Un Encuentro con el Silencio (Cuarta y última parte: de la Armonía Technicolor a la ira de Hulk)

La famosa campana

(18 meses antes)

En el silencio había entendido varios  patrones de mi comportamiento y había profundizado en el conocimiento de mi mente. Pero no  me imaginé que en ese penúltimo día del retiro iba pasar de la armonía technicolor a la ira de Hulk, ni mucho menos que al  terminar el retiro asistiría a una fiesta de Budas lo cual recordaría por mucho tiempo. 

Penúltimo día, entre la Armonía Technicolor y el Verde  de la Ira de Hulk 

6:30 am

Al igual  en que los días anteriores me dirigí al salón de meditación a recoger la campana para llamar a mis compañeros a la práctica de las 6: 40 am. El salón dispuesto para la meditación estaba ordenado, limpio  y el altar estaba iluminado por algunas velas. Antes de iniciar miré el tablero donde estaban escritos los primeros siete pasos de la técnica de Calma Introspectiva o Shamatha y así empecé:

  1. Postura: sentada en una pequeña porción del cojín de meditación, de forma que mi coxis quedará levantado. Con mis ojos ligeramente cerrados y manteniendo mi columna derecha con los hombros hacia atrás. Mientras mis brazos reposaban ligeramente en los muslos de mis piernas y la palma de mi mano  izquierda recibía la mano derecha, dejando un espacio suficiente para que mis pulgares se tocaran.
  2. Motivación: las acciones deben ser buenas y que la práctica traiga la sabiduría para el mayor beneficio.
  3. Relajación:  a través de la respiración se relaja el cuerpo y la mente, para lo cual tu  exhalación debe durar el doble que tu inhalación.
  4. Foco: se centra la atención en un foco de tu cuerpo. El programa sugerido era centrar el foco durante las primeras cuatro semanas en el abdomen, las siguientes cuatro en las fosas nasales y las últimas cuatro en una imagen en la mente. Se repite el ciclo del foco  según lo que se escoja o se necesite. 
  5. Estabilidad: se logra estabilidad cuando ya no dejas que tu mente se comporte como un perrito latoso y te puedes concentrar en el foco. Para eso utilizas tu respiración, si tu mente está muy distraída y agitada tus exhalaciones deben ser más prolongadas y si   tu mente está muy somnolienta o con sopor tus inhalaciones deben ser más profundas. De esa forma se logra un estado de no distracción y no sopor que permite aumentar la concentración.
  6. Claridad: es el punto en que estás enfocado y tienes entendimiento. Lo cual es un paso avanzando, por ahora sigo intentando tener más tiempo en la estabilidad que es el paso anterior.
  7. Dedicación: tu práctica la dedica a un ser o a la causa que quieras o lo necesite, se puede realizar este paso con el paso 2 o después del 3. (La práctica tiene otros dos pasos más para personas avanzadas, lo cual todavía no es mi caso)

Pasados 20 minutos  realicé la toma de refugio y la oración diaria, terminé mi práctica y fui a desayunar en silencio como lo había hecho en los días anteriores.

Antes de iniciar la sesión larga de la mañana decidí caminar un poco por las zonas verdes del lugar del retiro. El día se veía especialmente radiante, los colores eran extremadamente brillantes, todo parecía tan nítido. Era verdad lo que estaba pasando antes mis ojos o  estaba experimentando alguna alucinación porque todo brillaba, el verde era aún más verde y brillante, el azul era aún más azul y brillante, parecía que todo tuviera escarcha y fuera resplandeciente. Adicionalmente experimente un calma y una serenidad que nunca antes hasta ese momento había sentido, no necesitaba ni quería nada, me sentía por fin completa e integrada ¿sería esto el Nirvana?… no lo creo pero si un estado al que he llamado Armonía en Technicolor, pero aún me esperaban algunas sorpresas más.

Pasada la jornada de meditación larga de la mañana  y del almuerzo y antes de iniciar la jornada de la tarde decidí dar otro paseo por las áreas verdes del lugar pero en ese momento en lugar de sentirme sobrecogida  por la paz y la calma sentí a Hulk dentro de mí con toda su rabia y enojo. Mis mejillas y mi cabeza ardían de rabia sin ningún motivo aparente. Era la ira contenida por mucho tiempo que comenzó a salir y así como el hombre verde busqué un lugar apartada  para tranquilizarme hasta sentirme en calma. 

La ira de Hulk

Al finalizar el retiro le pregunté a la monja que dirigía la práctica por mis experiencias especialmente por la de Hulk y ella me comentó que era algo normal, los budistas los llaman Nams ( se escribe con una especie de tilde sobre la  “N”), es una manifestación emocional que sucede después de la meditación, la cual puede ser emocional o física y se debe respirar o soltar si es algo negativo. Recordé que algunas personas experimentaron una gran tristeza que los llevó hasta a las lágrimas.

La experiencia que tuvimos seguramente cambiaría nuestras vidas, de eso no tenía la menor duda.

Una noche de fiesta a la luz de la velas

En el lugar en que se realizó el retiro hubo un corte de luz y por eso nos  iluminamos con velas, lo que le añadió un toque aún más místico a este encuentro. En el salón de meditación se dispusieron ofrendas de alimentos y el el altar se arregló de nuevo con flores, velas e inciensos. Todos nos sentamos de piernas cruzadas sobre los cojines de meditación. Con el sonido de la campana, la misma campana que había tocado durante el retiro se inició la práctica. La monja entonó con su  voz que era realmente hermosa oraciones en un idioma extraño que yo solo podía seguir a través de la lectura mientras que algunas voces de los compañeros se sumaban de fondo. El salón resplandecía por la luz de las velas que se agitaban un poco de vez en cuando por el viento tibio que entraba por una de las ventanas añadiendo al ambiente olores delicados de las plantas circundantes que se mezclaban con el incienso.

El silencio se comenzó a despedir de un forma dulce como aquel que se despide tiernamente pero aguarda siempre a que lo llamen. 

18 meses después

El silencio se convirtió en una  nota importante en mi cotidianidad  y le ha dado armonía a las otras notas de la vida. Fue la llave que  me abrió la puerta a la meditación, la cual me ha ayudado a encarar los diferentes aspecto de la vida y hasta mejorar mi salud. 

No he tenido otro momento  de armonía technicolor pero Hulk se volvió a presentar, especialmente en los últimos meses en que dupliqué mi tiempo de meditación con la incorporación de otra práctica. Soltar la ira  ha sido la pieza que faltaba para mejorar mi salud, esto ha tenido un impacto tan positivo en mi vida que por eso este post que hasta el momento era un escrito personal lo comparto el día de hoy en el blog. 

 

Dedicación: esta serie esta dedicada  a la Ven Thubten Khadro por todas sus enseñanzas las cuales recuerdo casi a diario.

Serie

Un Encuentro con el Silencio 1

Un Encuentro con el Silencio 2

Un Encuentro con el Silencio 3

El tigre y el pulpo

Por Fernando Galindo Gordillo

Oceanario, Lisboa.
Fotografía: Fernando Galindo Gordillo.

Era la primera cita. Como suele ocurrir intercambiamos risas, bromas e insinuaciones. Me gustaba su sonrisa. Hablamos de nuestros autores favoritos, de la música que nos gustaba, no recuerdo si hablábamos sobre la existencia de los extraterrestres, pero sí hablamos sobre los animales y no, no le gustaban… y no se refería a las palomas o a los ratones, se refería a los animales en general. Quedé pasmado. Mi interés desapareció a la manera en que un globo cuando lo besa un alfiler.

He vivido asombrado por nuestros compañeros de ruta a lo largo de mi vida. Entiendo a la perfección la dedicación de los veterinarios y los zoólogos. En mi memoria se conservan las historias de la literatura sobre los perros, los calamares, las ovejas y los gatos, incluso escribí un artículo sobre el tema. Me imagino que este amor comenzó en la infancia, no sé si lo soñé, pero recuerdo a mi mamá cuidando a una oropéndola que había caído herida en el garaje. Muchos de los momentos más conmovedores en la vida los he pasado en la compañía de un perro y estoy seguro de que para muchos también ha sido así. Cuando supe que Descartes los consideraba simples máquinas, lo desprecié. Después de ver quince minutos de un documental decidí convertirme en vegano y a pesar de los viajes y los tropiezos, lo soy y espero seguir siéndolo. Aquí en el blog hay una serie sobre este tema.

Cuando mi hermana bautizó este blog pensé durante un rato en la palabra clave, “Coherencia”. Hoy, cuando el imperio del capricho es exaltado hasta la saciedad, cuando infinidad de personas sueñan con darle rienda suelta a cualquiera de sus deseos, conviene examinarla con mayor cuidado. Coherencia proviene de unir, pegar. En el Diccionario de Filosofía del pensador existencialista Nicola Abbagnano, se lee “ (…) implica, en efecto, no sólo la ausencia de la contradicción, sino también la presencia de relaciones positivas que establecen una armonía entre los elementos del sistema.” Se trata, en suma, de entramar los ideales que abrazamos con nuestros actos; esto reclama un compromiso, una suerte de militancia que combate al capricho. Nos hemos acostumbrado a las arengas y a las marchas y a los avisos y a las consignas, muchos creen que es suficiente lanzar su indignación en las redes sociales sobre los incendios y sobre el maltrato, pero antes de cualquier queja es preciso pensar si estamos a la altura de nuestros ideales, si enlazamos nuestros actos a la luz de lo que representan. Resulta un privilegio ser testigo de las personas que sí lo hacen, que viven ese camino.

Porque no es sencillo, porque nuestras costumbres están tan presentes y han arado tan profundo que de manera casi automática terminamos repitiendo los actos que condenamos. Se precisa una conciencia, que quizá consigan los grandes discursos; sin embargo es imperativo mantenerla, que únicamente se logra cuando los comportamientos que la respaldan se convierten en hábito. La coherencia es la unión entre los ideales y los actos. Muchos claman por las grandes soluciones y sería extraordinario tenerlas, pero si tan solo contáramos con la coherencia de quienes defienden los ideales en los diferentes medios, tendríamos a nuestra disposición mucho más de cuanto tenemos.

Porque mucho de cuanto se habla sobre el medio ambiente y el cuidado de nuestro planeta se habla por moda. Porque cientos de quejas se formulan desde una plataforma moral inexistente, que quiere aprovechar el reconocimiento, pero busca ahorrarse el trabajo del compromiso. Las palabras son una herramienta asombrosa, no obstante la evidencia de su elevada capacidad de manipulación apareció desde muy temprano. Y ni hablar de las redes, los memes, los post, las quejas, los señalamientos. Quizá si el primer umbral de un ideal sean las palabras el último es el comportamiento. Sin este hay poco.

El amor y la curiosidad por los animales me ha llevado en los viajes a varios zoológicos y acuarios del mundo. La justificación de estos lugares nunca faltó en mi reflexión. Recuerdo la historia de una tortuga malherida que era cuidada en el acuario de Chicago. También las palabras de varios defensores de los zoológicos que hablaban de la importancia de estos lugares como sitios para la pedagogía y la enseñanza ambiental en las escuelas. El cuidado que he visto es extraordinario. El Oceanario de Lisboa es uno de esos ejemplos portentosos. Me gustaría defender los zoológicos y los acuarios justamente porque los quiero, porque sé que es mi mejor oportunidad de observar a las criaturas que he querido tanto. Sin embargo en Japón tuve dos experiencias que levantaron de inmediato un tribunal, la primera un tigre.

En el zoológico de Tokio, mientras la mayoría hacía una fila enorme para ver a los pandas, yo fui primero a los tigres, vi uno, un animal joven, con los músculos tensos, con la mirada fija en la puerta, sin determinar a las personas que lo mirábamos desde el cristal, caminando de un lado para otro una y otra vez. La mayoría de personas se fueron. El tigre continuaba desgastando el suelo. Yo me quedé, quién sabe durante cuánto tiempo. No pude tomar una sola fotografía, no era capaz; no me hubiera dolido tanto si estuviera echado en el suelo, sangrando. Muchos insisten en que no podemos comprender a los animales, que creamos una proyección de nuestra ética al instinto de ellos, pero esto no era así. Entre las criaturas más complejas el sufrimiento es un lenguaje universal: están los llantos, la mirada, la desesperación y eso lo entendemos y lo entendemos de sobra.

Cuando llegué a mi animal favorito el golpe fue contundente. El pulpo es una de las criaturas más extrañas y extraordinarias en nuestro planeta. Estamos a orillas opuestas en el árbol de la vida y, sin embargo, su desarrollo de la conciencia y el nuestro se encuentran. El pulpo juega, recuerda, se mimetiza, hace contacto con la mirada, se intuye que sueña por el comportamiento de su piel, sale de laberintos, ha escapado de acuarios, es un cazador asombroso, incluso emplea herramientas. Y un animal de semejantes capacidades permanece encerrado allá en un estrecho cubo de cristal. No sé quién lo dijo, pero el bienestar de una criatura está en el desarrollo pleno de su potencial. A partir de esto ninguno de los animales en un zoológico o acuario están bien, por más amplio que sea el espacio o sofisticado, por más estrecho. El tigre solo está bien en la selva; el pulpo, en el mar.

Necesitamos pensar nuestra ética a la luz de nuestras circunstancias actuales, de nada vale arrastrar una de un período histórico anterior a la industrialización y a la agricultura moderna, donde se no contaba ni con las posibilidades que hoy tenemos ni con el conocimiento que como especie hemos alcanzado. No tiene sentido que sigan existiendo zoológicos, por más sofisticados que sean, por más que contribuyan al aprendizaje. El respeto no puede tener excepciones, menos aun cuando la excepción descansa fundamentalmente en el entretenimiento.

El desafío de la coherencia no descansa en el instante en que nos enfrentamos a un episodio sencillo, sino cuando encaramos una dificultad, cuando debemos rendir a nuestros ideales el tributo de nuestro comportamiento. El cambio climático despierta la indignación de millones de personas en el mundo, pero conviene preguntar cuántos transforman efectivamente esta indignación en mitigar el problema. El cuidado animal es respaldado a cada instante, sin embargo cuando llega el momento de actuar y tomar medidas, comienza el desfile de excusas y caprichos que produce una satisfacción vacía y, ante las personas honestas, vergonzosa. La coherencia precisa sacrificios. Nos acostumbramos a pensar que todos nuestros gozos son inocentes y si bien algunos fueron satanizados durante siglos, otros, en realidad, tienen un precio, que por lo general no paga quien los disfruta. La encantadora curiosidad por ver a un pájaro encerrado lo paga él con su propia libertad.

Fotografía: Fernando Galindo Gordillo.

El consumismo tiene tu número. Segunda parte, “Lo vacío”

Fotografía: Fernando Galindo G.

Por Fernando Galindo Gordillo

Después de haber leído varias novelas y libros de antropología e historia, después de reconocer la belleza de las ciudades en las fotografías y en los documentales, en mis manos descansaba la oportunidad de recorrer Japón. Cuando lo escribo no termino de creerlo, pero fue así, y en las calles de Hiroshima y Kioto debía convertirme en el estudiante que atiende a los templos y a los museos, que quiere comprender los ritmos y la atmósfera que se dan en los lugares mismos donde se desarrolla la cultura. Aprendía, desde luego, pero el consumismo había llamado a mi número, las bolsas llenaban la habitación y, el control del cual me preciaba en otros lugares, incluso aquí en casa, había sufrido un desmayo.

En un abrir y cerrar de ojos pasaba de un extremo a otro en unos cuantos pasos. A un lado el bullicio de los centros comerciales y la ordenada exhibición de maletas y productos de belleza, al otro un templo silencioso, donde las personas aguardan su turno para purificarse las manos en una fuente con un dragón. En una esquina aparece una sofisticada calle con cafés elegantes y edificios portentosos; al interior, entre los caminos escondidos, la puerta de un templo, donde varios budas caminan a la orilla de fuente, entre piedras y pájaros. El desconcierto era normal.

Fotografía: Fernando Galindo G

En medio de esta situación pensé que era fundamental analizar mi relación con las cosas y levantar un tribunal que juzgara mis hábitos como consumidor. Estaba seguro de que las mismas lecturas y el trabajo que había hecho me echarían un mano, también tenía la sospecha de que el mismo Japón, su cultura tradicional, ofrecía una serie de recursos valiosos en este dilema.

Primero, detengámonos un instante a reflexionar: la atracción es inevitable y enciende la llama de la curiosidad (aparece una tienda nueva o estamos en un lugar diferente, nos han recomendado ese sitio); después, cuando nuestra observación ha quedado atrapada durante un buen tiempo, llega el momento definitivo de la compra o la partida y, cuando se ha repetido varias veces este proceso aparece un instante inconfundible: el hastío, las mismas cosas y las mismas vitrinas. Y el péndulo del cual habló Schopenhauer realiza su trabajo: del hastío vamos al deseo (¡hay algo nuevo!) y del deseo al hastío (esto… es lo mismo). De esa manera se forma un hábito que se repite independiente del lugar, a veces parece que lo controlamos porque lo repetimos en los mismos escenarios, sin embargo, cuando nos desplazamos de un lugar o la rueda de los cambios presiona el acelerador, el resorte del deseo se dispara una y otra vez. Y esta situación no es inofensiva, produce un verdadero malestar.

Creo que es fundamental pensar nuestra relación con los objetos. Esta es la primera idea. Dentro de los templos y los jardines, a lo largo de las diferentes ciudades, no se veía la desnudez pura, sino la dinámica entre unos cuantos objetos y el vacío, a la manera de esas pinturas taoístas que tanto influyeron en Japón. Se trata de una meditación cuidadosa en el espacio que se habita, en la pertinencia del objeto que se tiene y en la relación estética que se da entre los dos. Esto exige un trabajo peculiar.

Fotografía: Fernando Galindo Gordillo

En los viejos palacios de los zares allá en San Petersburgo, donde se asoman las fuentes y las interminables galerías de comedores, porcelanas y samovares, existe tanta decoración, son tantos los objetos, que la mirada termina cansándose y el trabajo y el ingenio de miles de personas molesta más de lo que agrada. Cuando Durero vendía sus grabados sus clientes consideraron que el orden de los precios debía obedecer a la cantidad de figuras que aparecía, así los más costosos eran los más llenos, justo los más difícil de observar. La idea del vacío es la clave.

Hoy la facilidad de comprar está al alcance de más y más personas. Nunca en la historia se había producido y se había tenido tanto. Aquí en el blog se encuentran numerosas entradas sobre las razones de estas circunstancias y las consecuencias de esta situación. El acumulador, no me refiero solamente a la caricatura de esa persona, sino a la mayoría que mira con recelo un cajón tan pesado que no desliza bien, vive una relación paradójica con las cosas: después de cierto punto mientras más tiene, menos; y no se trata solo de tener, sino de encontrar y usar, y no solo se trata de usar y encontrar, también de valorar. Y en esta relación el vacío desempeña un papel casi mágico.

Fotografía: Fernando Galindo G.

Mientras arreglaba la maleta, ya no me encontré pensando cuánto espacio vacío debía llenar con mis compras, sino cuanto vacío me hacía falta. Recordé un documental que había visto sobre minimalismo y encontré varias entrevistas y canales de videos. Estaba contento. Pensé que había encontrado una manera de liberarme, pero no tardé en reconocer que el desafío presentaba una complejidad considerable: no estaba lidiando con una premisa que había desmentido, no tenía enfrente una trampa cuya maquinaria había descubierto, se trataba de un hábito y los poderes convencionales del racionamiento no surten el mismo efecto: el fumador es capaz de informarse sobre el cáncer de pulmón mientras enciende su tercer cigarrillo. El consumismo tiene nuestro número, porque con las maneras más escrupulosas han formado un hábito, donde entienden que el precio de mantenerlo latente, de mandar tan rápido como fuera el péndulo, es apretar el acelerador de la novedad a cada instante. Sobre este tema también hay referencias en este blog.

Fotografía: Fernando Galindo G

Como un hada madrina una amiga antes de mi viaje me había regalado “La mente ansiosa” de Judson Brewer. Lo llevé al viaje, lo leí en el vuelo, practiqué algunos ejercicios de meditación y mientras recorría los jardines de piedra del budismo zen, entendí que frente a la cantidad de estímulos que estaba viviendo la meditación no debía ser una actividad esporádica, sino una disciplina diaria. Frente a un mundo saturado de estímulos comerciales no imagino mejor ayuda.  El vacío en nuestro entendimiento también es fundamental, esos momentos, los veinte o quince minutos diarios atendiendo a los ritmos de la respiración, contribuyen a guardar el gobierno de sí. Con la meditación reconocemos en cámara lenta al hábito que buscamos desterrar, lo reconocemos mientras ensambla sus elementos y, al ritmo que lo observamos, sí somos capaces de intervenir.

A pesar de estas reflexiones es importante decir que no podemos sobreestimar nuestras capacidades. La comprensión del vacío, como un elemento material y psicológico en nuestras vidas, es una herramienta fundamental, que permite adquirir más. Sin embargo no es suficiente. La defensa de nuestro libre albedrío necesita una revisión continua de nuestros hábitos, un examen riguroso, ya sea desde la misma comida hasta nuestras fantasías, desde la nutrición del cuerpo hasta el alimento del deseo.  Pareciera una exageración, pareciera que este fuera el momento para hablar de conjuras y pactos, pero no. Hemos sido educados por la saturación de estímulos comerciales, la palabra “educación” no cuenta con la fuerza suficiente: hemos sido –modelados- por esta saturación, mejor así. Cuando decimos –modelados- es claro que entre los distintos eslabones del sistema se busca el comportamiento más conveniente, la adicción. Lo han logrado y de qué manera y a qué costos.

Fotografía Fernando Galindo G.

Después del regreso mi relación con los objetos cambió a lo largo de estos días. Me maravilla el ingenio, el virtuosismo, la creatividad casi ilimitada que se despliega, sé que me gustaran decenas de productos que vea, pero ahora reflexiono con muchísimo cuidado antes de comprar cualquier cosa. Me leí el libro de Marie Kondo, de quien había visto decenas de videos, y me sentí maravillado ante la nueva relación que tenía con mi casa y con las cosas.  Seguí el método al pie de la letra y si bien mis convicciones religiosas son inexistentes, advertí que en la relación con nuestras cosas siempre latirá un animismo: lo sabe el músico con su guitarra, lo sabe el profesor con sus libros, lo sabes los padres con los dibujos de sus hijos. Debí encontrarle otro hogar a muchas cosas que me habían acompañado durante mucho tiempo y no fue sencillo. En este camino la relación con los objetos que me acompañan, la reflexión por el uso que les he dado y por las personas que las hicieron, ha cambiado notablemente, ahora aparece un elemento que la ansiedad y los viejos hábitos impedían ver con frecuencia: la responsabilidad; aparece otro, igual de importante, la gratitud.

Fotografía: Fernando Galindo G

El consumismo tiene tu número. Primer parte “Lo lleno”

 

Tras el rastro de la Anaconda

Las plantas cantan, el oro es como gotas de sol escondidas en la tierra y las montañas son sagradas. Es un lugar mágico, peligroso y desconocido en donde los hijos de la Anaconda se resisten a sucumbir a las trampas del progreso.

Uno de los ecosistemas más importantes del mundo se nos presenta aún prístino gracias a la protección de las  tribus indígenas  y a que el conflicto armado en Colombia lo ha protegido durante medio siglo al hacerlo aún más inaccesible.

La naturaleza que reina este espacio es sagrada, lo cual se siente a través de sus cavernas, montañas y majestuosos ríos y cascadas. Es el sendero de la Anaconda, un complejo de ecosistemas que se relacionan entre sí desde los Andes colombianos hasta el Atlántico, recorrido que nos presenta el científico Canadiense- Colombiano Wade Davis en su último documental.

Este viaje es también el gran anhelo de su corazón. Por fin puedo seguir los pasos que transitó su mentor Richard Evans Schultes, quien en su niñez a la edad de siete años  en una cama de hospital leyó los diarios de exploración del Amazonas de Richard Spruce, y desde ese momento comenzó a soñar con este paraíso para continuar trabajando en su legado. 

Relatos que Wade Davis escribió en su libro el Río, los cuales  inspiraron junto con otros diarios de exploradores la galardonada película El Abrazo de la Serpiente.

Al ver el documental recordé varios pasajes de su libro, del cual me impresionó saber que  varios miembros de las tribus indígenas pueden escuchar a las plantas. Durante mucho tiempo me pregunté cómo era eso posible y en qué momento la cultura occidental había perdido esa facultad.

La Selva es un lugar mágico y desconocido, lleno de una biodiversidad inimaginable. Que ha tenido que soportar el saqueo en todas sus formas. Por un tiempo fue la quina, el caucho y hasta las almas no evangelizadas de los indígenas, hoy en día lidia con la deforestación y la amenaza de la minería. 

Los resultados de nuestro  arrasador progreso nos confrontan, a pesar de usarlo como caballo de batalla para combatir los problemas de la pobreza y del hambre en el mundo  seguimos sin resolverlos. A lo cual se suma una ola de devastación y  los efectos del cambio climático.

A través de este viaje, el cual se realiza después de ochenta años del trabajo de  recolección de más 2.000  especies de plantas  por parte de su mentor,  Wade Davis recorre sus pasos y se reencuentra con su amigo y científico colombiano Martín von Hilderban, quien ha dedicado casi toda su vida a la protección de la Amazonía Colombiana y  ha apoyar a las tribus indígenas que aún permanecen allí, las cuales se han negado a perder su cultura y su forma de vida.

Este  viaje  documentado a través de las zonas más recónditas de la selva colombiana por el Río Apaporis y la serranía del Chiribiquete nos invita a contemplar y a reflexionar acerca de la oportunidad y la necesidad de cuidar este  sendero. En donde una vez la gran Anaconda otorgó riqueza, belleza y abundancia a todos sus hijos.

Más Amor y Menos Migraña (Reseña)

Libro: Más Amor, Menos Ibuprofeno

Desde hace un par de años comencé a experimentar unos fuertes dolores de cabeza llamados migrañas. Los cuales se fueron apoderando de mi vida  por completo; pasé de ser una persona activa y vital a una persona inválida e incapacitada que se refugia en la oscuridad y en la quietud de su habitación. Lejos de la luz, del ruido, de los olores fuertes, de mi familia y de mis sueños.

Tal vez tuve que llegar al fondo de la situación para reunir fuerzas y verla desde una perspectiva diferente, no podía continuar con episodios semanales de cuatro días de duración. Algo en mí andaba muy mal y lamentablemente no se reflejaba en los exámenes de sangre ni de hormonas que me realizaron en el último año. El Ibuprofenos y el Paracetamol se volvieron mis constantes compañeros diarios, pero ya ni siquiera me hacían efecto, no podía seguir así. Los medicamentos en este caso en  particular no me estaban devolviendo la salud.

El que sufre este dolor sabe la tristeza y la impotencia que se siente al notar cómo se te va la vida en la oscuridad. Me cansé y de ir al médico y no obtener una respuesta, me cansé de que mi vida dependiera de cajas de medicamentos que no me curaban.

Al no tener una idea clara de qué podía hacer, decidí hacer una sola cosa, involucrarme en mí curación y hacer lo que tuviera que hacer para recuperar mi salud. El primer paso fue buscar información al respecto, lo primero que encontré fue la estrecha relación que existe entre un hígado saturado de toxinas y los dolores de cabeza. Con el fin de darle un descanso a mi hígado dejé por más de veinte días alimentos que creí eran imprescindibles para mí vida: el café, los lácteos, el chocolate entre otros alimentos que ahora consumo con mucha precaución y ocasionalmente.

Pero a pesar del avance  que veía en la disminución de los episodios de migraña necesitaba entender mejor lo que me ha estado pasando.

Un día a principios de enero  visitando la biblioteca cercana, a la cual le tengo cariño, al pasar por uno de los corredores llenos de libros vi este libro llamado: Más Amor, Menos Ibuprofeno,  el título me pareció tan simpático y como tenía un cupo para llevar un libro más decidí llevarlo. Por mi cabeza no se me había pasado buscar un libro escrito por un Osteópata, estaba buscando libros escritos por Neurólogos, al leer el libro entendería mejor por qué un Osteópata podía hablar con tanta claridad y experiencia del tema.

Más Amor, menos Ibuprofeno, es el libro escrito por  el Doctor David Ponce, el cual se relaciona también con su primer libro: El dolor de espalda y la emociones. Esa noche en casa leí de manera absorta su libro, el cual volví a releer después de terminarlo, por fin tenía la respuesta a  varias de mis preguntas, como por ejemplo: por qué se presentaban vómitos en los episodios de migraña, por qué al quitar algunos alimentos los episodios se disminuían, por qué debía tomar agua, por qué algunos episodios de migraña coincidían con mi ciclo menstrual, entre muchas otras más respuestas a mis inquietudes.

Entendí que el dolor de cabeza es un síntoma  de otras enfermedades complejas, es como una alarma que nos avisa que algo en nosotros está mal. El libro ha sido una invitación para descubrir qué causa que esa alarma se prenda en lugar de solo querer apagarla con un medicamento. Esto no quiere decir que no se deba tomar medicamentos en casos en lo cuales el  dolor sea insoportable.

El Doctor Ponce invita al lector a revisar lo que él llama el terreno del paciente, que son la suma de sus hábitos de alimentación, ejercicio, higiene, postura, historia personal, entre otros muchos aspectos. Sugiere llevar un diario del dolor para identificar las causas y detonadores del dolor de cabeza y habla de la importancia de escuchar a los pacientes. Gracias a este libro entendí qué es un dolor de cabeza y cuál es la diferencia con respecto a la migraña, que afecta más al sistema nervioso, a las partes nerviosas del cráneo y a toda la trama de nervios relacionadas entre sí (trigémino, oftálmico, maxilar, etc).

Aborda la anatomía del cuerpo y de una forma clara explica la importancia de mantener una buena circulación para que los fluidos corporales puedan cumplir con sus diferentes funciones, como  llevar oxígeno y alimento así como también desechar sustancias nocivas. En esta acción interviene el sistema circulatorio, nervioso, muscular y el óseo, en este caso en particular las vértebras cervicales. Al ser los Osteópatas los profesionales de la salud  que se involucran con el movimiento del cuerpo pueden ofrecer una visión integral de esta enfermedad, especialmente cuando se han descartado problemas mayores como tumores.

Con claridad de detalle en su libro el doctor Ponce explica las diferentes causas del dolor de cabeza, entre estas se encuentran causas: circulatorias, mecánica,  hepático digestivas, hormonales y la causa emocional. También tipifica los diferentes dolores de cabeza desde una perspectiva de la medicina China.

Al revisar lo anotado por el doctor me sentí identificada con varios de sus pacientes, como con aquella señora que no tomaba agua de manera suficiente, los problemas de postura que fui abonando con las interminables horas frente a un computador, reconozco que he abusado de varios alimentos, muchos de los cuales son difíciles de procesar para mi hígado y que muchas veces “no digiero” bien las emociones, más de una vez en la vida he  llamado a los problemas dolores de cabeza.

Entendí que debo mejorar mi manejo del estrés, el cual puede afectar al sistema circulatorio, nervioso, mecánico, hepático y digestivo, lo cual puede  derivar en un gran dolor de cabeza.  Me asombré al conocer acerca de la terminaciones nerviosas del cuerpo y como en algunos casos el dolor emocional y físico pueden converger en ciertos puntos,  así como de otros datos interesantes que el doctor explica en su libro.

Creo que tengo un camino largo por recorrer, pero ya he implementado varias de las acciones descritas en la parte del libro llamada: decálogo para tratar las causas del dolor. También he visto una Osteópata en las últimas semanas y estoy más comprometida con mi curación, tratando de cumplir la máxima para mejorar mi salud según el padre de estas terapias: “Conocimiento, actitud y hábitos”  Ahora entiendo que quererme y cuidarme es una forma más de amar a mi familia.

El día de mañana devolveré esta copia del libro a la biblioteca y conseguiré una para mí, porque no dudo que es un libro que seguiré consultando de forma frecuente por la valiosa información que contiene.

 

Agradecimiento especial a: el Doctor David Ponce por su libro y a mi familia por  cuidarme y acompañarme en este proceso.

Enlaces de interés

Más Amor  Menos Ibuprofeno  

Doctor David Ponce

En esta nueva sección del canal  de YouTube llamada Tiempo para Leer te comparto una muy pero muy breve reseña del Libro Más Amor Menos Ibuprofeno del Doctor David Ponce.

Un Encuentro con el Silencio (Tercera Parte: El Cielo de la Mente, la Meditación y el perrito que encontré)

Naturaleza en el lugar del retiro

En la experiencia de silencio que viví estaba abstraída de estímulos, allí encontré una llave inesperada, una que me permitió entender que era posible entrenar la mente, un concepto totalmente novedoso para mí. Antes de este encuentro su desarrollo solo lo asociaba con el desarrollo intelectual, pero esta experiencia me daría una perspectiva diferente acerca de la meditación.

El Cielo de la Mente y el perrito que allí encontré

Un cielo muy nublado

Para los Budistas Tibetanos la mente es como un cielo azul despejado que a veces se llena de nubes. Algunas pueden ser muy blancas, otras grises y unas hasta negras con rayos y  truenos. Esas nubes son los pensamientos. Nuestras mentes convencionales tienden a llenarse de pensamientos que, como nubes grises, no nos dejan ver con claridad la realidad.

En el pasado había podido reconocer mis pensamientos repetitivos y tormentosos, mis construcciones mentales, las películas que mi mente creaba en el cual yo interpretaba el rol  protagónico de la víctima o de la triunfante. Mis pensamientos volaban, y aún hoy vuelan, pero por mucho tiempo mi mente me hacía creer que era verdad lo que a través de mis pensamientos percibía. Sin embargo, a través de la observación y de la reflexión comencé a detectar mis pensamientos repetitivos. Le decía a mi mente en voz alta: “detente”. Menos mal que nadie me vio, que a veces soltaba un “detente”  en voz alta, hubieran pensado que estaba loca, pero de esa forma había frenado las construcciones perjudiciales. En este retiro me darían una herramienta eficaz y un concepto revolucionario para entrenarme: la meditación.

Debo admitir que antes del retiro tenía un definición muy superficial de qué era la meditación, pero a través de la práctica entendería cosas que con la simple teoría no se entienden, tendría que experimentarla. Meditar es entrenar tu mente, la enfocas en un punto específico y permaneces allí, los pensamientos y construcciones mentales vendrán, pero tú al estar enfocado las dejaras pasar.  

En el segundo día de meditación intensiva comencé a sentir que en mi mente vivía un perrito juguetón que ladraba mucho, a veces ese perrito se multiplica en muchos más perritos  que persiguen pensamientos como si fueran pelotas. Yo de alguna forma empecé a llamarlo para que estuviera pegado al foco, en un primer momento el foco fue el abdomen, y logré que por algunos segundos ese perrito estuviera allí pegado.

Después de la meditación y casi al terminar el día reflexionaba mucho acerca de mi perrita Mara, una perrita que adopté hace cinco años, a ella no le gustan las pelotas pero sí le gusta acechar gatos y otras cosas. Ella fue por muchos años una perrita que vivió en la calle y por eso no tuvo ningún entrenamiento, y lamentablemente yo solo la comencé a entrenar hace un poco más de un año. Al entrenarla mejoró mucho su comportamiento, me dí cuenta en ese momento que ella tenía todo el potencial para ser una buena perrita, lo único que le faltaba era entrenamiento: eso también le pasaba a  mi mente. Entendí que mi mente no era mi enemiga, simplemente estaba fuera de forma.

Esa noche en la habitación que compartía, leí uno de los capítulos de un libro que me regalaron llamado: “Breath by Breath, The liberating Practice of Insight Meditation” de Larry Rosenberg con David Guy y no sé si fue por casualidad, pero  llegué al mismo concepto del autor de aquel libro y lo llamaba “The Doggy Mind” La mente correr detrás de los pensamientos como si fuera un perro que corre por huesos,  no importa si son huesos de plástico que no le proporcionan ningún alimento, ella simplemente se va detrás de esos “huesos” Según el autor del libro al entrenar tu mente se pasa de una mente de perro a una mente de león, la cual  escoge su objetivo, se enfoca y va por éste.

Cuando terminó el retiro sentí que mi mente ya no era ese perrito latoso que se alborota por cualquier ruido, sino que era como un perro Pastor Alemán. Sin embargo, a  veces se convierte en el perrito latoso que se multiplica por casi mil. En ese momento simplemente respiro y lo llamó, ahora hace un poco más de caso. Con el entrenamiento estoy convencida de que mejorará así como mejoró la obediencia y el comportamiento de mi perrita Mara.  

Meditar es un acto de amor por lo demás

Garabatos y notas en mi cuaderno

Antes del retiro pensaba que meditar era un práctica para encontrar calma a un nivel individual. Y aquella experiencia me haría sentir y vivir algo muy diferente. Al terminar cada meditación quedábamos perplejos, yo sentía como si me lanzaran baldazos de entendimiento que me dejaban sin palabras. Entendí que es importante desarrollar la paz interior, el amor y la compasión, así te conviertes en un refugio para los demás, y este estado es algo que pasa de persona a persona. A través de algunos trabajos que he desarrollado había entendido a nivel profesional que la violencia es como un virus, varias experiencias sociales con soportes estadistícos y estudios así lo confirman, sin embargo de la misma manera que la violencia es un virus que pasa de persona a persona, la paz interna, el amor y la compasión podrían transmitirse así, y tú, al cultivar tu paz interior, podrías frenar esos “virus maliciosos” que nos acechan: la meditación te hace menos vulnerable.

Al sentir paz, amor y compasión no solo lo sentimos por otros seres humanos, lo  sentimos también por otras especies y hasta por todo el planeta, por esta razón decidí incluir esta serie en este blog, pero esto no sería todo lo que entendí.

(Te invito a ver este video que mi hermano me compartió, habla de tener el altruismos como guía en nuestras vidas. También muestra lo que pasa en nuestros cerebros al practicar la meditación. ¡Larga vida a la revolución del altruismo!)

Un Encuentro con el Silencio (Segunda parte: La Monja, la Práctica y la Presencia del Silencio)
Un Encuentro con el Silencio (Primera parte: La Duda, la Migraña y el Buda)

 

Un Encuentro con el Silencio (Segunda parte: La Monja, la Práctica y la Presencia del Silencio)

Naturaleza del sitio del retiro, foto que tomé antes del inicio del Silencio

Mi expectativa en aquel retiro se reducía a tener un encuentro con el silencio pero me encontraría más que eso. Entendería un concepto totalmente novedoso para mi que es el entrenamiento de la mente a través de una práctica llamada Calma Introspectiva o Shamatha en Tibetano. Lo que me daría un experiencia inolvidable. No alcancé el Nirvana pero si un estado al que nombre experiencia Technicolor.  

La Monja, la Práctica y la Loca de la Campana

En la primera sesión de meditación conocimos a la persona que sería nuestra guía en este retiro Ani Thubten Khadro, una monja Budista. Antes del retiro solo pensaba que los monjes Budistas eran solamente hombres y me sorprendió de forma agradable saber que la persona que guiaría las meditaciones sería una mujer.

Ese día ella nos contó algo de la historia del Budismo y de su principales linajes. La práctica que nos enseñaría es del Mahayana, específicamente del linaje del Budismo Tibetano Gelug. La práctica se llama Shamatha o Calma Introspectiva en Español y es un método de concentración para mantener la mente enfocada. En ésta también se involucra la práctica de la concentración en la vida cotidiana.

Ofrendas del altar

En esta sesión revisamos los horarios del retiro y de la práctica de la meditación  que se alternaban con ejercicios de relajación y estiramiento, los cuales fueron fabulosos y me permitieron tener más consciencia de mi cuerpo. También en ese primer encuentro se propusieron los voluntarios para el arreglo y mantenimiento del altar y de la sala de meditación, a lo cual no me propuse porque en ese momento, ni aún hoy,  entiendo el protocolo ni todos los rituales que existen en el Budismo Tibetano, pero me propuse para el toque de la campana.

La famosa campana

En mi imaginación la campana se debía tocar fuertemente como las campanas de las Iglesias Católicas a medio día. Estuve fantaseando con mi toque de concierto de campana por algunos segundos hasta que Khadro como si hubiera leído mis intenciones me dijo la forma como debería tocar la campana; la cual consistía en un toque austero para mi gusto. Como el lugar era grande recorría con la campana en una postura ceremonial el sitio del retiro para llamar a mis compañeros.

Muchas veces pensé que era algo sin sentido debido a que muchos tenía sus relojes, pero a pesar de esto me comprometí hacer mi labor con consciencia y de la forma más solemne posible. Al terminar el retiro me despedí de varias personas con las cuales no había cruzado palabra alguna durante el retiro y me agradecieron por la campana. Las personas se habían sumergido tanto en la práctica y en el silencio que la campana les ayudó a llegar a tiempo a todas las sesiones.

Algunas veces al recorrer con la campana el lugar algunos de mis compañeros me me preguntaban con sus ojos: ¿Qué sigue? Y yo les contestaba con una mímica sutil  si teníamos que meditar, hacer ejercicios o practicar la caminata con consciencia.

Los gatos y el inicio del Silencio

Gato amigo del retiro. Le gustaba pedir comida pero no las fotos

A las tres de la tarde de ese primer día el ruido le dio paso al silencio. Estar en un grupo de 39 personas en silencio era una situación totalmente  inusual para mi. Cada uno estaba inmerso en su universo interno, con su tirano o amigo personal. Se habían acabado la distracción era el momento para encontrarse con uno mismo. En la primera sesión nos advirtieron que era importante ser amables  y considerados con los compañeros; muchos pensamientos, sentimientos y emociones podrían aflorar.

Garabatos y Gato en mis apuntes

La mayoría de las personas evitaban el contacto visual y se sumergieron en su interior, en las cuales también me incluí. Sin embargo, si me chocaba por casualidad con los ojos de alguien daba un saludo con mis ojos. Lo cual había aprendido hacer al ver a uno de los tres gatos que estaban en el lugar del retiro. Con las primeras comidas ellos se acercaron para que les diéramos algo, especialmente uno de ellos visitó  varias veces la mesa en donde me senté a comer. Cerraba sus ojitos para saludar y pedir comida como si se uniera al grupo del silencio, lo cual me pareció que no hicieron en la tarde en la que llegamos debido a que nos maullaron sin cesar pidiéndonos comida.

Con el tiempo los gatos se cansaron de pedirnos comida al percatarse que toda la comida era vegetariana y de sabores poco exóticos y contrastantes. Me imagino que todo era parte de la experiencia de abstraerse de los sentidos.

Un silencio acompañado

La primera comida que le siguió al  inicio del silencio fue un poco extraña. Cada uno tomó una mesa, algunos prefirieron las más alejadas. Pero en los días siguientes nos sentábamos acompañados y era usual ver mesas ocupadas por dos y hasta tres personas.

Por mucho tiempo asocie el silencio a la soledad y hasta con la tristeza. Había necesitado tantas veces hablar para rellenar espacios pensando que el silencio es ausencia cuando tal vez es presencia.  

En el silencio aprendí a no justificar lo innecesario

Había llevado al retiro un tapete que encontré en la casa de mi papá el cual tiene un roto gigante que le hizo uno de sus perros en uno de sus extremos. Cuando lo saqué para la primera clase de estiramiento apegada a mi manía de justificar y dar explicación acerca de todo lo que hago y lo que no hago, hasta de lo más mínimo, sucedió algo increíble.. no lo pude hacer porque estaba en silencio. Simplemente sonreí conmigo misma. Un fresco y ligero aire de liberación me invadió.

Una fantasía de mi mente, parece que el jardín también lo tengo en mi cabeza.

Pero eso no era todo lo que aprendería en el silencio, simplemente era una puerta para entrar en algo más grande, desconocido e impactante.

 

Un Encuentro con el Silencio (Tercera Parte: El Cielo de la Mente, la Meditación y el perrito que encontré)
Un Encuentro con el Silencio (Primera parte: La Duda, la Migraña y el Buda)

 

Un Encuentro con el Silencio (Primera parte: La Duda, la Migraña y el Buda)

Unas ranitas del juego tradicional que encontré en mi retiro, al verlas me cuestionaba si podría estar en silencio.

Silencio. Ese incómodo momento que me causaba escalofrío en una conversación, esa sensación de aislamiento y soledad cuando no tenía con quien hablar. El silencio  era algo que me aterraba. Participar en un retiro en silencio fue algo que hace unos cuantos años no se me hubiera pasado por la cabeza.

Pero hace unos meses en el  jardín el silencio se convirtió en una parte de mi vida. La Wifi no llega al jardín, los programas de radio con sus sonsonetes  de noticias y regetón me aburren y prefiero no escucharlos. Entre el cantar de los pájaros, el zumbido de las abejas y el sonido del viento; el silencio comenzó a sentirse como una nota musical más en la sinfonía de la naturaleza. Pero nunca me imaginé lo que sucedería visitando a mi familia en mi país.

Una inesperada invitación al silencio en la ruidosa y vibrante Bogotá

Estando en Bogotá, mi hermano me contó que se iba a ir a un retiro de silencio a las afueras de la ciudad. Al ver mi entusiasmo por el retiro me invitó. Felices de ir nos preguntábamos  si podríamos estar tanto tiempo en silencio al ser los dos personas tan habladores. Él pensaba que de sus ojos se iban a proyectar letras y yo reía al imaginar que las pecas de mi rostro se comenzaría a reunir en letras para formar palabras en mis mejillas.

Un par de días antes mi hermano tuvo que desistir de ir y yo dudaba de ir sola. Sin embargo, esa oportunidad no se me  presentaría de nuevo al volver a mi cotidianidad, por lo cual decidí ir. Me encontraría con un buen amigo de mi hermano que le compartió la información del retiro y otras personas que también se habían inscrito. El punto de reunión era  cerca del Estadio el Campín en Bogotá y de allí saldríamos al sitio del retiro.

Primer día: La duda, la Migraña y el Buda

Ese día me levanté con un migraña muy fuerte pero no me sentí totalmente incapacitada. Las ganas de ir eran más fuertes que el dolor de cabeza, tomé algunas previsiones y me fui. El lugar del encuentro era el Centro de Meditación Budista Yamantaca, llegué unos minutos más temprano de lo acordado y estuve esperado en una pequeña sala. Con una mano me tapé  y sostuve el lado izquierdo de mi cara y cabeza donde se concentraba el dolor de la migraña mientras que con el ojo derecho apreciaba la decoración del lugar.

Uno de los Budas que  me recordaba  la posición que debía mantener en los siguientes días.

De frente pude ver la figura de un Buda encima de una estantería. Se veía tan diferente al Buda bonachón y panzón que tenía mi bisabuela en su casa, al cual todos los que llegaban a visitarla le rascaban la prominente panza como un agüero de buena suerte para conseguir dinero. Éste a diferencia del de  mi recuerdo infantil era un Buda estilizado y con unas postura de meditación muy recta, la cual me recordaba que por los siguientes cuatro días esa sería mi posición habitual diaria; con solo pensarlo mis rodillas me dolían.

Pero ese no sería la única figura de Buda que vería ese día, en el fondo del Centro en un pequeño jardín se encontraba otro, esta vez me llamó la atención su expresión de serena alegría que se  dibujaba en su rostro.

Otro de los Budas que pude apreciar.

A mi lado derecho al fondo se veía una estantería con  varios libros, algunos en Inglés otros en Español. Mientras inspeccionaba el lugar con mi ojo derecho escuchaba cantos y oraciones en un idioma totalmente desconocido para mi. Esperaba que el encuentro no fuera un gancho para reclutar incautos y que no me acosaron en todo momento con conceptos religiosos.

Los cantos cesaron y se asomó a la sala un monje  que me hizo una pequeña venía con su cabeza mientras sus manos se juntaban a la altura de su pecho. Varias personas que también iban para el retiro comenzaron a llegar incluido el amigo de mi hermano, después de saludarnos y meter las maletas en el carro decidimos salir de Bogotá . El recorrido se hizo ameno y conocí en el trayecto a las que serían mis compañeras de habitación.

Las primeras notas de silencio

Esa noche en el retiro a las afueras de Bogotá

Cerca de Bogotá en el lugar del retiro fueron llegando otras personas, unos ya habían participado en eventos similares mientras que otros nos preguntamos si sería posible estar en silencio por lo próximos días. Entre conversación y conversación, las pausas se hicieron más largos, el silencio comenzó anunciar su presencia. En mi interior sabía que sería un encuentro interesante y a la vez desafiante, estaría conmigo misma y retirada de cualquier estímulo que afectará mis sentidos.

Por cuatro días estaría desconectada del internet, del teléfono, de mi familia y de la necesidad de comunicarme con otras personas. A cambio estaría conectada conmigo misma. Podría conocer que tan buen trabajo había hecho al  convertirme en mi mejor amiga o por el contrario en mi peor enemiga.

Un Encuentro con el Silencio (Segunda parte: La Monja, la Práctica y la Presencia del Silencio)
Un Encuentro con el Silencio (Tercera Parte: El Cielo de la Mente, la Meditación y el perrito que encontré)

¡No te comas a la gata! (Segunda parte: imprevistos y consejos para viajar con tu mascota en avión )

Un mes antes del viaje parecía que la suerte no estaba de nuestro lado. A pesar que el resultado del test de rabia había salido favorable para que  Mara viajará con nosotros. Un hongo muy agresivo en su piel  la estaba dejando sin pelo, y como si eso fuera poco, un perro la había mordido en su hocico al salir de manera sorpresiva entre las rejas de un antejardín.¿Podríamos llevar a Mara así? Seguramente no.

 

En ese estado no podría pasar los exámenes que le faltaban, pero a pesar del  mal pronóstico decidimos hacer lo posible. En ese  hacer lo posible existe algo increíble que permite en muchos casos cambiar situaciones adversas en otras mejores. Con constancia,  dedicación y siguiendo las indicaciones del médico veterinario logramos su recuperación. Cinco días antes del viaje el hongo había desaparecido de su piel y la cicatriz del mordisco había cerrado totalmente.

Con mi hermano y mi papá alistando a Mara para el viaje.

 

Alistando a Mara para el Viaje y las recomendaciones que nos sirvieron.

Ejercicios con el Transportín: Antes de comprar el transportín revisé en la página de la aerolínea las especificaciones que solicitaban. Necesitaba un transportín que cumpliera con la especificaciones de la IATA. Mara debería poder entrar, pararse y dar la vuelta cómodamente dentro de éste.

En pro de mis inquietudes ambientales lo busqué de segunda mano pero no lo encontré. Teniendo el tiempo contado para alistar a Mara  para el viaje decidimos ir al lugar en Bogotá en donde se encuentran varios almacenes de mascotas a precios asequibles; que es en mi opinión es  la zona que se encuentra entre la calle  60 y 70 con Avenida Caracas. Por lo general reniego de las estrategias y tretas comerciales pero ese día hasta las agradecí, encontré un buen transportín y hasta con descuento.

Mara en su transportín

Con el transportín en casa de mi padre y su esposa comencé a realizar ejercicios con Mara, estos consistían en dejarle dentro del transportín algunos de de sus objetos favoritos, como: su cobija,  algún juguete y hasta algún bocadillo para animarla a entrar. Estando adentro le cerraba el transportín y le decía ¡Ya nos vemos!   La dejaba y me iba, pasados cinco a diez minutos regresaba para abrirle la puerta.

Hidratación: Unos días antes del viaje le mezclamos un poco de un suero para prevenir la deshidratación con agua (tipo Pedialyte), creo que esto sirvió bastante, porque lamentablemente el bebedero que conseguimos para el transportin  solo  nos  lo  pudieron entregar el día del vuelo, por tanto  Mara no tuvo tiempo para familiarizarse con éste. Tampoco éste tenía un buen sujetador para poderlo instalarlo de forma firme en el transportín.

Carpeta de Documentos: es importante organizar una carpeta con todos los documentos que te exijan y los resultados de los exámenes. Puedes ver el post anterior para ver los detalles. Esta carpeta la debes tener contigo durante del viaje.  

Pasabocas y alimento: esto lo tendrás que llevar en tu maleta de bodega y te servirá para cuando llegues y te instales en tu nuevo hogar.

Esencias florales:  debido a que me han funcionado  en el pasado decidí  conseguirle a Mara unas para ella, las cuales le comencé a dar unos días antes y después del viaje.

Baño y dientes relucientes:  Unos días antes del viaje a Mara se le realizó su profilaxis por recomendación del médico y  también se le dio un baño para que estuviera limpia el día del vuelo.

Hablar con la aerolínea: esto lo que tendrás que hacer por lo menos en dos oportunidades, en una para saber las especificaciones y la otra  unos días antes del vuelo para apartar el cupo de tu mascota.( 48 horas antes en mi caso)

De todo el material que revisamos con mi hija para alistar a Mara este video del canal Ana Cecy nos sirvió de mucho.

 

Un viaje largo y en ayuno.

La noche anterior al viaje Mara comió su última comida en Bogotá. Pasaría mucho tiempo antes de que ella volvería a comer, sería una jornada muy larga. Cuatro horas de espera en el aeropuerto, catorce desde Bogotá hasta Madrid, dos en el cambio de avión, una hasta Porto, y una más en carretera hasta nuestro nuevo hogar, sin contar  el tiempo que tomaría el desembarque y el chequeo del veterinario cuando estuviera Portugal.  

 

¡Todos a bordo!

El día del viaje toda mi familia y mi mejor amiga desplegaron su apoyo y compañía para llevarnos hasta el aeropuerto; maletas en un carro, pasajeros y mascota en otro. Sin su ayuda hubiera sido este trayecto más difícil y costoso.

Como el día anterior había realizado el examen del ICA era una preocupación menos. En el “counter” de la aerolínea  revisaron los papeles de Mara y la pesaron dentro de su transportín, por fortuna los paseos matutinos y en la tarde habían servido para que bajara parte del sobrepeso que tenía,  de esa forma no excedió  el peso máximo en bodega.

Pague su tiquete y posteriormente  alguien de la aerolínea nos condujo hasta una pequeña puertecita cerca de las  salidas internacionales en el primer piso del Dorado, allí pusimos a Mara dentro de su transportin en una banda transportadora y le dije como muchas veces lo había hecho en su entrenamiento: ¡Ya nos vemos!, esperando con todo mi corazón que fuera así.

El transportín pasó por la cortina plástica negra en donde se encontraban algunas personas de seguridad del aeropuerto, pasarían mucho tiempo antes de tener noticias de ella.

¿…Y llegó?

En el aeropuerto de Porto alrededor de las 11:45  de la mañana nuestro vuelo aterrizó. Con mi hija teníamos una gran inquietud con respecto a  Mara. Nos dirigimos a la salida de equipajes especiales en el aeropuerto, esperamos 10 minutos y nada salía; esperamos 15 y solo salieron unos instrumentos; esperamos 20 y tampoco. Por fin se abrió una puerta grande metálica y dos personas que trabajaban en el aeropuerto traían a Mara en un carro de transporte. Adivinaron en nuestras miradas que éramos sus responsables. En mi incipiente Portugés  pude contestar y entender sus orientaciones.

Porto

Nos apresuramos a mirarla por entre la puerta del transportín, se veía nerviosa y cansada; con sus ojitos cafés brillantes mostraban que se alegraba de vernos. Había llegado bien, pero todavía la jornada no terminaba, teníamos que pasar por los diferentes controles y verificaciones.

Hacía un tiempo había leído la noticia acerca de la amenaza que le hizo el gobierno de Australia al actor Jhonny Depp de sacrificar a sus Terriers, debido a que había incumplido con el procedimiento de entrada. También una vecina me había contado el caso de una persona a la que le sacrificaron los perros entrando a otro país. Había tenido en cuenta el procedimiento, pero me inquietaba algunas interpretaciones que habían hecho en la Clínica en Bogotá en donde realicé  lo del chip y el examen de rabia. Llevando con mi hija  dos grandes carros, uno con las maletas y otro con Mara nos dirigimos al control veterinario.  

En el control la doctora que atendió a Mara permitió sacarla del transportín para poderla examinar y darle agua. Mara se bebió un tazón de agua, después otro…,otro… y otra más, en total cuatro. La doctora revisó  meticulosamente uno a uno todos los documentos, examinó a Mara, realizó varias preguntas y notó que algo debía sustentarse mejor con respecto a las fechas.

Un sudor frío me recorrió el cuerpo a pesar de ser un día de verano, comencé a buscar como una loca más papeles y recibos para constatar las fechas. Por suerte fue posible aclarar y resolver la situación. Es importante que se cumpla con cada paso de la forma en que la piden y es importante que todo quede consignado de forma congruente en el Certificado Médico. Recibimos las recomendaciones  y nos dirigimos a los otros controles de aduana.

Por fin salimos por las puertas finales de llegadas internacionales donde  mi esposo nos esperaba, la gente nos miraba con extrañeza por el tamaño del transportín de Mara, seguramente pensaban que llevamos un pequeño león o un chita. Había valido la pena hacer todo lo posible.

Los costos totales del viaje de Mara incluyendo impuestos fueron alrededor de tres millones de pesos sin incluir transportes locales. Mara nos podría acompañar en esta nueva etapa de nuestras vidas y podriamos seguir disfrutando de su amor y compañía. Una  gran sensación de paz nos embargó al saber que nuestra familia era el mejor lugar para ella.  

En un pequeño jardín cerca de la salida del aeropuerto pudimos sacar a Mara para caminar y darle un pequeño pasaboca. Hasta el momento y con todas la vicisitudes las cosas habían salido bien, faltaba saber si el entrenamiento que había realizado con Mara para que se llevará bien con la gata de mi esposo funcionaba o no.

En secreto me acerque a su oído y le dije: Mara, por favor… por favor : ¡No te comas a la gata!

La gata de mi esposo, en su mejor pose: la de reina

La gata de mi esposo, en su mejor pose: de reina

Dedicación: esta entrada está dedicada a mi familia y a mi mejor amiga Angelita por su apoyo y amor incondicional en todo este proceso. A la Veterinaria Happy Tails que me orientaron y apoyaron de manera correcta para que Mara se recuperará pronto y pudiera estar con nosotros en esta nueva etapa de nuestras vidas.

 

Links de interes:

 

Requisitos que me pidieron para el país de destino. http://www.dgv.min-agricultura.pt/portal/page/portal/DGV/genericos?generico=228563&cboui=228563

¡No te comas a la gata! (Primera parte: De perrita callejera en Bogotá a perrita Viajera)

 

¡No te comas a la gata! (Primera parte: De perrita callejera en Bogotá a perrita Viajera)

Así es Mara

Tomar la decisión de viajar con mi perrita así como realizar los  trámites necesarios y lidiar con la incertidumbre del viaje fue  más estresante que decirle adiós a mis cosas. La información que te puedo suministrar te puede ahorrar algún tiempo así como brindar confianza para que ningún miembro de la familia se quede atrás.

…así es Mara

Mara es como cualquier  otra perrita criolla y callejera de cualquier parte del mundo, es: noble, tierna, fiel, cariñosa, le gusta robar comida, asaltar las canecas de basura, acechar a los gatos,  pasear por el parque  y que la consientan.

El día en que la adoptamos

Hace como unos siete años una médica  veterinaria de Bogotá  la rescató de las calles, del abandono y de un cáncer que la tenía en los huesos y sin un pelo en su cuerpo. Y hace más de cuatro años como dice mi hija: “ Mara nos escogió para que fuéramos su familia”.

¿En Europa no hay perros?

En el proceso muchas personas nos preguntaron  por qué nos tomábamos tantas molestias e invertimos tanto dinero en llevarnos a una perrita callejera como Mara a nuestro nuevo hogar en otro continente. Si lo pensamos solo con la  lógica era más fácil y más económico dejarla. Pero como diría el Principito : “No era más que un zorro semejante a mil otros. Pero yo lo hice mi amigo y ahora es único en el mundo”.

Mi hija y Mara. “No era más que un zorro semejante a mil otros. Pero yo lo hice mi amigo y ahora es único en el mundo” El Principito.

¿Cuándo y por dónde debo empezar?

En mi caso empecé con cinco meses de anticipación, tiempo que puede ser mayor o menor  dependiendo del país de destino. En conclusión esto es un tema para no dejar de últimas en la lista de actividades y es mejor empezar con tiempo. Debes revisar las exigencias del país de destino para el ingreso de animales de compañía y  si  tu mascota tiene alguna restricción o necesidad especial para viajar,  ya sea por raza, tamaño, peso o edad. También es importante ver  la información y requisitos que piden en las aerolíneas que ofrecen vuelos a tu lugar de destino.

Después de determinar lo anterior puedes iniciar el proceso. En mi caso necesite de los siguientes exámenes y documentos:

Un microchip de identificación: este chip de identificación se lo ponen a tu mascota. A Mara le quedó al lado del cuello/nuca,  asocia  tu mascota con tu nombre, te dan una tirita de códigos de barras que debes guardar muy bien. Este chip no es un localizador GPS y es posible leerlo  con un lector especial. Esto lo realicé en  la clínica Dover en Bogotá.

De camino para ponerle el Chip a Mara

 

Un examen para detectar la rabia “Rabies Antibody Titer for Export Animals”: Colombia es uno de los países con presencia de rabia en el mundo por esto tienes que realizarle a tu mascota un test de sangre que lo  deben analizar en un laboratorio autorizado en  los Estados Unidos. No todos los países lo exigen.

Esto también lo hice en la Clínica Dover. El resultado se demora unas seis semanas. Para poder viajar con tu mascota debes esperar  90 días después de haberlo realizado y que el resultado sea bueno para poder viajar.

Vacuna de la Rabia y/o Revacunación: en el caso de algunos países piden que se coloque después de poner el microchip o el mismo día,  todos estos datos deben quedar de forma congruente en el Certificado de Examen  General por un Médico Veterinario.

Un examen general por un médico veterinario: esto se hace con setenta y dos horas de anticipación, es decir casi antes de viajar. El médico confirma  en este documento que la mascota se encuentra en buen estado de salud, verifica las vacunas, el resultado del examen de rabia, el microchip, la desparasitación interna y externa entre otras temas de la salud de tu mascota, todo debe quedar claro y de forma congruente con las exigencias del país de destino. Para esto preferí realizar el examen con  el médico  veterinario de Mara  que la conoce desde que la adopte en la veterinaria Happy Tails en Bogotá.

Certificado de Inspección Sanitaria de Animales del ICA: esto lo debes hacer setenta y dos horas antes o el mismo día en que viajas en el ICA del Aeropuerto. Yo lo realicé el día anterior del viaje. Tienes que llevar a tu mascota y es recomendable ir acompañado con alguien porque mientras esperas en la línea de atención del ICA (primer piso del Aeropuerto de Bogotá) con otras mascotas y sus dueños alguien debe pagar los costos de este trámite en un banco que queda al otro lado de este sitio en el segundo piso del aeropuerto. Es importante que tengas a mano la dirección en el extranjero en donde te vas a quedar, copia de los documentos anteriores y del carnet de vacunación de tu mascota para que los entregues a esta entidad ese día.

Esquivando el miedo

24  horas de viaje era el trayecto más corto. ¿Resistiría Mara?… ¿Llegaría sana y salva a nuestro destino?  No se si por mi pesimismo capricorniano o será colombiano comencé a buscar las noticias malas de los viajes con mascotas,  entonces el oráculo de San Google me arrojó infinidad de información. La fatalidad me sobrecogió al  leer muchas, pero muchas noticias de cómo varias mascotas habían muerto por: calor, asfixia, frío, golpes de sus transportines, entre otras muchas negligencias. ¿ Podría yo someter a mi perrita a toda esa tortura…? ¿Podría hacerlo…?

Después de llorar rios con mi hija decidimos dejarla con alguien. ¿Pero con quién? En una oportunidad  me ofrecieron la posibilidad de dejarla en una  finca de un vecino, pero en el pasado  había tenía la mala experiencia de haber dejado una mascota en una finca por un cambio de trabajo en otra ciudad y con el tiempo me enteré que la habían maltratado y había muerto. ¿Qué  iba hacer…?

 

Mi hermano me ofrecí quedarse con Mara, pero era difícil para él cuidarla debido a sus viajes de trabajo. Además Marita es un poco grande para vivir en su apartaestudio.

-Así como habían noticias tristes deberían existir noticias buenas de mascotas que viajan,pensé. Comencé una nueva búsqueda  y llegué  al contacto de Perros de Casa. Hablé con uno de sus propietarios que me brindó de forma generosa información  al respecto y me contó  muchas experiencias que ellos acompañan y orientan.

Una de mis mayores inquietudes y que estuve hasta al cansancio buscando en internet  era saber qué pasaba después de entregar la mascota a la aerolínea. Gracias a todo su conocimiento y experiencia pude saber que después de cerrar el counter del vuelo el capitán revisa el número de pasajeros, el peso de carga y cuantos animales va llevar en bodega. Al contar con esa información dispone  en las zonas que asignan para lo animales en bodega de aire y calefacción . Diariamente viajan perros y gatos, caballos, peces, entre otros muchos más animales que llegan bien a su destino.

 

Con toda la información que me ofreció me anime a seguir. Perros de Casa ayuda a  muchas familias a reunirse con sus mascotas en el mundo. Si quieres viajar con tu mascota de una forma más relajada y en manos de expertos esta puede ser una de las mejores opciones. En mi caso decidí continuar con el proceso por mi cuenta, tenía tiempo, algún avance  y el dinero justito para hacerlo de la forma más económica pero segura posible.

En la próxima entrada te contaré que hice para preparar a Mara para cruzar el mundo,  cuánto me costo el proceso en general y los imprevistos que se presentaron.

Nota: te quiero contar que próximamente le cambiaré el nombre al blog en parte por esta nueva etapa que estoy viviendo, pero eso te lo contaré en otra entrada.

Links:

http://www.iberia.com/es/viajar-con-iberia/animales/

http://dover.com.co/viaje-con-su-mascota/

http://perrosdecasa.com/servicios/trasladosinternacionales/

https://www.ica.gov.co/Importacion-y-Exportacion/Otros-Procedimientos/Requisitos-para-importar-mascotas.aspx