos 

Papas/Camotes y otros:  las papas que he sembrado en mi jardín todas han venido de mi cocina, por lo general voy guardado la papas a las que les crecen raíces y a finales de invierno / inicios de primavera las siembro. Las plantas crecen con una velocidad impresionante, cuando se marchitan y desaparecen es el momento de cavar para buscar el gran tesoro. A mi me encanta desenterrarlo.

Las papas las puedes sembrar también en casa solo necesitas una maceta de unos 50 centímetros de profundidad, seguramente no podrás sembrar muchas plantas pero te podras divertir mucho cuando llegue la cosecha. Este es un cultivo también  de época fría. 

Te cuento que no he tenido mucho éxito con rebrotes de zanahoria ni con los de remolacha pero otras personas si lo han logrado, todo es cuestión de experimentar.

En este  momento estoy intentando con jengibre y  dos lechugas que compré porque las que tengo en la huerta  ya les recogí su primera cosecha y otras  están muy pequeñas.

Esquejes: puedes tener toda una planta nueva realizando un corte  de una rama de unos 15 centímetros con  unas tijeras bien afiladas, le quitas las hojas de la parte inferior y la dejas en agua con el mismo procedimiento del apio.

Puedes sacar esquejes de albahaca, romero, lavanda, rosas entre otros. Un esqueje que puedes practicar en casa es el de la albahaca.

Albahaca: esta es una planta que necesita sol y un clima templado, por eso si compras en un  supermercado un manojo de esta planta es mejor dejarla afuera de la nevera en un vaso con agua y vas usando lo que necesites, si dejas unas ramas por unos 15 días en agua podrás ver que le salen raíces. La albahaca es una planta anual y necesitas una maceta de unos 15 a 20 centímetros.

Germinados: esta es una forma de cultivar y usar los vegetales en su etapa inicial. Se pueden hacer germinados de diferentes semillas ( las cuales deben ser biológicas) y también se pueden hacer de granos que tengas en tu alacena. A mi me gusta la técnica a través de un colador más que con un frasco de vidrio.

Lentejas: dejas las lentejas en agua de un día para otro, posteriormente la escurres y las dejas en un colador al sol, las vas regando con un atomizador o con un poco de agua todos los días, en un pocos días germinaran y podrás usarlas en ensaladas, sándwiches o salteados.

Seguramente necesitaras algun abono para tu plantas, si tienes espacio puedes hacer una compostera y si no lo tienes podrás hacer compost para quienes no pueden hacer compost (ver entrada).

¿Tienes otra técnica que me quieras compartir?

Jabón de Pedacitos (Una idea para recuperar y no desperdiciar jabón)

El jabón usado que recolecté para hacer este experimento.

El jabón, ese humilde producto que nos ha acompañado desde hace casi tres mil años hoy se convierte en nuestro principal aliado para combatir el Covid-19. Pero cuántas veces no hemos despreciado ese minúsculo pedacito que queda en el lavamanos o en la ducha, los cuales por lo general terminan en la basura. Ignorantemente lo tiramos porque creemos que ya no tienen ningún uso cuando tienen un gran potencial de recuperación.

En el último año con el fin de hacer mejores esfuerzos para la implementación de la filosofía “Zero Waste” en casa me dí la tarea de ir recolectando a lo largo del año los pedacitos despreciados de jabón hasta llenar a un frasco de vidrio mediano. Hace como unas cuatro semanas completé el frasco y por fin pude saber de primera mano si era posible recuperar jabón.

Los trozos de jabón que use.

El proceso es fácil y existen muchas formas para recuperar el jabón, a mi llamo la atención la siguiente que te voy a compartir.

Insumos

  • Pedacitos de jabón, en mi caso reuní como 107 gramos, muchos de los cuales estaban muy secos.

  • Una bascula o gramera, pero creo que para este caso tan sencillos se puede usar el “ojimetro” ( calcular al ojo).

  • Unos recipientes que sirvan de moldes, yo use unos embalajes que tenía.
  • Un cuchillo o un rallador de cocina.

  • Agua.

Método para fundir el jabón: fundí los pedazos mediante el método de baño de maría, para lo cual utilizas dos ollas superpuestas, la que está en contacto con el fogón contiene agua, ojo no mucha porque la otra olla debe encajar dentro de la primera y si contiene mucha agua ésta se derramará, en la segunda o interna colocas el jabón. En mi caso use un Pyirex resistente al calor. Algunas personas solo le añaden agua caliente a los jaboncitos para derretirlos y los dejan de un día para otro, otras hacen un amasijo con los pedazos lo cual es mucho más fácil pero creo que con los trozos de jabón tan secos que tenía era mejor esta forma que te explico en esta entrada

Pasos:

1.Trocear o rallar el jabón, en mi caso decidí trocearlo pero creo que es mucho mejor rallarlo, porque el proceso de fundido será más rápido.

2. Fundir el jabón troceado o rallado al baño de maría. El jabón se comenzará a fundir como una melcocha. Si tu jabón no se funde tan rápido podrás añadir agua, que es el paso siguiente.

3.Agregar agua, menos de la mitad de la cantidad de jabón, esta se la puedes ir agregando paulatinamente hasta que el jabón se funda y éste casi homogénea. La cantidad de agua puede depender de si tus jabones están muy secos o no. . En mi caso mis jaboncitos estaban muy secos, creo que para una futura oportunidad los guardaré en frasco cerrado para que no pierdan tanta humedad. Si te llegas a pasar un poquito con el agua tendrás que esperar unos días más para que el jabón seque en los moldes.

4.Poner la mezcla en los moldes.

En mi experimento me pasé un poco con el agua y los tuve que dejar varios días a secar en los moldes, cuando me pareció que estaban firmes los desmolde.

5. Desmoldar y cortar.

6.Usar.

La textura de los jabones que resultaron de este experimento casero fue un poco esponjosa en un principio, debido a que me pasé un poco con el agua y algunas pequeños tozos de jabón que no derritieron bien le dieron un efecto marmolado al resultado lo cual me pareció hasta interesante, cuando los probé quedé muy satisfecha con el resultado porque funcionaba muy bien y hacían un espuma muy agradable.

Esta alternativa funciona perfectamente y así nunca más tendrás que tirar este recurso a la basura

El tigre y el pulpo

Por Fernando Galindo Gordillo

Oceanario, Lisboa.
Fotografía: Fernando Galindo Gordillo.

Era la primera cita. Como suele ocurrir intercambiamos risas, bromas e insinuaciones. Me gustaba su sonrisa. Hablamos de nuestros autores favoritos, de la música que nos gustaba, no recuerdo si hablábamos sobre la existencia de los extraterrestres, pero sí hablamos sobre los animales y no, no le gustaban… y no se refería a las palomas o a los ratones, se refería a los animales en general. Quedé pasmado. Mi interés desapareció a la manera en que un globo cuando lo besa un alfiler.

He vivido asombrado por nuestros compañeros de ruta a lo largo de mi vida. Entiendo a la perfección la dedicación de los veterinarios y los zoólogos. En mi memoria se conservan las historias de la literatura sobre los perros, los calamares, las ovejas y los gatos, incluso escribí un artículo sobre el tema. Me imagino que este amor comenzó en la infancia, no sé si lo soñé, pero recuerdo a mi mamá cuidando a una oropéndola que había caído herida en el garaje. Muchos de los momentos más conmovedores en la vida los he pasado en la compañía de un perro y estoy seguro de que para muchos también ha sido así. Cuando supe que Descartes los consideraba simples máquinas, lo desprecié. Después de ver quince minutos de un documental decidí convertirme en vegano y a pesar de los viajes y los tropiezos, lo soy y espero seguir siéndolo. Aquí en el blog hay una serie sobre este tema.

Cuando mi hermana bautizó este blog pensé durante un rato en la palabra clave, “Coherencia”. Hoy, cuando el imperio del capricho es exaltado hasta la saciedad, cuando infinidad de personas sueñan con darle rienda suelta a cualquiera de sus deseos, conviene examinarla con mayor cuidado. Coherencia proviene de unir, pegar. En el Diccionario de Filosofía del pensador existencialista Nicola Abbagnano, se lee “ (…) implica, en efecto, no sólo la ausencia de la contradicción, sino también la presencia de relaciones positivas que establecen una armonía entre los elementos del sistema.” Se trata, en suma, de entramar los ideales que abrazamos con nuestros actos; esto reclama un compromiso, una suerte de militancia que combate al capricho. Nos hemos acostumbrado a las arengas y a las marchas y a los avisos y a las consignas, muchos creen que es suficiente lanzar su indignación en las redes sociales sobre los incendios y sobre el maltrato, pero antes de cualquier queja es preciso pensar si estamos a la altura de nuestros ideales, si enlazamos nuestros actos a la luz de lo que representan. Resulta un privilegio ser testigo de las personas que sí lo hacen, que viven ese camino.

Porque no es sencillo, porque nuestras costumbres están tan presentes y han arado tan profundo que de manera casi automática terminamos repitiendo los actos que condenamos. Se precisa una conciencia, que quizá consigan los grandes discursos; sin embargo es imperativo mantenerla, que únicamente se logra cuando los comportamientos que la respaldan se convierten en hábito. La coherencia es la unión entre los ideales y los actos. Muchos claman por las grandes soluciones y sería extraordinario tenerlas, pero si tan solo contáramos con la coherencia de quienes defienden los ideales en los diferentes medios, tendríamos a nuestra disposición mucho más de cuanto tenemos.

Porque mucho de cuanto se habla sobre el medio ambiente y el cuidado de nuestro planeta se habla por moda. Porque cientos de quejas se formulan desde una plataforma moral inexistente, que quiere aprovechar el reconocimiento, pero busca ahorrarse el trabajo del compromiso. Las palabras son una herramienta asombrosa, no obstante la evidencia de su elevada capacidad de manipulación apareció desde muy temprano. Y ni hablar de las redes, los memes, los post, las quejas, los señalamientos. Quizá si el primer umbral de un ideal sean las palabras el último es el comportamiento. Sin este hay poco.

El amor y la curiosidad por los animales me ha llevado en los viajes a varios zoológicos y acuarios del mundo. La justificación de estos lugares nunca faltó en mi reflexión. Recuerdo la historia de una tortuga malherida que era cuidada en el acuario de Chicago. También las palabras de varios defensores de los zoológicos que hablaban de la importancia de estos lugares como sitios para la pedagogía y la enseñanza ambiental en las escuelas. El cuidado que he visto es extraordinario. El Oceanario de Lisboa es uno de esos ejemplos portentosos. Me gustaría defender los zoológicos y los acuarios justamente porque los quiero, porque sé que es mi mejor oportunidad de observar a las criaturas que he querido tanto. Sin embargo en Japón tuve dos experiencias que levantaron de inmediato un tribunal, la primera un tigre.

En el zoológico de Tokio, mientras la mayoría hacía una fila enorme para ver a los pandas, yo fui primero a los tigres, vi uno, un animal joven, con los músculos tensos, con la mirada fija en la puerta, sin determinar a las personas que lo mirábamos desde el cristal, caminando de un lado para otro una y otra vez. La mayoría de personas se fueron. El tigre continuaba desgastando el suelo. Yo me quedé, quién sabe durante cuánto tiempo. No pude tomar una sola fotografía, no era capaz; no me hubiera dolido tanto si estuviera echado en el suelo, sangrando. Muchos insisten en que no podemos comprender a los animales, que creamos una proyección de nuestra ética al instinto de ellos, pero esto no era así. Entre las criaturas más complejas el sufrimiento es un lenguaje universal: están los llantos, la mirada, la desesperación y eso lo entendemos y lo entendemos de sobra.

Cuando llegué a mi animal favorito el golpe fue contundente. El pulpo es una de las criaturas más extrañas y extraordinarias en nuestro planeta. Estamos a orillas opuestas en el árbol de la vida y, sin embargo, su desarrollo de la conciencia y el nuestro se encuentran. El pulpo juega, recuerda, se mimetiza, hace contacto con la mirada, se intuye que sueña por el comportamiento de su piel, sale de laberintos, ha escapado de acuarios, es un cazador asombroso, incluso emplea herramientas. Y un animal de semejantes capacidades permanece encerrado allá en un estrecho cubo de cristal. No sé quién lo dijo, pero el bienestar de una criatura está en el desarrollo pleno de su potencial. A partir de esto ninguno de los animales en un zoológico o acuario están bien, por más amplio que sea el espacio o sofisticado, por más estrecho. El tigre solo está bien en la selva; el pulpo, en el mar.

Necesitamos pensar nuestra ética a la luz de nuestras circunstancias actuales, de nada vale arrastrar una de un período histórico anterior a la industrialización y a la agricultura moderna, donde se no contaba ni con las posibilidades que hoy tenemos ni con el conocimiento que como especie hemos alcanzado. No tiene sentido que sigan existiendo zoológicos, por más sofisticados que sean, por más que contribuyan al aprendizaje. El respeto no puede tener excepciones, menos aun cuando la excepción descansa fundamentalmente en el entretenimiento.

El desafío de la coherencia no descansa en el instante en que nos enfrentamos a un episodio sencillo, sino cuando encaramos una dificultad, cuando debemos rendir a nuestros ideales el tributo de nuestro comportamiento. El cambio climático despierta la indignación de millones de personas en el mundo, pero conviene preguntar cuántos transforman efectivamente esta indignación en mitigar el problema. El cuidado animal es respaldado a cada instante, sin embargo cuando llega el momento de actuar y tomar medidas, comienza el desfile de excusas y caprichos que produce una satisfacción vacía y, ante las personas honestas, vergonzosa. La coherencia precisa sacrificios. Nos acostumbramos a pensar que todos nuestros gozos son inocentes y si bien algunos fueron satanizados durante siglos, otros, en realidad, tienen un precio, que por lo general no paga quien los disfruta. La encantadora curiosidad por ver a un pájaro encerrado lo paga él con su propia libertad.

Fotografía: Fernando Galindo Gordillo.

El consumismo tiene tu número. Segunda parte, “Lo vacío”

Fotografía: Fernando Galindo G.

Por Fernando Galindo Gordillo

Después de haber leído varias novelas y libros de antropología e historia, después de reconocer la belleza de las ciudades en las fotografías y en los documentales, en mis manos descansaba la oportunidad de recorrer Japón. Cuando lo escribo no termino de creerlo, pero fue así, y en las calles de Hiroshima y Kioto debía convertirme en el estudiante que atiende a los templos y a los museos, que quiere comprender los ritmos y la atmósfera que se dan en los lugares mismos donde se desarrolla la cultura. Aprendía, desde luego, pero el consumismo había llamado a mi número, las bolsas llenaban la habitación y, el control del cual me preciaba en otros lugares, incluso aquí en casa, había sufrido un desmayo.

En un abrir y cerrar de ojos pasaba de un extremo a otro en unos cuantos pasos. A un lado el bullicio de los centros comerciales y la ordenada exhibición de maletas y productos de belleza, al otro un templo silencioso, donde las personas aguardan su turno para purificarse las manos en una fuente con un dragón. En una esquina aparece una sofisticada calle con cafés elegantes y edificios portentosos; al interior, entre los caminos escondidos, la puerta de un templo, donde varios budas caminan a la orilla de fuente, entre piedras y pájaros. El desconcierto era normal.

Fotografía: Fernando Galindo G

En medio de esta situación pensé que era fundamental analizar mi relación con las cosas y levantar un tribunal que juzgara mis hábitos como consumidor. Estaba seguro de que las mismas lecturas y el trabajo que había hecho me echarían un mano, también tenía la sospecha de que el mismo Japón, su cultura tradicional, ofrecía una serie de recursos valiosos en este dilema.

Primero, detengámonos un instante a reflexionar: la atracción es inevitable y enciende la llama de la curiosidad (aparece una tienda nueva o estamos en un lugar diferente, nos han recomendado ese sitio); después, cuando nuestra observación ha quedado atrapada durante un buen tiempo, llega el momento definitivo de la compra o la partida y, cuando se ha repetido varias veces este proceso aparece un instante inconfundible: el hastío, las mismas cosas y las mismas vitrinas. Y el péndulo del cual habló Schopenhauer realiza su trabajo: del hastío vamos al deseo (¡hay algo nuevo!) y del deseo al hastío (esto… es lo mismo). De esa manera se forma un hábito que se repite independiente del lugar, a veces parece que lo controlamos porque lo repetimos en los mismos escenarios, sin embargo, cuando nos desplazamos de un lugar o la rueda de los cambios presiona el acelerador, el resorte del deseo se dispara una y otra vez. Y esta situación no es inofensiva, produce un verdadero malestar.

Creo que es fundamental pensar nuestra relación con los objetos. Esta es la primera idea. Dentro de los templos y los jardines, a lo largo de las diferentes ciudades, no se veía la desnudez pura, sino la dinámica entre unos cuantos objetos y el vacío, a la manera de esas pinturas taoístas que tanto influyeron en Japón. Se trata de una meditación cuidadosa en el espacio que se habita, en la pertinencia del objeto que se tiene y en la relación estética que se da entre los dos. Esto exige un trabajo peculiar.

Fotografía: Fernando Galindo Gordillo

En los viejos palacios de los zares allá en San Petersburgo, donde se asoman las fuentes y las interminables galerías de comedores, porcelanas y samovares, existe tanta decoración, son tantos los objetos, que la mirada termina cansándose y el trabajo y el ingenio de miles de personas molesta más de lo que agrada. Cuando Durero vendía sus grabados sus clientes consideraron que el orden de los precios debía obedecer a la cantidad de figuras que aparecía, así los más costosos eran los más llenos, justo los más difícil de observar. La idea del vacío es la clave.

Hoy la facilidad de comprar está al alcance de más y más personas. Nunca en la historia se había producido y se había tenido tanto. Aquí en el blog se encuentran numerosas entradas sobre las razones de estas circunstancias y las consecuencias de esta situación. El acumulador, no me refiero solamente a la caricatura de esa persona, sino a la mayoría que mira con recelo un cajón tan pesado que no desliza bien, vive una relación paradójica con las cosas: después de cierto punto mientras más tiene, menos; y no se trata solo de tener, sino de encontrar y usar, y no solo se trata de usar y encontrar, también de valorar. Y en esta relación el vacío desempeña un papel casi mágico.

Fotografía: Fernando Galindo G.

Mientras arreglaba la maleta, ya no me encontré pensando cuánto espacio vacío debía llenar con mis compras, sino cuanto vacío me hacía falta. Recordé un documental que había visto sobre minimalismo y encontré varias entrevistas y canales de videos. Estaba contento. Pensé que había encontrado una manera de liberarme, pero no tardé en reconocer que el desafío presentaba una complejidad considerable: no estaba lidiando con una premisa que había desmentido, no tenía enfrente una trampa cuya maquinaria había descubierto, se trataba de un hábito y los poderes convencionales del racionamiento no surten el mismo efecto: el fumador es capaz de informarse sobre el cáncer de pulmón mientras enciende su tercer cigarrillo. El consumismo tiene nuestro número, porque con las maneras más escrupulosas han formado un hábito, donde entienden que el precio de mantenerlo latente, de mandar tan rápido como fuera el péndulo, es apretar el acelerador de la novedad a cada instante. Sobre este tema también hay referencias en este blog.

Fotografía: Fernando Galindo G

Como un hada madrina una amiga antes de mi viaje me había regalado “La mente ansiosa” de Judson Brewer. Lo llevé al viaje, lo leí en el vuelo, practiqué algunos ejercicios de meditación y mientras recorría los jardines de piedra del budismo zen, entendí que frente a la cantidad de estímulos que estaba viviendo la meditación no debía ser una actividad esporádica, sino una disciplina diaria. Frente a un mundo saturado de estímulos comerciales no imagino mejor ayuda.  El vacío en nuestro entendimiento también es fundamental, esos momentos, los veinte o quince minutos diarios atendiendo a los ritmos de la respiración, contribuyen a guardar el gobierno de sí. Con la meditación reconocemos en cámara lenta al hábito que buscamos desterrar, lo reconocemos mientras ensambla sus elementos y, al ritmo que lo observamos, sí somos capaces de intervenir.

A pesar de estas reflexiones es importante decir que no podemos sobreestimar nuestras capacidades. La comprensión del vacío, como un elemento material y psicológico en nuestras vidas, es una herramienta fundamental, que permite adquirir más. Sin embargo no es suficiente. La defensa de nuestro libre albedrío necesita una revisión continua de nuestros hábitos, un examen riguroso, ya sea desde la misma comida hasta nuestras fantasías, desde la nutrición del cuerpo hasta el alimento del deseo.  Pareciera una exageración, pareciera que este fuera el momento para hablar de conjuras y pactos, pero no. Hemos sido educados por la saturación de estímulos comerciales, la palabra “educación” no cuenta con la fuerza suficiente: hemos sido –modelados- por esta saturación, mejor así. Cuando decimos –modelados- es claro que entre los distintos eslabones del sistema se busca el comportamiento más conveniente, la adicción. Lo han logrado y de qué manera y a qué costos.

Fotografía Fernando Galindo G.

Después del regreso mi relación con los objetos cambió a lo largo de estos días. Me maravilla el ingenio, el virtuosismo, la creatividad casi ilimitada que se despliega, sé que me gustaran decenas de productos que vea, pero ahora reflexiono con muchísimo cuidado antes de comprar cualquier cosa. Me leí el libro de Marie Kondo, de quien había visto decenas de videos, y me sentí maravillado ante la nueva relación que tenía con mi casa y con las cosas.  Seguí el método al pie de la letra y si bien mis convicciones religiosas son inexistentes, advertí que en la relación con nuestras cosas siempre latirá un animismo: lo sabe el músico con su guitarra, lo sabe el profesor con sus libros, lo sabes los padres con los dibujos de sus hijos. Debí encontrarle otro hogar a muchas cosas que me habían acompañado durante mucho tiempo y no fue sencillo. En este camino la relación con los objetos que me acompañan, la reflexión por el uso que les he dado y por las personas que las hicieron, ha cambiado notablemente, ahora aparece un elemento que la ansiedad y los viejos hábitos impedían ver con frecuencia: la responsabilidad; aparece otro, igual de importante, la gratitud.

Fotografía: Fernando Galindo G

El consumismo tiene tu número. Primer parte “Lo lleno”

 

El consumismo tiene tu número. Primera parte, “Lo lleno”

Fotografía: Fernando Galindo G.

Por Fernando Galindo Gordillo

En ocasiones es simplemente divertido deambular por las tiendas y mirar el desfile interminable de productos y recordar, a la manera socrática, la cantidad de objetos y productos que no necesitamos, tomarlos entre las manos, detallar las texturas y los colores y dejarlos de nuevo en la estantería a la espera de un comprador urgido que quizá sí los necesite, que quizá no sea inmune como nosotros a las seducciones del diseño. Se siente bien. Caminamos entre los anuncios de ofertas y la galería de productos con cierta altivez, pero es preciso recordar, de cuando en cuando, que el consumismo tiene nuestro número. Y esto merece una explicación… a decir verdad merece varias.

LeBron James ha sido uno de los jugadores de baloncesto más impresionante de todos los tiempos. Pareciera que los dioses no se hubieran ahorrado con él medio talento. Como todo gran jugador LeBron ha protagonizado varias leyendas, pero la más exquisita, según muchos, no fue la victoria de un campeonato, sino las finales de conferencia contra los Toronto Raptors en el 2018. Después de haber visto baloncesto durante toda mi vida puedo decir que esos partidos fueron lo más parecido a un pacto con el diablo. El fenómeno fue tan aterrador que recibió un nombre: LeBronTo. Cuando entrevistaban a los capitanes de los Raptors, uno de ellos, cabizbajo, casi llorando, pronunció la frase: “They got our number…they got it!”

LeBron y los Cavaliers sabían dónde les dolía las jugadas a sus oponentes, sabían cómo frenar sus ataques, sabían cómo propinar los suyos, los tenían calibrados desde el primer minuto hasta el final del partido. Tenían el número y lo iban a usar, habían descifrado cada aspecto de su juego y durante el partido no tardaron en convertirse en el gato que sencillamente se pasa al ratoncito de una pata a otra. Así pasa con el consumismo. Quizá en una tienda de variedades, quizá en centro comercial podamos deambular con la altivez de mirar los productos con cierto desapego como si estuviéramos libres de sus hechizos y encantos, y esto acaso nos dé cierta presunción, pero es un error sobreestimar nuestras capacidades. Aunque no parezca el consumismo tiene nuestro número y lo va a usar. 

Fotografía: Fernando Galindo G.

Salvo con los libros, he sido inmune a muchos de sus encantos. Mientras los demás se van de narices por comprar estos televisores o aquellos equipos, yo me había mantenido a raya, como si tuviera una suerte de control sobrehumano cuando los demás perdían el suyo. Me sentía orgulloso e incluso algo pedante: yo sí podía; los demás, no. Sin embargo comencé a reconocer que en los viajes flaqueaba, que tenía una serie de razonamientos especiales para comprar el imán para la nevera, la bolsita de tela, el regalo para el hermano, la camiseta con el escudo, cualquier tontería para dejar sobre una mesa o adornar las estanterías. Y he comprado algunas cosas hermosas que me han traído alegría o han sido útiles. También he comprado otras por el mero ejercicio de comprar, por darle un empujoncito más al circuito de la dopamina. Pero cuando me comparaba con los demás no salía mal librado: primero porque veía a las personas que más tonterías compraban, segundo porque los rivales no tenían mi número. Cuando llegué al Japón me di cuenta de que allí sí lo tenían.

Fotografía: Fernando Galindo G.

Traté de contenerme, había salido triunfador en tantos y tantos lugares, había ganado cuando los demás habían sido humillados en una tienda de peluches o de imanes, pero en las papelerías de Tokyo entendí que mis barreras se desmoronaban: eran las cajitas de música más hermosas que pudiera imaginar; el papel origami en una variedad de motivos y texturas exquisita en cada lugar y de todos los precios, eran los modelos desarmables hechos con pitillos, papel y cartón, ya fuera para hacer dinosaurios de treinta centímetros o el gato-bus de “Mi vecino Totoro” del tamaño de una mano. Me convertí en el indefenso ratoncito entre las patas. Las tiendas de cámaras fotográficas me esperaban con cada uno de los detalles que aparecen en los catálogos. El surtido de camisetas era inagotable, nunca me había imagino tantos y tantos diseños. En la estación central de Kioto era un té, un postre, entre centenares de tiendas; y, al tiempo que comenzó el desfile de excusas, la habitación del hotel se empezó a llenar de bolsas. El partido había iniciado y había arrancado mal…

Fotografía: Fernando Galindo .G

Por no decir terrible. En Shibuya, en la zona más turística y concurrida de Tokyo, la marcha de consumismo anda a esteroides, como ninguna zona que hubiera visto. Las quejas por la mala situación de la economía son comunes en Japón, pero no puedo imaginar cómo se veía antes si en ese momento me producía vértigo. Las personas gastan a manos llenas. Los centros comerciales crecen en cada esquina e incluso en las estaciones subterráneas. Hay ofertas, remates, luces, anuncios, nuevas colecciones, tiendas de kimonos, cajas, abanicos, furoshikes (son las telas decorativas para envolver), tiendas eróticas de más de cinco pisos y librerías de siete, sótanos de videojuegos de hace treinta años y edificios llenos de máquinas tragamonedas, locales enteros de máquinas dispensadoras con la cara de Goku, con modelos de las figuras prehistóricas de Japón, con los personajes de Mario Bross, con los mil y un peluches, y, si bien no están Los Avengers o Batman, la figura de Snoopy y Woodstock están en carpetas, abanicos, cajas, telas, llaveros…. La proporción me pareció abrumadora. Y semejante ritmo de compras crea un pulso en el lugar, el efecto de acumulación es difícil de prever, el circuito de la dopamina termina prendiéndose y de qué forma.

En “Del amanecer a la decadencia” (Taurus, 2001), Jaques Barzun cuenta la historia de cómo a mediados de la década de los veinte del siglo pasado el capitán de la armada Raymon Loewy ganó reconocimiento al señalarle a los fabricantes una manera más agradable de presentar sus productos. En ese instante comenzó la carrera. Hoy estamos presenciado su etapa más avanzada. La psicología ha ido desnudando los entresijos de nuestro albedrío. Las capacidades de los algoritmos y los computadores hacen posible manejar cantidades de información gigantescas. El mundo del marketing y la producción están en un momento que parece de ciencia-ficción. Por un lado, la enorme plaza del mundo ofrece casi todos los productos imaginables; por otro las estrategias para venderlos nunca han sido tan avanzadas. En una mano una galería casi infinita, desde kimonos para gato hasta tenis “inteligentes” que se amarran los cordones, algunos con el diseño más sofisticados imaginables; en la otra el conocimiento más avanzado en psicología y a partir de este conocimiento las estrategias de venta más rigurosas y efectivas. La dinámica que producen ambos frentes anda a una marcha asombrosa.

Fotografía: Fernando Galindo G.

Caí. En un abrir y cerrar de ojos tenía decenas de tonterías en la maleta. Yo pensé que mi contención era suficiente, pero las nuevas estrategias, la cantidad y la novedad de los productos, no tardaron en demoler mis defensas. Ante semejante emergencia, que los extractos de las tarjetas no tardaron en avisar, recordé mi frase más querida de Goethe: “Que solo hable de libertad quien se sabe gobernar a sí mismo”.  Para mí es una suerte de mantra. El gobierno de sí es el gran tema. Damos por sentado que somos libres cuando somos afectados por mil causas. Es preciso recobrar ese mando. La avanzada del consumismo de hoy precisa estrategias diferentes. 

Pero Japón no solo ofrecía “Lo lleno” en un consumismo avasallador, que se levantaba con una fuerza asombrosa delante de nuestro libre albedrío. Japón era la tierra que mejor había comprendido, a mi parecer, la necesidad del vacío. Sus largos y hermosos jardines, la sutilidad de su arte, la naturaleza de sus santuarios, la comprensión de las dinámicas entre las cosas y el espacio que habitan, todo enseña una estética y, esa estética, también es un modo de vida. Pronto las viejas enseñanzas que había leído en otras oportunidades salieron a mi encuentro. Japón tenía “lo lleno” en los distritos turísticos y en los centros comerciales; pero mostraba la importancia del vacío en su cultura tradicional.  De pronto, pensé, el gobierno de sí mismo se pueda ayudar aún más comprendiendo mejor este tema. Miré mi maleta suspirando. Estaba a mitad de viaje y estaba seguro de que en este enfrentamiento aún no se había escrito la última palabra.

Fotografía: Fernando Galindo G.

El consumismo tiene tu número. Segunda parte,“Lo vacío”

Tras el rastro de la Anaconda

Las plantas cantan, el oro es como gotas de sol escondidas en la tierra y las montañas son sagradas. Es un lugar mágico, peligroso y desconocido en donde los hijos de la Anaconda se resisten a sucumbir a las trampas del progreso.

Uno de los ecosistemas más importantes del mundo se nos presenta aún prístino gracias a la protección de las  tribus indígenas  y a que el conflicto armado en Colombia lo ha protegido durante medio siglo al hacerlo aún más inaccesible.

La naturaleza que reina este espacio es sagrada, lo cual se siente a través de sus cavernas, montañas y majestuosos ríos y cascadas. Es el sendero de la Anaconda, un complejo de ecosistemas que se relacionan entre sí desde los Andes colombianos hasta el Atlántico, recorrido que nos presenta el científico Canadiense- Colombiano Wade Davis en su último documental.

Este viaje es también el gran anhelo de su corazón. Por fin puedo seguir los pasos que transitó su mentor Richard Evans Schultes, quien en su niñez a la edad de siete años  en una cama de hospital leyó los diarios de exploración del Amazonas de Richard Spruce, y desde ese momento comenzó a soñar con este paraíso para continuar trabajando en su legado. 

Relatos que Wade Davis escribió en su libro el Río, los cuales  inspiraron junto con otros diarios de exploradores la galardonada película El Abrazo de la Serpiente.

Al ver el documental recordé varios pasajes de su libro, del cual me impresionó saber que  varios miembros de las tribus indígenas pueden escuchar a las plantas. Durante mucho tiempo me pregunté cómo era eso posible y en qué momento la cultura occidental había perdido esa facultad.

La Selva es un lugar mágico y desconocido, lleno de una biodiversidad inimaginable. Que ha tenido que soportar el saqueo en todas sus formas. Por un tiempo fue la quina, el caucho y hasta las almas no evangelizadas de los indígenas, hoy en día lidia con la deforestación y la amenaza de la minería. 

Los resultados de nuestro  arrasador progreso nos confrontan, a pesar de usarlo como caballo de batalla para combatir los problemas de la pobreza y del hambre en el mundo  seguimos sin resolverlos. A lo cual se suma una ola de devastación y  los efectos del cambio climático.

A través de este viaje, el cual se realiza después de ochenta años del trabajo de  recolección de más 2.000  especies de plantas  por parte de su mentor,  Wade Davis recorre sus pasos y se reencuentra con su amigo y científico colombiano Martín von Hilderban, quien ha dedicado casi toda su vida a la protección de la Amazonía Colombiana y  ha apoyar a las tribus indígenas que aún permanecen allí, las cuales se han negado a perder su cultura y su forma de vida.

Este  viaje  documentado a través de las zonas más recónditas de la selva colombiana por el Río Apaporis y la serranía del Chiribiquete nos invita a contemplar y a reflexionar acerca de la oportunidad y la necesidad de cuidar este  sendero. En donde una vez la gran Anaconda otorgó riqueza, belleza y abundancia a todos sus hijos.

Un Julio Fantástico (Así viví el reto de Julio sin Plástico en Bogotá)

Visitando a mi familia en Bogotá decidí inscribirme en el reto Julio sin Plástico (#Plasticfreejuly). Cuando me inscribí pensé que tal vez este desafío me animaría a seguir aprendiendo y  avanzando en un estilo y filosofía de vida con menos basura. El reto era como un aliciente para continuar. Desde hace algún tiempo me había sentido un poco estancada y frustrada con los resultados obtenidos y no era consciente de cuál era la dificultad que me impedía seguir avanzando.

Como si el destino me quisiera dar una mano con este aprendizaje podría realizar el desafió viviendo en el apartamento de mi hermano mientras él regresaba de un viaje. Por lo general las alacenas y cajones de casi cualquier casa  parecen arrumes de montoncitos de bolsitas de plástico; un poquito de arroz por aquí, otro por allá y la casa de mi hermano no era la excepción.  

Al guardar los alimentos en bolsitas es muy dispendioso saber qué se tiene y qué falta, por eso siempre uno termina comprando en el supermercado más de lo mismo que tiene almacenado en su casa.

Mi hermano me había dado carta blanca para hacer algunos cambios  en su casa de los cuales se va a enterar en este momento…debido a que el día de hoy llega de su viaje  y yo regreso a la casa de mi padre en donde pasaré algunos días antes de regresar junto con mi hija a nuestra vida campesina al lado de mi esposo y de mis mascotas que nos esperan. 

Para iniciar cambié gran parte de su sistema de almacenamiento de alimentos. La mayor parte  los organicé en unos lindos frascos de cristal que encontré en rebaja en un almacén en Bogotá. En éstos guardé los granos básicos, como: arroz, lentejas, frijoles y garbanzos. Otros alimentos los almacene en unos frascos de vidrio ociosos que encontré y otros que se consumen con menos frecuencia los dejé en sus bolsitas o envases plásticos los cuales  irán saliendo con el tiempo.

Una parte de la alacena que organicé de forma diferente

Guardar los alimentos en frascos o empaques transparentes  te permite saber casi de inmediato lo que necesitas comprar. Adicionalmente ésto ayuda a que tu cocina se vea y sienta más ordenada. 

Pensamientos que mantuve para aceptar el reto.

La experiencia me había enseñado que era mejor un cambio a la vez y no intentar alcanzar el resultado en una sola semana. Ya me había sentido frustrada y abrumada muchas veces tratando de cambiarlo todo al mismo tiempo. Tendría que aprender a disfrutar del proceso más que del resultado. Sin duda concentrarme en ésto  me ayudó a que este julios sin plástico fuera un julio fantástico. 

También la experiencia me había enseñado que tengo un margen de acción, el cual pude variar dependiendo del lugar en donde estés. 

Mi estado de salud también sería otro determinante para poder avanzar en el proceso, es muy difícil comprometerse con un reto como éste cuando tu estados de salud y energía no son los mejores. Sabía que tenía que ser consecuente con respecto a este tema. De hecho estuve enferma unos días y tuve que comprar un medicamento el cual venía en plástico.

Otro aspecto que afectaría mis resultados sería mi presupuesto y el precio de los productos a granel y de otras opciones alternativas sustentables. Lamentablemente algunos productos no están al alcance de mis posibilidades económicas, pero a través de la creatividad podría suplir de diferentes maneras mis necesidades. Como dice una persona que admiro: busque alternativas no productos. 

Sabía también que por más esfuerzos que realizará era posible que algún plástico de un solo uso se me colara. Pero eso no me iba desanimar, continuaría dando un paso a la vez y así encontraría la motivación para continuar con el reto.

Pasos iniciales

Con la cocina organizada y una revisión rápida de los elementos de aseo sabía por dónde empezar y qué necesitaba comprar. Pero no había traído mi kit de compras, cuestión esencial si quieres comprar a granel y sin empaque, por eso realicé uno. He hice muchas bolsitas de tela y hasta una campaña la cual puedes ver en este enlace (Ver link)

También desempolve un publicación que había escrito hace un par de años de compras a granel en Bogotá y hasta algunos datos los actualicé. Me uní a nuevos grupos de Facebook que han surgido con el tiempo  y hasta colaboré con un Directorio a Granel en Bogotá. Visite nuevos lugares y me dí cuenta que en Bogotá puedes conseguir muchas posibilidades para comprar a granel y sin empaques, hasta puedes comprar  productos de cuidado personal y de limpieza.

Disfrute comiendo muchas delicias colombianas que compré en la Plaza del Siete de Agosto en donde hasta me reencontré con personas que fueron mis tenderos predilectos cuando vivía en Bogotá. Compré a granel  y sin empaque: arepas, hierbas, una esponja vegetal gigante, chucula y otras delicias.

Así lucieron mis compras durante  el reto Julio sin Plástico

Las estrategias que utilice para evadir el plástico de un solo uso

  • Alistar mi kit  de compras, y mantener en el bolso una taza, algunas bolsa de tela y un pequeño contenedor.
  • Me concentré en un cambio a la vez según lo que necesitaba. 
  • Compartí con mis familiares y amigos la información  acerca del reto.
  • Planifiqué y me  anticipé a ciertas circunstancias en la medida de las posibilidades.
  • Conocí y  me vinculé con personas interesadas en temas de sostenibilidad. 
  • Experimenté nuevas formas  de hacer las cosas. 
  • Elaboré con mis manos diferentes manualidades, como: Bolsas de tela, tela encerada, bolsas de yute y bolsas de papel periódico, entre otros.
  • Ensayé nuevas recetas de cocina y compartí otras que ya sabía.
  • Aprendí cosas nuevas, cómo hacer jabón y otras formas diferentes de compostar.
  • Disfruté  y celebré los logros alcanzados.
  • Aprendí de los momentos en que las cosas no salieron como  yo quería.
  • Solicité con amabilidad que mis compras fueran sin empaque  y no me dí por vencida en el primer, ni el segundo, ni el tercer  intento.

¿Los goles del plástico de un solo uso?

Para todas las decisiones que realicé durante el mes creo que los goles que me metió el plástico de un solo uso fueron pocos si lo comparo con todos los aciertos. Estas decisiones no consistieron en reemplazar las bolsas de plástico por bolsas de papel, las cuales debo admitir que use como último recurso en algunas oportunidades. 

Primera semana:

Antes del reto

  1. Cinco tarros grandes de plástico, de los cuales guardé un par para reutilizar.
  2. Diez bolsas de productos empacados.
  3. Bolsas de frutas plásticas.
  4. Una malla plástica de una ajo.

Durante el reto

  1. tres bolsas de poliburbuja
  2. Cinco bolsas de empaque del filtro que compré
  3. Seis bolsas pequeñas de las tapas de los frascos de vidrio.
  4. Dos cauchos.
  5. Un vaso plástico que me dieron en un restaurante y que me  llegó por sorpresa.

Más dos bolsas pequeñas de basura, tipo papelera. En la tercera semana del reto no las necesitaré porque use papel periódico usado para sustituirlas.

Segunda semana

Antes del reto: 1. Un guante roto, 2.Un frasco muy gastado vacío que andaba por ahí. 3.Dos empaques de alimentos. 4.Una etiqueta 5 Una botella de aceite.

Durante el reto: 6.Un dulce que me trajo un amiga de regalo de un paseo. Solo hasta que lo abrí me dí cuenta que el empaque era plástico, pensaba que era una coca en donde viene los dulces artesanales pero no fue así. 7.Un pedazo de vinipel que utilizó la señora que ayuda a mi hermano en su casa una vez por semana.,8 La parte  superior de un empaque de chocolate para tomar que compré,9 Un empaque de un hilo para coser que me regalaron y 10.Tres etiquetas de unos accesorios y de una blusa que me regalaron.


Tercera semana

Antes del reto: un envase de un helado que guardaba un poco de pasta cortada, un plástico que contenía un poco de cera que use para una hacer una manualidad.

Durante el reto: un medicamento que compré porque me enfermé, un empaque de chocolate para tomar, una bolsa plástico de un envuelto que me regaló un familiar ( sabe que me gustan y  me lo compraron en una bolsa plástica) y un pedazo de vinipel que uso la empleada de mi hermano para empacar algo.

Cuarta semana

Antes del reto: un pedazo del protector del celular que se daño y  un esfero gastado.

Durante el reto: Dos vasos que me dieron en un curso que tome y no los pedí ni los ví venir. Cuatro mini pedazos de vinipel que use para empacar unos jabones debido a que la profesora nos explicó que por su técnica de elaboración era lo que se debía hacer para evitar que absorbieran la humedad del ambiente. Quedé con la inquietud de ensayar otras alternativas cuando llegue a mi casa.

No  logré un cero plástico de un solo uso como lo podrás apreciar, pero me siento muy feliz con mis resultados. Aprendí mucho en este mes y mi basura se disminuyó significativamente, fue menos de un kilo y medio a la semana, cantidad que puede generar una sola persona en un día en Bogotá.

Mi basura era material orgánico y papel higiénico más el material plástico que puedes ver en las fotos, el cual lo dejé en los contenedores del reciclaje.

Por lo general gran parte del material plástico desechable en la ciudad no se recicla, solo el 15% . Poder disminuir nuestra basura es actuar pro-activamente en la solución del problema.

Con una semana más habría instalado una ducheta o grifo de  en el baño y hubiera compostado con la gente de la Paca biodigestora. Tal vez están son sugerencias que le daré a mi hermano.

Para mi fue un julio fantástico, un mes lleno de aprendizajes y de reflexiones, las cuales te dejo en este vídeo

 

En dónde comprar productos de aseo y de cuidado persona a granel/ re-envasado o retorno de empaque en Bogotá

En las anteriores entradas  te comenté en dónde puedes comprar alimentos a granel y sin empaque, así como  también cómo puedes preparar un kit para este tipo de compras sin que te cueste una fortuna. El día de hoy te quiero compartir algunos lugares y marcas de productos de aseo y cuidado personal que puedes comprar a granel/ re-envase o por retorno de empaque en Bogotá.

Varias de estas posibilidades las he podido probar pero no todos hasta el momento. Este post lo he  escrito con el ánimo de compartir porque no tengo ningún patrocinio por parte de estas marcas y negocios. Si conoces alguna otra marca  o negocio me la puedes compartir en los comentarios, incluyendo el producto que conoces. Los comentarios que dejes enriquecerán esta publicación. 

Tiendas Virtuales: hasta el momento he encontrado las siguientes tiendas que  atienden a todo el país.

La Tortuga y la Liebre: en mi concepto es la tienda de productos online  más dinámica en el mercado de productos Zero Waste y ecológicos en el país. Puedes encontrar diferentes tipos de productos para la casa así como también productos para el cuidado personal, tanto femenino, masculino y  para bebés. (Ver web la Tortuga y la Liebre) 

Ecosapiens:tienda virtual que vende diferentes artículos para el cuidado personal para seres humanos y mascotas, productos para el hogar entre otros. (Ver web Ecosapiens)

Be slow: tienda virtual que vende artículos de aseo y cuidado personal a todo el país (Ver web Be slow)

Tiendas, Marcas y Distribuciones

Biogar: es una empresa colombiana que vende producto para la limpieza del hogar, como lavalozas, multiusos, jabones líquidos de manos, detergentes entre otros productos. Los pueden comprar por refill/ granel en diferentes puntos de Bogotá y del país. De esta marca compré el lavaloza por re-envasado para lo cual llevé un empaque muy limpio de un lavaloza que tenía, el producto que compré rinde y me ha funcionado muy bien. (Ver web de Biogar, puntos de venta)

Comprando un lavaloza refill/granel

La Jabonería Local: es una empresa colombiana que vende productos para limpieza del hogar y jabones artesanales. Vende sus productos de limpieza para el hogar  a través de la recuperación de envases. Es decir compras por primera vez el producto y cuando se termina llevas el empaque porque que así lo recuperan. De ellos he probado los jabones artesanales que me han gustado bastante, pero este producto tienen una película de vinipel,  más adelante te contaré por qué. Esta marca opera bajo la fórmula de Franquicia, actualmente tiene nueve tiendas en la ciudad (Ver web La Jabonería Local)

En Casa Ciclo

Casa Ciclo: es una tienda de bajo desperdicio ubicada en Calle 57 No 5 – 17 en el segundo piso del restaurante la Castaña.  Es una tienda muy bonita en donde puedes encontrar una amplia variedad de productos de cuidado personal sin empaque o por envasado. Ojo tienes que llevar tus bolsas porque son una tienda de bajo desperdicio y son muy serios con respecto a ésto. En esta tienda compré un champú sólido para el cabello  de la marca colombiana Natiu Artesanal  el cual estoy probando. (Ver información de Casa Ciclo)

 

Jabones Ecológicos de Colombia: empresa colombiana que produce diferentes productos de limpieza para el hogar y el cuidado personal con la nuez del jabón o jaboncillo. Hace mucho tiempo compré sus productos y me parecieron buenos y totalmente naturales. La última vez que supe de ellos estaban tratando de realizar un programa de recuperación de empaques, lo cual escuche en una de sus entrevistas. Hace muy poco les escribí para saber al respecto  pero todavía no me han contestado, estoy pendiente de su respuesta (Ver web Jabones Ecológicos de Colombia) 

Lush Fresh Colombia: esta es una marca internacional que vende diferentes productos de cuidado personal. Unos de sus productos más conocidos son los champú sólidos que los distribuyen a través de esta página en facebook  o instagram, la cual me da la impresión que son distribuidores. (Ver información) 

Kuse Productos Ecológicos: es una empresa colombiana que distribuye cepillos de bambú para dientes y cabello, peines y cepillos de limpieza. De ellos he probado en dos oportunidades sus cepillos de dientes. La primera vez que los compré me parecieron caros pero con el tiempo me he dado cuenta que los cepillo de bambú duran muchísimo más que los cepillos de plástico que compraba. (Ver pagina)

Ecosaurus.co: tienda de cepillos de dientes de bambú entre otros. (Ver información) @Ecosaurus.co

Jabones Sabonet: empresa colombiana que hace jabones artesanales, champú sólido y diferentes productos para el cuidado personal. De ellos podrás encontrar sin empaque el champú sólido y de pronto los jabones saponificados en frío. Hace poco tomé un curso de jabonería con esta empresa y fue excelente. Entendí por qué varios jabones artesanales vienen empacados por una película de vinipel, estos  jabones son fabricados mediante la técnica de M&P y necesitan ser empacados para protegerlos de la humedad del ambiente e impedir que suden. Los jabones fabricados por saponificación en frío no necesitan de esta clase de empaque. (Ver web de Sabonet)

En el curso de jabonería artesanal con Sabonet

 

¿En dónde comprar alimentos a granel y sin plástico en Bogotá?

Mis compras en bolsitas de tela que cosí

En la  anterior entrada te conté cómo puedes armar tu kit  para comprar a granel y sin empaque. Y en ésta te quiero compartir algunos lugares en lo cuales puedes  comprar a granel y sin empaque así éstos no sean tiendas que promuevan el Zero Waste. También te quiero  participar de una herramienta que estamos construyendo desde el grupo de Facebook Zero Waste Colombia Cero Basura, la cual te facilitará tus compras sin empaque.

Bogotá tienes muchísimas  posibilidades para comprar a granel y sin empaque, solo tienes que explorar las alternativas que tienes cerca de tu casa o lugar de trabajo. Entre estas puedes encontrar las siguientes alternativas:

Plazas tradicionales de mercado: en estas plazas puedes encontrar una gran variedad de alimentos a granel, tanto frescos como granos (arroz, lenteja, frijol, garbanzo, ..etc). Personalmente me gusta  visitar y comprar en  la plaza del Siete de Agosto. Pero seguramente si visitas la plaza de Paloquemado encontraras una mayor variedad de alimentos. 

A continuación te comparto un video de la  chichas de Zero Waste Bogotá que nos muestran como se puede comprar en esta plaza a granel y sin empaque. 

Plazas pequeñas, mercados campesinos y “fruvers”: aunque no lo creas en Colombia somos muy afortunados porque tenemos una gran variedad de mercados campesinos,  de fines de semana y tiendas tipo “fruver” que siempre nos ofrecen fruta fresca todo el año y en su mayoría a granel. 

 

Tiendas especializadas de Huevos y Pollo: contamos también con tiendas de esta naturaleza en donde puedes comprar varios productos a granel y sin empaque, desde que vayas preparado para esta clase de compras.  

Famas: hace mucho tiempo que no consumo carne, pero la última vez que compré hace como unos cuatro año la compré llevando un tupper a la carnicería. De esa forma evitas el plástico que por lo general termina en la caneca de la basura. 

Queserías: puedes comprar una gran variedad de quesos frescos tipo campesino, cuajada entre otros, los cuales los puedes comprar por peso y a granel. Lamentablemente no  se evitará todo el plástico, pero será una cantidad mínima comparada al comprar este mismo producto en una nevera de un supermercado. Insiste en que te saquen la TARA( peso) de tu contenedor y que te lo pesen en éste. Muchas de las personas que atienden este tipo de almacenes no saben usar la Tara de la pesa y lamentablemente terminan pesando el producto en una bolsa plástica. Pero después de insistir varias veces entienden las ventajas de las compras sin empaque. ¡Paciencia, sensibilización y amabilidad!

Tiendas de pasta: en algunas tiendas especializadas de pasta puedes comprar hasta ravioli a granel, lamentablemente no he encontrado opciones  vegetarianas ni mucho menos veganas. Pero al menos hace poco pude comprar ravioli fresco con unos tuppers para darle gusto a mi hija que le fascina la comida Italiana.

Ravioli que compre a granel para darle gusto a mi hija.

Panaderías: puedes comprar pan fresco, galletas y muchos otras delicias que se consiguen en Bogotá. Lo único es que tienes que llevar  tu bolsa o un tupper si es algo más delicado como un producto de pastelería ( galletas, milhojas entre otras delicias).

Redes de Campesino y consumidores: esta es una opción interesante para personas que no tienen mucho tiempo y quieren productos frescos del campo. Te lo llevan hasta tu casa y puedes devolver la caja en donde vienen en  la próxima compra. Puedes leer mi experiencia comprando de esta forma en este link. (¡ Llegó el Mercado!)

Tiendas de Especias, té y Café: en algunas partes de Bogotá encuentras tiendas especializadas en venta de especias, té y café, y puedes comprar a granel y sin empaque.

La Especie Humana en el Mercado del Domingo en Usaquén.

Directorio de tiendas y opciones a granel en Bogotá: cada vez son más las tiendas y opciones a granel en Bogotá. Hace como dos años realicé un post especial de este tipo de lugares ( el cual puedes ver aquí), pero desde ese entonces las cosas han mejorado mucho y actualmente gracias al trabajo de Daniela Laverde del Grupo de Facebook Zero Waste Colombia Cero Basura contamos con un Directorio el cual se enriquece con  el aporte de sus miembros (en el cual me incluyo). (link directorio)

Mapa a Granel Bogotá

En la próxima publicación realizaré un especial de productos de cuidado personal y aseo que puedes encontrar a granel y sin plástico en Bogotá. ¡No te la pierdas!

Un kit de compras a granel y sin plástico de un solo uso

 

Mi cesta preferida para hacer compras

Cuando inicias un estilo de vida con menos basura  siempre aparecen nuevos productos que te los meten hasta por los ojos, unos al alcance de tu presupuesto y otros no tanto. Con el tiempo he aprendido que muchos de estos productos son innecesarios y que puedes avanzar aún así no tengas la posibilidad de comprar muchos de estos artículos. 

En mi concepto un kit de compras Zero Waste o  Plastic Free debe estar acorde a tus necesidades y puede incluir los siguientes artículos, con lo cual no te tienes que gastar una fortuna y seguramente algunos de éstos ya los tienes en casa:

Bolsas Grandes para Compras o Carrito de Compra: si te desplazas caminado para hacer tus compras es mejor tener un carrito de compras. También puedes tener algunas bolsas grandes re-utilizables  que encuentras en las plazas o en los supermercados. Y si te gustan las artes manuales puedes hacerte hasta unas muy bonitas. 

Una bolsa de Yute que hice hace algunos días.

Bolsas de Tela: Mis bolsas de tela las hice hace varios años, las cosí a mano y use una  tela disponible que tenía en casa. Hace poco confeccione otras bolsas para completar algunas que había perdido con el tiempo y otras que necesitaba.

Para frutas y verduras puedes usar materiales como el forro de una sudadera vieja, un tul o una cortina y  para cereales y granos una tela más tupida. Si no tienes bolsas te puedes apuntar a una campaña que estoy haciendo ( ver aquí) en donde también encontrarás un sencillo instructivo para hacer bolsas de tela.

Compras sin empaque

Bolsas de Papel:  por lo general las encuentras en almacenes que venden a granel. Es importante decirte que no es la alternativa más sostenible porque conlleva a la pérdida de bosques nativos que son reemplazados por cultivos de árboles con fibras más largas. Pero si hasta ahora estas empezando y mientras armas tu kit puedes utilizar estas bolsas como una medida transitoria de adaptación.

Frascos de Vidrio:  estos frascos los pueden reutilizar de productos que usualmente compras. Por lo general reutilizo los pequeños para comprar condimentos y los medianos para cosas un poco pegajosas, como uvas pasas o ciruelas.También te sirven para guardar y organizar tus alimentos.

Condimentos que compré en frascos y de una vez quedan organizados para guardar.

Contenedores “Tuppers”: me imagino que tienes algunos contenedores  plásticos en tu casa, con éstos también puedes comprar si no quieres llevar un frasco vidrio. La ventaja es que son livianos y si se caen no se rompen, lo cual es algo bueno si andas con niños.

Es importante que revises la clase de plástico con el que están hechos porque algunos clases de plástico no son recomendables para guardar alimentos ( ¿Qué tan seguro para nuestra salud es el plástico?).

Con estos contenedores puedes comprar comida preparadas, también puedes comprar queso, tofu, galletas, fresas, moras entre otros muchos alimentos.

Una cajita de huevos vacía: si tienes todavía una cajita de cartón de huevos no la botes, es posible que puedas comprar huevos hasta en la esquina de tu barrio o en algún almacén especializado sin generar más basura.

Bolsa de Pan: esta la puede hacer de la mismo forma que las bolsitas de tela para las compras a granel pero las necesitas  más grandes.

Una bolsa de pan para comprar a granel. Esta era mi bolsa preferida, lamentablemente se me perdió.

Contenedores vacíos de detergentes: en algunos lugares puedes conseguir la recarga o el retorno de empaques para productos de aseo. (pronto realizaré una entrada con respecto a este tema)

Es muy fácil armar tu kit a granel y sin plástico de un solo uso, no es nada del otro mundo. Solo tienes que tenerlo listo para el momento de ir a comprar.