La Historia que tengo con la Historia de las Cosas

 

La Historia de las Cosas de Annie Leonard es uno de los  libros que me ha acompañado en los últimos cinco años. Me ha dejado inmensas inquietudes acerca de diferentes temas los cuales a lo largo del tiempo he profundizado y escrito en este blog. Como por ejemplo: los tóxicos que se utilizan en los productos del cuidado personal, los efectos negativos del plástico en la salud, el impacto negativo de mi anillo de compromiso, el consumismo, la inequidad y muchos otros temas más.

Tengo una historia larga con este libro, eso se puede apreciar en sus hojas gastadas y manchadas con un café que derramé sin querer sobre éste hace tiempo. Fue por mucho tiempo uno de mis compañeros predilectos en los largos viajes de la casa al trabajo y también fue un de los pocos libros que conservé después de mudarme a otro país.

Cada vez que lo leo siento que se revelan datos que en una previa lectura no percibí en su total dimensión. Renuevo mi compromiso personal para disminuir mi impacto en la tierra; si es que eso de alguna forma es posible. Entiendo muchas cosas más y profundizó en otras que ni siquiera conocía.

A pesar que Annie escribió este libro para el contexto de Estados Unidos siento que es válido para todos los países del mundo, porque todos juegan un papel en este modelo económico de sacar- fabricar- tirar. Un modelo que ha dejado enormes inequidades sociales en el mundo.

Unas cuantas personas tienen las cosas y otros lamentablemente tienen la basura y los tóxicos. En síntesis la historia de las cosas es la historia de nuestra basura, del desastre ambiental y de la injusticia social.

Historia que se vio por primera vez a través de un vídeo  de 20 minutos llamado: “The Story of Stuff” al cual le siguieron otros más específicos  y este libro llamado:”La Historia de las Cosas, de cómo nuestra obsesión por la cosas está destruyendo el planeta, nuestras comunidades y nuestra salud. Y una visión de cambio”

En sus páginas también Annie nos narra cómo a través de diferentes experiencias laborales en el tema de rastrear basura tóxica pudo conectar puntos importantes que le permitieron observar el panorama de esta problemática de forma  completa. Y  así entender sus diferentes interrelaciones.

El desmonte de bosques, los tóxicos que se utilizan en los procesos productivos, el desperdicio, el desplazamiento de comunidades, problemas de salud y la injusticia social eran problemas que se relacionaban entre sí, pero al analizarlos por separado no se podía entender su interrelación y dinámica. Por fin pudo conocer que había pasado con los árboles de los bosques que frecuentaba cuando salia de campamento en su niñez en Seattle, pudo darse cuenta de cómo  hemos sobrepasado los límites naturales llegando a un punto en que es inminente redirigir este sistema en el cual participamos.

Para entender la filigrana del  sistema abordó cada una de las etapas desde la extracción  hasta la disposición, revelando sus conexiones, implicaciones y  las estrategias que le permitieron al sistema seguir creciendo. Estrategias como la obsolescencia programada y la percibida entre otras muchas más.

En este sistema hemos confundido el “bienestar” con el crecimiento económico continuo en un mundo finito. Un sistema que tiene por motor y lema el consumo. A través de campañas publicitarios, películas y hasta mandatos hemos creído que comprar y consumir es el camino a la felicidad. Lamentablemente nosotros también nos estamos consumiendo en este sistema, porque no somos ni más felices ni tampoco más sanos.

Nueve años después de su primera publicación en Inglés el mundo se sigue resquebrajando bajo nuestro pies, los datos que salen a la luz pública son peores. Cada persona en este mundo consume lo que pesa un tarjeta de crédito en plástico a la semana, la lluvia tiene plástico, los niños orinan plástico, las islas basura amenazan las playas, las especies se siguen extinguiendo, los bosques desaparecen, los ríos mueren, los glaciares se deshielan, se prevé que en unos pocos años los océanos tendrán más plástico que peces. El problema ya no se puede esconder más. Como dice Greta Thunberg: “Nuestra casa está en llamas”

Tenemos un ultimátum que nos está tocando a la puerta. Solo tenemos 12 años para poder cambiar los efectos adversos del cambio climático y de la contaminación de lo contrario no tendremos retorno.

¿Qué podemos hacer en un mundo que está a punto del colapso?

Es tan grande el problema que  las soluciones que podemos poner en práctica parecen tan insignificantes. Algunos de nosotros, los más sensibles al tema vivimos arrastrando la culpa por algún error que cometemos en nuestra cotidianidad, porque algo en nuestra forma de vida actual no la hemos podido cambiar. Es tan fácil no acertar en un sistema económico como el que tenemos.

Vivimos en la incoherencia al no poder hacer lo que sentimos y pensamos. Muchas veces hasta las pequeñas decisiones tienen un impacto negativo en el ambiente. Tal vez hemos pensado que la coherencia solamente es un estado del ser cuando también puede ser un camino.   

Para las personas que se sienten agobiadas por esta situación les diría que empiecen  con un cambio a la vez, eso le dará la fuerza para el siguiente cambio. Para los que llevamos un poco más de camino debemos hacer más activismo y apoyar más organizaciones e iniciativas en los diferentes frentes de la cadena del sistema, esa tal vez es mi mayor reflexión y también mi mayor reto después de releer este libro.

Hemos sido los causantes de este desastre pero también somos la cura, este sistema que hemos construido también lo podemos cambiar.

Si te interesa conocer más de este libro te dejo el siguiente vídeo en el que te cuento algunas otras cosas  más de este libro.

De pronto para “ya” no es.

De pronto para “ya” no es.

De pronto para “ya” no es.

“¡Yayaístas!” “¿Qué?” “Ya-ya-ís-tas” “¿Per-dón?” “Sí. No hay planes, no hay pausas, cada frase, cada orden y cada cosa, todo lo rematan con el ya. ¿Para cuándo es cualquier cosa? pues hombre, p’a ya.” Eso me lo dijo un francés con quien trabajé cuando era asistente de investigación en la universidad.

En ese momento me causo gracia y no entendí muy bien a lo que se refería aquel hombre hasta que me incorporé al mundo laboral.

Entre los jefes el ya no solo es una simple palabra, el remate autoritario detrás de “tráigame un tinto” (escriba “ya” al final) o detrás “arregle esa vaina” (ya sabe que poner). Sus significados son variados: si usted termina con el ya, no solo quiere las cosas ahora, se muestra resuelto, determinado, seguro, incluso interesante. Si usted dice “ya”, el “ya” es urgente, el “ya” es como la negrita, todo lo subraya.

Los bogotanos no queremos solamente arreglar nuestra ciudad, lo queremos ahora. El plan de desarrollo, ya; el proceso de paz, ya; bajar el desempleo, ya; remediar la pobreza, ya; el tráfico, ya. Y claro, el gancho aparece a este palabra, los compañeros usuales del ya: se le tiene, no más diga, yo se lo coloreo, listo jefe, todo está preparado, todo está p’a antier.

Qué extraña medida del tiempo, que forma tan curiosa: el ahora es la única condición que conocemos. Y de pronto es una condición muy pobre.

Lo simpático del asunto y como bien lo anotaba aquel francés, es que nada está para “ya”, la contratación del estado p’a ya se demora casi nueve meses y cuando ya está listo todo para publicar “ya” pasó el tiempo y “ya” no se puede contratar, y esta es la respuesta de por qué las entidades no ejecutan la mayor parte del presupuesto, por qué los proyectos no salen bien y de otras muchas cosas que se quieren “p’a ya”.

El p’a ya para lo único que sirve es para estresar a todo el mundo. ¿Pero por qué rayos queremos todo p’a ya? … será una tara mental que nos quedó de los cuentos de hadas que leímos en la infancia, en los cuales aparecía el hada madrina o el genio de la lámpara y solucionaba todo en un instante, o será el acoso de la tecnología que crea una sensación de simultaneidad e inmediatez que devalúa de manera creciente la formas de la espera y la lentitud, como dice Lipovetsky.

Así no nos guste todo toma un tiempo y el mejor ejemplo nos lo da la naturaleza. Sí sembramos una semilla hoy, por más que le ordenemos a los gritos “crece ya” solo crecerá en el momento que deba hacerlo, y lo hará cumpliendo todas sus etapas desde su germinación, pasando por la floración hasta la maduración de sus frutos, no se saltará ninguna etapa, no tomará atajos, simplemente lo hará.

Hasta la próxima y despacio que voy de afán.

Hipercapitalismo, Hiperconsumo, Hipertensos e Hiperendeudados.

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Hace como tres décadas los seres humanos teníamos un respiro de nuestro papel como consumidores. Los almacenes cerraban los domingos, días feriados y solo hasta las 8:00 pm encontrabas tiendas abiertas, los programas de televisión de los tres únicos canales que existían, por lo menos en Colombia, emitían solo hasta las 11:00 pm.
Pero eso se acabo, ahora somos consumidores las 24 horas del día 7 días a la semana sin descanso, en donde estemos la presión del mercado nos alcanza. Vivimos en lo que Gilles Lipovetsky llama una sociedad moda “reestructurada de arriba abajo por las técnicas de lo efímero, la renovación y seducción permanente”.

Es tan difícil no dejarse seducir por los placeres y facilidades financieras que ofrece el mercado. ¡Si lo que quieres está a unos cuantos “clicks” del alcance de tu mano!

Las técnicas de venta cada vez son más sofisticadas, se valen de: la tecnología, los medios de comunicación, los estudios detallados del mercado, las facilidades de financiación, el conocimiento que han logrado las nuevas áreas de estudio como la Economía conductual y la Neuroeconomía.

En una época era irrefutable la premisa que la demanda creaba su oferta, en este momento ya no es del todo cierto ahora la oferta crea su demanda, a través de alimentar las ansiedades y frustraciones del hombre, en donde cada vez quieres más, te endeudas más y te estresas más.

En este estado de Hipercapitalismo, Hipermercado, Hiperconsumo, en donde cada vez nos volvemos más Hipertensos, Hiperinseguros e Hiperendeudas, es importante que nos preguntemos: ¿necesitamos tanto? ¿Vale la pena pagarlo en 34 cuotas con la tarjeta de crédito y desvelarse todas las noches por no saber cómo lo vamos a pagar?, lo necesitamos o sencillamente esta compra la estoy usando para escapar de mis frustraciones, y si lo estoy haciendo esto las calmará…seguramente no.

Dejar de ser un títere de la presión del mercado nos es una tarea fácil pero vale la pena recuperar el control y el estado de consciencia de nuestras decisiones y por ende de nuestras vidas.

La vida rápida no es mi eslogan

mami.todolisto

Mi hija últimamente para las onces del colegio todo me lo pedía ya empacado, el jugo y la avena en tetra pack; la gelatina, los flanes y quesillo petite en envase; las tortas empacadas, “todo listo mami”, me decía, “porque no debemos perder tiempo. Lamentablemente hemos compramos el lema de la vida rápida y todo lo compramos hecho, entre menos tengamos que hacer mejor, y hasta las cosas más sencillas las vemos como algo que nos quitan tiempo.

Pero ese es un eslogan engañoso que nos cobra un precio muy alto, tanto en dinero como en la salud. Creo que es importante tener algo de eso pero no depender totalmente del “todo listo y sírvase ya en un minuto”.

En los últimos meses he horneado y honrado las totas caseras como: la torta de plátano, la de zanahoria, hasta la torta de chocolate, las cuales son deliciosas, te pueden durar dos o tres días, no creo que  más porque son muy sabrosas, sin químicos, sin tanta grasa, sin conservantes.

Hace poco mi hija llevo a su colegio un pedazo de torta de chocolate que hicimos en la casa, ella  ayudó a mezclar todo los ingredientes y en su colegio las compañeras le dijeron que eso era algo imposible de hacer en la casa.

Reflexionar acerca de qué les enseñamos a nuestros hijos con esa dependencia hacia el consumo, así como el daño que generamos a nuestros cuerpos como al ambiente es algo importante. Por tal razón empecé a cambiar algunos hábitos de compras y a sustituir algunos productos químicos para la limpieza de la casa.

Te invito a leer:

Limpiavidrios casero.