Campesinos con Wifi (Parte 5. Universo florido)

Un Universo Florido. Flor de Magnolio

El Invierno no ha terminado pero aún así varios de los árboles y de las plantas del jardín despertaron. El Magnolio se encuentra  tupido de flores rosas que se balancean entre sus ramas con el vaivén del viento. Las camelias ya están abriendo sus flores mientras que los tulipanes comenzaron a despuntar sus pétalos.

Flores de Magnolio (Un Universo Florido)

En algunas vías se ven las flores de los almendros y de los cerezos que engalanan las calles, mientras que en las montañas las Acacias se han sumado a este despertar con miles de flores minúsculas amarillas con las cuales  han pintado el paisaje con trazos resplandecientes.

Flores de Almendro

Es en síntesis un universo florido. Uno que me hace recordar las historias entretejidas que tenemos con las plantas, los significados que en algún momento les dimos para manifestar nuestros afectos y sentimientos, un pasado que parece hoy demasiado lejano pero que aún late entre los enamorados.

Flor de Camelia (Un Universo Florido)

Recorro el jardín para adentrarme en este Universo florido mientras que los abejorros zumban entre las diminutas  flores azules del Romero. En la huerta que inicié el año pasado veo que de nuevo se han colado una que otra planta a las cuales mi ignorancia les llamaba la mala hierba. Con el tiempo y el estudio de varios libros  he ido conociendo mejor este mundo y puedo con detalla hablar de las propiedades, usos y hasta el significado de las plantas.

Entiendo cada vez más este ciclo en el cual estoy inmersa, me doy cuenta tanto de mis aciertos como mis desaciertos. Las últimas palabras del Cándido de Voltaire retumban en mi cabeza: “Debemos cultivar nuestro jardín”.

Semilleros para nutrir el Universo Florido

Solo quien inicia el camino lo va entendiendo, solo el que se atreve puede llegar a soñar con el resultado. Mientras el mundo convulsiona entre lo absurdo e irreal, lo políticamente correcto e incorrecto, yo sigo sembrando en el jardín los sueños de un mundo mejor, o por lo menos de un minúsculo universo florido en el cual yo también florezca.

 

 

Tips Eco-amorosos (1. Cambiar las esponjas plásticas por estropajos/luffa)

¿Conoces esta esponja vegetal?  

Estropajo o Luffa

En mi país se conoce con el nombre de estropajo y es el fruto de una planta llamada Luffa aegyptiaca/Luffa cyllindrica.

Cuando era niña mi papá nos decía a mi hermano y a mí que el estropajo y el jabón era lo único que nos podía quitar la suciedad de las extensas jornadas de juego en el parque. Y así como funciona para  exfoliar y quitar la suciedad del cuerpo, también funciona como esponja para lavar los platos. Es una maravilla, cien por ciento recomendada.

 

La  que tengo actualmente la compré en una plaza de mercado tradicional de mi país, es muy económica si la consigues en un sitio como éstos. La puedes ir cortando en pedazos y así usar uno en la ducha y  otro para lavar los platos y las ollas.

Con  esta opción  natural compostable ahorras un montón de dinero y dejas de generar un montón de basura plástica.  

Comparte con familiares y amigos este consejo. Necesitamos más Eco- amorosos en el planeta.

 

 

Más Amor y Menos Migraña (Reseña)

Libro: Más Amor, Menos Ibuprofeno

Desde hace un par de años comencé a experimentar unos fuertes dolores de cabeza llamados migrañas. Los cuales se fueron apoderando de mi vida  por completo; pasé de ser una persona activa y vital a una persona inválida e incapacitada que se refugia en la oscuridad y en la quietud de su habitación. Lejos de la luz, del ruido, de los olores fuertes, de mi familia y de mis sueños.

Tal vez tuve que llegar al fondo de la situación para reunir fuerzas y verla desde una perspectiva diferente, no podía continuar con episodios semanales de cuatro días de duración. Algo en mí andaba muy mal y lamentablemente no se reflejaba en los exámenes de sangre ni de hormonas que me realizaron en el último año. El Ibuprofenos y el Paracetamol se volvieron mis constantes compañeros diarios, pero ya ni siquiera me hacían efecto, no podía seguir así. Los medicamentos en este caso en  particular no me estaban devolviendo la salud.

El que sufre este dolor sabe la tristeza y la impotencia que se siente al notar cómo se te va la vida en la oscuridad. Me cansé y de ir al médico y no obtener una respuesta, me cansé de que mi vida dependiera de cajas de medicamentos que no me curaban.

Al no tener una idea clara de qué podía hacer, decidí hacer una sola cosa, involucrarme en mí curación y hacer lo que tuviera que hacer para recuperar mi salud. El primer paso fue buscar información al respecto, lo primero que encontré fue la estrecha relación que existe entre un hígado saturado de toxinas y los dolores de cabeza. Con el fin de darle un descanso a mi hígado dejé por más de veinte días alimentos que creí eran imprescindibles para mí vida: el café, los lácteos, el chocolate entre otros alimentos que ahora consumo con mucha precaución y ocasionalmente.

Pero a pesar del avance  que veía en la disminución de los episodios de migraña necesitaba entender mejor lo que me ha estado pasando.

Un día a principios de enero  visitando la biblioteca cercana, a la cual le tengo cariño, al pasar por uno de los corredores llenos de libros vi este libro llamado: Más Amor, Menos Ibuprofeno,  el título me pareció tan simpático y como tenía un cupo para llevar un libro más decidí llevarlo. Por mi cabeza no se me había pasado buscar un libro escrito por un Osteópata, estaba buscando libros escritos por Neurólogos, al leer el libro entendería mejor por qué un Osteópata podía hablar con tanta claridad y experiencia del tema.

Más Amor, menos Ibuprofeno, es el libro escrito por  el Doctor David Ponce, el cual se relaciona también con su primer libro: El dolor de espalda y la emociones. Esa noche en casa leí de manera absorta su libro, el cual volví a releer después de terminarlo, por fin tenía la respuesta a  varias de mis preguntas, como por ejemplo: por qué se presentaban vómitos en los episodios de migraña, por qué al quitar algunos alimentos los episodios se disminuían, por qué debía tomar agua, por qué algunos episodios de migraña coincidían con mi ciclo menstrual, entre muchas otras más respuestas a mis inquietudes.

Entendí que el dolor de cabeza es un síntoma  de otras enfermedades complejas, es como una alarma que nos avisa que algo en nosotros está mal. El libro ha sido una invitación para descubrir qué causa que esa alarma se prenda en lugar de solo querer apagarla con un medicamento. Esto no quiere decir que no se deba tomar medicamentos en casos en lo cuales el  dolor sea insoportable.

El Doctor Ponce invita al lector a revisar lo que él llama el terreno del paciente, que son la suma de sus hábitos de alimentación, ejercicio, higiene, postura, historia personal, entre otros muchos aspectos. Sugiere llevar un diario del dolor para identificar las causas y detonadores del dolor de cabeza y habla de la importancia de escuchar a los pacientes. Gracias a este libro entendí qué es un dolor de cabeza y cuál es la diferencia con respecto a la migraña, que afecta más al sistema nervioso, a las partes nerviosas del cráneo y a toda la trama de nervios relacionadas entre sí (trigémino, oftálmico, maxilar, etc).

Aborda la anatomía del cuerpo y de una forma clara explica la importancia de mantener una buena circulación para que los fluidos corporales puedan cumplir con sus diferentes funciones, como  llevar oxígeno y alimento así como también desechar sustancias nocivas. En esta acción interviene el sistema circulatorio, nervioso, muscular y el óseo, en este caso en particular las vértebras cervicales. Al ser los Osteópatas los profesionales de la salud  que se involucran con el movimiento del cuerpo pueden ofrecer una visión integral de esta enfermedad, especialmente cuando se han descartado problemas mayores como tumores.

Con claridad de detalle en su libro el doctor Ponce explica las diferentes causas del dolor de cabeza, entre estas se encuentran causas: circulatorias, mecánica,  hepático digestivas, hormonales y la causa emocional. También tipifica los diferentes dolores de cabeza desde una perspectiva de la medicina China.

Al revisar lo anotado por el doctor me sentí identificada con varios de sus pacientes, como con aquella señora que no tomaba agua de manera suficiente, los problemas de postura que fui abonando con las interminables horas frente a un computador, reconozco que he abusado de varios alimentos, muchos de los cuales son difíciles de procesar para mi hígado y que muchas veces “no digiero” bien las emociones, más de una vez en la vida he  llamado a los problemas dolores de cabeza.

Entendí que debo mejorar mi manejo del estrés, el cual puede afectar al sistema circulatorio, nervioso, mecánico, hepático y digestivo, lo cual puede  derivar en un gran dolor de cabeza.  Me asombré al conocer acerca de la terminaciones nerviosas del cuerpo y como en algunos casos el dolor emocional y físico pueden converger en ciertos puntos,  así como de otros datos interesantes que el doctor explica en su libro.

Creo que tengo un camino largo por recorrer, pero ya he implementado varias de las acciones descritas en la parte del libro llamada: decálogo para tratar las causas del dolor. También he visto una Osteópata en las últimas semanas y estoy más comprometida con mi curación, tratando de cumplir la máxima para mejorar mi salud según el padre de estas terapias: “Conocimiento, actitud y hábitos”  Ahora entiendo que quererme y cuidarme es una forma más de amar a mi familia.

El día de mañana devolveré esta copia del libro a la biblioteca y conseguiré una para mí, porque no dudo que es un libro que seguiré consultando de forma frecuente por la valiosa información que contiene.

 

Agradecimiento especial a: el Doctor David Ponce por su libro y a mi familia por  cuidarme y acompañarme en este proceso.

Enlaces de interés

Más Amor  Menos Ibuprofeno  

Doctor David Ponce

En esta nueva sección del canal  de YouTube llamada Tiempo para Leer te comparto una muy pero muy breve reseña del Libro Más Amor Menos Ibuprofeno del Doctor David Ponce.

Una Invitación para creer y crear en Navidad

Tal vez el título de esta entrada se puede confundir con temas de New Age y el Poder del Secreto, pero a pesar de que no es el caso tengo que admitir que actualmente la mayoría de los seres humanos no creemos que podemos crear. Nuestro poder creador está adormecido por las facilidad y la conveniencia, hasta las cosas más sencillas las compramos y ojalá bien baratas, creyendo de forma inocente que pagamos con descuento, cuando en realidad la cuenta ambiental y social hace tiempo la tenemos en nuestras manos y la deuda con intereses pasará lamentablemente a las generaciones futuras.

Se nos olvidó que existe magia al crear. Cuando creamos nos abstraemos de los estímulos mundanos, nos concentramos, nos adentramos en nosotros mismos y recordamos que somos capaces de hacer. A veces nos decepcionamos un poco; las cosas eran mejores en nuestra imaginación, pera a través del ensayo y del error el resultado puede mejorar y nos podemos deleitar con lo que creamos, porque es único y es especial, lo hicimos nosotros o algún ser querido que se tomó el tiempo y el trabajo para hacer algo para nosotros.

Una estrella de origami y de fondo la carta para el Niño Dios

Hace  poco más de un año me mudé a otro país y en el proceso dejé casi todas mis cosas. Entre las pocas cosas que guardé para mí se encuentran unas  que hicieron mis seres queridos en algún momento, entre éstas guardé tres estrellas de origami que hizo mi mamá quien falleció hace varios años, las cuales este año se encuentran en el árbol que hicimos con mi hija para la pasada Navidad. No es árbol más frondoso ni el más adorado, su historia no comienza Made in China  (Made PRC)  comienza con una rama de una poda de jardín y que invitamos para que fuera nuestro árbol.

Las coronas de Navidad compradas no se comparan con la experiencia de hacer tu propia corona. El año pasado con unas  podas de olivo hice el armazón de una corona y  la decoré con unas ramas que se cayeron por causa de una tempestad, este año la adorne con unas ramas de pino y de otras plantas del jardín.

 

Al principio no sabes con certeza cómo será tu creación simplemente le vas encontrado la forma y te tomas el tiempo para hacerlo, no tiene que ser algo inmenso o pretencioso para ser bello.

A través del crear he desempolvado habilidades adormecidas como:  dibujar, construir, cocinar, fabricar, artes manuales y hasta pienso que puedo volver a  componer versos y poemas como cuando era niña. Porque crear no se restringe al mundo de las cosas materiales, crear es mucho más. Hasta se puede crear de forma compartida ya sea una canción o una pieza de teatro en familia, hacer de la época Navideña un tiempo memorable y no solo un estado de frenesí por comprar y endeudarse.

Seguramente no crearé todo lo que necesite, no somos islas aisladas e independientes,  pero crear siempre será una invitación irresistible para recordar que somos seres humanos y no solo consumidores con deudas. Es la cura perfecta para la dispersión y la falta de atención que nos provoca tanta tecnología y el ritmo frenético de estos tiempos hipermodernoses la clave para no dejarnos engañar de las tretas del mercado, es  el llamado quedo y persistente que hace la creatividad de nuestros ancestros.

Cuando se crea especialmente con consciencia las cosas tienen un valor, los contenedores del reciclaje se miran como recursos potenciales. Las ramas caídas de los árboles, las hojas secas, las podas de jardín te invitan para que recrees formas con ellas. El viento te sopla poemas al oído, las estrellas te invitan a reflexionar, la luna te inspira historias y la vida misma te invita a que crees y te recrees en ella.

Por eso en esta Navidad te invito a que creas que puedes crear.

El pesebre que hizo mi hija el año pasado cada vez más bonito

Campesinos con Wifi ( Parte 4. La Invitación del Otoño)

Castaño al terminar el otoño

Me siento todavía como una árbol tropical que no se ha adaptado a las estaciones y que se rehúsa a dejar caer sus hojas pensando que al hacerlo sería su fin. Un lucha interna se debate hace un tiempo en mi cabeza.

En mi mente mi pasado confronta mi presente, la burócrata perfecta confronta a la campesina amateur, algo de lo que fui no está del todo conforme con los cambios. Largos debates he tenido con la burócrata, que sigue apegada a los esquemas tradicionales del sistema social y económico. El plan no fue del todo perfecto, tenía sus sacrificios, tenía también sus riesgos, lo sé, pero fue el mejor. Vivir cerca de la naturaleza ha sido el anhelo de mi corazón, ha sido especialmente el anhelo del corazón de la niña que todavía vive en mí.

Sombras de árboles desnudos

Lejos de lo que fui y de lo que construí, lejos de lo que creí he dejado mis referencias tanto  familiares, de amistades, lugares y trabajos que me definieron. Ahora quién soy sin ésto, me pregunto. Ahora tal vez soy solo yo, la niña, la que vivió arrinconada por mucho tiempo en el más oscuro rincón como una semilla esperando paciente el momento para germinar, crecer y ser. Tal vez un poco tarde pero todavía no tanto.

 

Observando cómo se transforma la naturaleza a mi alrededor, me siento invitada a liberarme de lo que ya no necesito, así como hacen los árboles cuando se desprenden de sus hojas, algunas caen con suavidad al piso y otras son arrebatadas por el viento y la lluvia. Que el  otoño se lleven lo que fui, para poder seguir transformándome en este jardín, no sin antes agradecer lo que aprendí y viví.

Suelto mis hojas, suelto mi cargas, suelto lo que ha de morir en mí, suelto como aquel que hace un salto de fe sin saber con certeza lo que pasará, suelto para adentrarme en la oscuridad del invierno  y así… tal vez renacer.

¿En este momento que quieres soltar de tu corazón y de tu vida?

 

Campesinos con Wifi ( Parte 3: Bendita Vendimia)

Un paseo por las nubes, en el Minho

Entre el equinoccio de otoño y antes de las las primeras lluvias de octubre es tiempo de recoger las uvas, es la época de la vendimia y me he hecho invitar a esta fiesta.  

Un paseo por las nubes, bajo el sol del Minho

La mañana se ha vestido de nubes y el sol aún no ha salido. Con el tiempo me he acostumbrado a que el sol en estas latitudes no tenga un horario fijo para salir. Sin embargo, en el horizonte despuntan sus primeros rayos y yo lo espero recostado en un muro centenario de piedras, que pertenece a una  casona antigua de campo abandonada por sus dueños pero acogida por la naturaleza. A lo lejos escucho el graznar de cuatro cuervos que se balancean sobre una cuerda del alumbrado, al parecer ellos también esperan la salida del sol.

Esperando al sol en el Minho

Las nubes comienzan a  despejar el horizonte para que el astro rey haga su aparición con total esplendor. Recuerdo un par de las tantas películas románticas con las cuales intoxiqué mi mente en mi juventud. Un paseo por las nubes es la  primera, todavía no entiendo como Aitana usaba un vestido blanco de verano con flores estampadas y zapatos de tacón para recoger uvas entre los cultivos. Mi estilo según mi opinión es un poco más apropiado: un pantalón viejo, botas de jardín, un buzo de manga largo para cubrirme del sol, pero no tiene ni un ápice de estilo a no ser por mi sombrero de paja.

Parte de mi atuendo

Miro mi reloj y me doy cuenta que ya es momento de emprender el camino  hacia el lugar del encuentro, mientras en mi cara se dibuja una leve sonrisa al pensar que he pasado de “burócrata perfecta” a una “campesina amateur imperfecta” en un solo paso. La vida tiene puertas inesperadas y a veces se requiere de valentía y un poco de insensatez para poderlas cruzar. Vivir en el campo en un país diferente al mío fue una idea muy loca para muchos, tan loca como la Frances, en la película Bajo el Sol de Toscana, al comprar una casa en un país diferente al suyo para albergar una familia que ni siquiera tenía.

El Minho, la región en donde vivo actualmente  es tan diferente a Bogotá, es un sitio en donde la gente está tan apegada a sus  costumbres, a la historia y a la tradición, que se resisten a sucumbir a estos tiempos Hipermodernos.

A recoger uvas, que es tiempo de Vendimia

Vides en líneas

El esposo de mi vecina se sorprende al verme llegar, para él o como para otros vecinos soy la señora extranjera que pasea temprano en la mañana con un perro,  por lo general los perros aquí permanecen encerrados o se pasean solos por la aldea. A lo lejos su esposa le grita en un estilo muy Minhota que me dejé pasar, mientras lo dice se le ve una sonrisa que alcanzó a ver desde la distancia,  la ayuda en tiempos de vendimia siempre es bienvenida.

Sin mucha demora me uno al grupo de vecinos que se reúnen para  recoger las uvas en el pequeño cultivo de mi vecina. Me explican rápidamente la técnica que consiste en cortar todos los racimos de las uvas con tijeras y  después depositarlas en un balde que se deja debajo de la parra a la cual se le recogen los frutos. Se avanza por líneas de cultivo y de cada lado una o más personas recogen los frutos.

Entre vid y vid contestó las preguntas de rigor de algunos vecinos. Logró llevar el ritmo de la conversación en mi Portugués que parece avanzar un poco más, de alguna manera últimamente he podido reproducir los sonidos nasales y guturales que al principio me parecían imposibles de pronunciar. En la jornada se hablan  de todos los temas, desde los más bucólicos posibles como lo nidos de las golondrinas hasta las últimas noticias del momento. También ilustró a mis vecinos acerca de los diferentes países que conforman Latinoamérica, a la distancia parece que Venezuela y Colombia siguen siendo parte de la Nueva Granada; casi siempre me preguntan por el presidente Maduro y piensan que he huido del régimen Castro Chavista cuando soy una colombiana.

Mi vecina me invita a probar las uvas, las cuales he visto crecer al pasar todos los días por su cultivo,  ante mis ojos las he visto cambiar de color, de verde a un casi negro. Sin dudarlo me llevo una a la boca, su sabor es tan diferentes a las uvas que he probado antes y su dulzura se encuentra en su punto máximo, es una uva destinada a ser vino.  

El vino  es parte de la historia y de la identidad viva de Portugal, por todas partes crecen vides y es difícil decir cuál es el mejor vino sin ofender los orgullos regionales. Saber de vinos así como de historia en este país es casi un deber pero también es una fascinación. En el último año he probado gracias al entusiasmo de mi esposo, catador aficionado, más vinos que en todos mis años de vida juntos. Cada vino y lugar en donde se cultivan ya sea en viñedos particulares, cooperativas, pequeños palacetes (“Solares”) o monasterios se esconden muchas historias.

Pálacio de Brejoeira, lugar que visité con mi familia, y donde fabrican vinos.

En la región en donde vivo se producen unos vinos menos conocidos en el ambiente comercial internacional (por lo menos a nivel de América), pero no por eso menos importantes al conocimiento de los expertos y son los Vinos Verdes (“Vinho Verde”). Vinos que se producen en la región del norte del país,  éstos puede ser tanto tintos, blancos como rosados; tienen unas características únicas por su forma de cultivo y por el uso de cepas autóctonas portuguesas, se consumen cuando están jóvenes y se distinguen por su sabor fresco que dan una sensación de picor en la boca.

Foto que tome en la cava antigua del “Pálacio de Brejoira en donde hacen Vinho Verde

Para la producción de vino verde blanco se usan las cepas de vides: Alvarinho, Aveso, Azal, Loureiro, Tajad y Arinto, para los tintos: Padeiro, Vinhao, Amaral, Rabo-de-Anho y Alvarelhao y para los rosados Padeira. Las uvas que recogimos en la casa de mi vecina se destinarán para la producción de vino  tinto para el consumo familiar.

Percibo que existe un cierto orgullo de tener su propia producción de vino entre mis vecinos. De hecho mi esposo añora una producción propia, tal vez  éste pueda ser un proyecto para los años futuros, posiblemente una muy pequeña, todavía requerimos de un mayor conocimiento y experiencia. Tampoco estoy segura de destilar el vino en casa, los vapores de la fermentación son muy fuertes, después de la vendimia muchos sitios de la aldea en donde vivo se puede sentir el fuerte olor del proceso y de no tener sitios bien ventilados se puede correr el riesgo de intoxicación.

Y no sea si se viable una producción  tan pequeña  debido a que se puede comprar vinos de excelentes calidad desde tres a cinco euros, así como se pueden encontrar guías de los vinos de menos de 10 euros realizadas por catadores expertos para los entusiastas que no quieren gastar una fortuna en conocer y probar una amplia variedad de vinos.

La cosecha de este año al parecer ha sido buena y el sabor de las uvas inmejorable. A pesar de que ésta  no es mi cosecha me siento agradecida por los resultados. La naturaleza y el trabajo de mis vecinos a rendido sus frutos y el resultado es maravilloso. De la uva se pasará al vino, el regalo de  Dionisio con el cual se celebrará la vida, el amor, la paz y hasta la locura.

Las uvas que recogimos en el cultivo de mi vecina. Bendita Vendimia

El tiempo ha pasado muy rápido y hemos recogido todas las uvas, las cuales deben ser procesado rápidamente. Un hermano de mi vecina llega a recogerlas casi de inmediato para procesarlas a través de métodos modernos en tanques de acero inoxidable. No danzaremos encima de las uvas, en ese momento entiendo que mi atuendo sería totalmente inapropiado para esta práctica que actualmente solo se realiza para turistas, el atuendo de Aitana sería más apropiado.

Mi vecina nos llama, la vendimia todavía no ha acabado nos queda la celebración. En una mesa se ofrece a los vendimiantes: pan de maíz (pão de milho), queso de  la sierra de “Estrela”, chorizo hecho en casa, jamones, cerveza y por supuesto vino.

Dedico esta entrada a mi esposo que tiene una gran fascinación por la historia y por los vinos.

 

Un Encuentro con el Silencio (Tercera Parte: El Cielo de la Mente, la Meditación y el perrito que encontré)

Naturaleza en el lugar del retiro

En la experiencia de silencio que viví estaba abstraída de estímulos, allí encontré una llave inesperada, una que me permitió entender que era posible entrenar la mente, un concepto totalmente novedoso para mí. Antes de este encuentro su desarrollo solo lo asociaba con el desarrollo intelectual, pero esta experiencia me daría una perspectiva diferente acerca de la meditación.

El Cielo de la Mente y el perrito que allí encontré

Un cielo muy nublado

Para los Budistas Tibetanos la mente es como un cielo azul despejado que a veces se llena de nubes. Algunas pueden ser muy blancas, otras grises y unas hasta negras con rayos y  truenos. Esas nubes son los pensamientos. Nuestras mentes convencionales tienden a llenarse de pensamientos que, como nubes grises, no nos dejan ver con claridad la realidad.

En el pasado había podido reconocer mis pensamientos repetitivos y tormentosos, mis construcciones mentales, las películas que mi mente creaba en el cual yo interpretaba el rol  protagónico de la víctima o de la triunfante. Mis pensamientos volaban, y aún hoy vuelan, pero por mucho tiempo mi mente me hacía creer que era verdad lo que a través de mis pensamientos percibía. Sin embargo, a través de la observación y de la reflexión comencé a detectar mis pensamientos repetitivos. Le decía a mi mente en voz alta: “detente”. Menos mal que nadie me vio, que a veces soltaba un “detente”  en voz alta, hubieran pensado que estaba loca, pero de esa forma había frenado las construcciones perjudiciales. En este retiro me darían una herramienta eficaz y un concepto revolucionario para entrenarme: la meditación.

Debo admitir que antes del retiro tenía un definición muy superficial de qué era la meditación, pero a través de la práctica entendería cosas que con la simple teoría no se entienden, tendría que experimentarla. Meditar es entrenar tu mente, la enfocas en un punto específico y permaneces allí, los pensamientos y construcciones mentales vendrán, pero tú al estar enfocado las dejaras pasar.  

En el segundo día de meditación intensiva comencé a sentir que en mi mente vivía un perrito juguetón que ladraba mucho, a veces ese perrito se multiplica en muchos más perritos  que persiguen pensamientos como si fueran pelotas. Yo de alguna forma empecé a llamarlo para que estuviera pegado al foco, en un primer momento el foco fue el abdomen, y logré que por algunos segundos ese perrito estuviera allí pegado.

Después de la meditación y casi al terminar el día reflexionaba mucho acerca de mi perrita Mara, una perrita que adopté hace cinco años, a ella no le gustan las pelotas pero sí le gusta acechar gatos y otras cosas. Ella fue por muchos años una perrita que vivió en la calle y por eso no tuvo ningún entrenamiento, y lamentablemente yo solo la comencé a entrenar hace un poco más de un año. Al entrenarla mejoró mucho su comportamiento, me dí cuenta en ese momento que ella tenía todo el potencial para ser una buena perrita, lo único que le faltaba era entrenamiento: eso también le pasaba a  mi mente. Entendí que mi mente no era mi enemiga, simplemente estaba fuera de forma.

Esa noche en la habitación que compartía, leí uno de los capítulos de un libro que me regalaron llamado: “Breath by Breath, The liberating Practice of Insight Meditation” de Larry Rosenberg con David Guy y no sé si fue por casualidad, pero  llegué al mismo concepto del autor de aquel libro y lo llamaba “The Doggy Mind” La mente correr detrás de los pensamientos como si fuera un perro que corre por huesos,  no importa si son huesos de plástico que no le proporcionan ningún alimento, ella simplemente se va detrás de esos “huesos” Según el autor del libro al entrenar tu mente se pasa de una mente de perro a una mente de león, la cual  escoge su objetivo, se enfoca y va por éste.

Cuando terminó el retiro sentí que mi mente ya no era ese perrito latoso que se alborota por cualquier ruido, sino que era como un perro Pastor Alemán. Sin embargo, a  veces se convierte en el perrito latoso que se multiplica por casi mil. En ese momento simplemente respiro y lo llamó, ahora hace un poco más de caso. Con el entrenamiento estoy convencida de que mejorará así como mejoró la obediencia y el comportamiento de mi perrita Mara.  

Meditar es un acto de amor por lo demás

Garabatos y notas en mi cuaderno

Antes del retiro pensaba que meditar era un práctica para encontrar calma a un nivel individual. Y aquella experiencia me haría sentir y vivir algo muy diferente. Al terminar cada meditación quedábamos perplejos, yo sentía como si me lanzaran baldazos de entendimiento que me dejaban sin palabras. Entendí que es importante desarrollar la paz interior, el amor y la compasión, así te conviertes en un refugio para los demás, y este estado es algo que pasa de persona a persona. A través de algunos trabajos que he desarrollado había entendido a nivel profesional que la violencia es como un virus, varias experiencias sociales con soportes estadistícos y estudios así lo confirman, sin embargo de la misma manera que la violencia es un virus que pasa de persona a persona, la paz interna, el amor y la compasión podrían transmitirse así, y tú, al cultivar tu paz interior, podrías frenar esos “virus maliciosos” que nos acechan: la meditación te hace menos vulnerable.

Al sentir paz, amor y compasión no solo lo sentimos por otros seres humanos, lo  sentimos también por otras especies y hasta por todo el planeta, por esta razón decidí incluir esta serie en este blog, pero esto no sería todo lo que entendí.

(Te invito a ver este video que mi hermano me compartió, habla de tener el altruismos como guía en nuestras vidas. También muestra lo que pasa en nuestros cerebros al practicar la meditación. ¡Larga vida a la revolución del altruismo!)

Un Encuentro con el Silencio (Segunda parte: La Monja, la Práctica y la Presencia del Silencio)
Un Encuentro con el Silencio (Primera parte: La Duda, la Migraña y el Buda)