Una retrospectiva ecológica de mi boda ¡Me casaré en Jeans y comeremos hamburguesas! (Primera parte)

Una retrospectiva ecológica de mi boda
¡Me casaré en Jeans y comeremos hamburguesas! (Primera parte)

¡Me casaré en jeans y comeremos hamburguesas! esa fue la respuesta con tono sarcástico que le día a mi hermano cuando me preguntó por los preparativos de la boda un mes antes de la ceremonia; me miró perplejo y me dijo: Dayana, es el día de tu matrimonio, a lo cual siguió un largo silencio.

A pesar de que yo no era una veinteañera anhelaba por lo menos una celebración bonita y simple. No quería que fuera ostentosa, tampoco que fuera parca, quería encontrar un lugar acogedor y, en especial, auténtico, en donde pudiéramos compartir ese momento con mis seres más queridos. No obstante también reflexionaba sobre un tema que no es irrelevante para mí, el medio ambiente. Sé que resulta inusual pensar en esto cuando se habla del matrimonio, la mayoría se dedica a pensar en la lista de invitados y en las decoraciones, pero una de mis tareas y de los propósitos de este blog es considerar que nuestra responsabilidad y nuestra reflexión sobre el medio ambiente no toma días festivos, debe convertirse en una parte de nuestra vida y de nuestros hábitos.  Con todo, no es sencillo.

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Laguna de la Leyenda del Dorado

Había pensado e investigado varias posibilidades: desde unas muy locas, como una boda hippie en la laguna del Dorado o un ceremonia indígena con chamán incluido, hasta una recepción en Bogotá con sándwiches en el  bus Inglés que se encuentra en el parque del Chicó o en el Jardín Botánico o, por qué no, alquilar una pequeña casa de campo en la hermosa Villa de Leyva en el departamento de Boyacá. Mi imaginación volaba de un lugar a otro: a veces estaba tomando de las manos a mi prometido en la cima de una montaña (era una mañana despejada, de cielo intenso y azul); a menudo era un pic-nic,  donde todos los invitados morían de risa en medio de la lluvia más estruendosa, (era una tarde fría y nadie había traído abrigo); estábamos en el bus inglés, con un día tranquilo y soleado, pero algunos de los invitados sencillamente no cupieron: el bus era minúsculo; ellos, gigantes.

Hotel Casona San Nicolás
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Creatividad no me faltaba, pero las gestiones no se concretaban, tanto la administración de la Laguna de Guatavita como la del  Jardín me dijeron que no. Escalar la montaña tampoco se veía muy viable debido a que no todos mis invitados estarían dispuestos a  hacerlo y otros difícilmente lo lograrían. Con la idea del bus desistí al imaginar a mis dos hermanos menores, que miden cada uno dos metros, tratando de pararse en aquel estrecho lugar, y por un trámite indispensable ante una notaría  para la ceremonia civil solo podría realizar la boda en mi ciudad.

Había revisado otros sitios como casas y salones de eventos, hoteles, hasta el castillo del Mono Osorio, el cual ni siquiera sabía que existía, pero para todas esas opciones tendría que invertir en decoración: flores, lazos, listones, globos, señaladores de mesa y otras decoraciones que después de la boda terminarían en basura: eso era lo que menos quería en mi boda. En Estados Unidos se estima que una boda en promedio genera alrededor de 200 a 300 kilos de basura,  lo que casi alcanza a pesar un automóvil ecológico como el Renault Twizy. Desde luego, pareciera que esta reflexión fuera una aguafiestas, como si hubiera alguna complicidad entre el derroche y la alegría, pero la verdad es que no la hay. ¿Qué felicidad se esconde en beber y romper de inmediato la copa? Es simplemente un símbolo, que no resiste la menor pregunta.

Pero el impacto ambiental de una boda no solo se limita a  la basura, por ejemplo un solo anillo de bodas genera alrededor de 20 toneladas de residuos tóxicos, entre estos cianuro de potasio. Con lo que pesa un grano de arroz de este componente se podría matar a una persona, ahora imagínate el daño tanto ambiental como a las comunidades cercanas que una mina de esta clase puede causar. Esta es la reflexión menos romántica que se puede hacer en torno a la promesa del amor eterno, pero por qué tendríamos que darle licencia al mundo de las tarjetas, los anillos y las joyas, por qué tendríamos que hacer una excepción, justo cuando conocemos los estragos que ocasiona. ¿Es acaso por la tradición? ¿Por qué tendría que tener carta blanca la tradición? ¿Por qué no la podemos cambiar?

Otro impacto importante es la huella de carbono. En Bolivia una pareja midió la huella de carbono de su boda y la estimó en 4.5 toneladas de CO2. Para poder neutralizar esta emisión calcularon que necesitarían ocho años para mitigar el impacto, y como estrategia decidieron  aplicar prácticas ecológicas y regalarle a cada uno de sus invitados un pequeño arbolito para que lo sembraran en  sus casas[1].

Después de un largo silencio, en esa conversación con mi hermano, reconocí que necesitaba ayuda y que era importante encontrar y reservar un sitio cuanto antes. También entendí que tendría que encontrar un equilibrio entre las opciones disponibles, el ambiente, el presupuesto y las expectativas del novio y de la familia. Podríamos realizar una celebración significativa, amorosa, bonita y familiar así fuera en la sala de la casa, para eso no necesitaría invitar a todos mis  conocidos,  sería  suficiente tener a las personas más cercanas y queridas.

De todos los matrimonios a los cuales había  asistido en ese  momento recordaba uno especialmente, el cual no fue el más lujoso, ni el más costoso, lo realizaron en un bonito salón comunal de un conjunto residencial. No necesitaron fuegos artificiales para celebrar el amor, ni un camino tupido de pétalos de rosas hasta el altar; las suegras, tías y hermanas se unieron para cocinar el buffet de la boda; las damas de honor no querían opacar a la novia o hacerle zancadilla; el sacerdote, para mi sorpresa, dio el mejor discurso que yo haya escucha hasta el momento en una boda. Tuvimos conversaciones cercanas y amables incluso con las personas desconocidas. Hubo algo especial que nos contagió y no conmovió hasta las mismas lágrimas, existió lo más importante y no hubo duda al respecto: estaba en la ceremonia, en las novios, en la familia, en las maneras de tratarse unos con otros, en la forma de atendernos, de servirnos, apareció en la sonrisa de los padres, en la mirada de los invitados, en el beso de los novios. Algo tan sencillo, algo tan valioso.

 

 

[1] Boda carbono neutral