Campesinos con Wifi (7. ¡Fuera de Control!)

 

Parte de mi pila de compost

Mi esposo cada vez que se asoma al jardín dice que todo está fuera de control y tiene toda la razón.Los tomates se han resembrado solos, la espinaca de Nueva Zelanda se adjudicó una de las camas de vegetales, los pulgones se apropiaron de las habas, las babosas y caracoles se comieron las alcachofas, las lombrices se apoderaron de mis dos composteras. El cilantro crece en donde se le da la gana y los Cosmos han decidido aparecer y reaparecer cuando le conviene.

En los últimos dos años he recibido varias demandas de diferentes criaturas en la entrada de mi casa: un sapo gigante vino y no despintó su cara  de la puerta en toda una noche, una salamandra me hizo huelga durante dos días, una mantis religiosa me hizo un protesta silenciosa, una pequeña rana durmió todo un día en la puerta.

Una salamandra en protesta por algo

Las avispas insisten en hacer sus nidos en los mismo lugares en que los hicieron el año pasado aunque les ponga obstáculos. Los pinos pasaron de un corte militar a un estilo trasquilado. Mientras que los topos han creado una infinidad de túneles sospechosos que sobresalen  entre la maleza y los vestigios del pasto. ¿Estaran fraguando alguna conspiración?

Las avispas insisten en hacer su nidos en los lugares en donde acostumbran

Soy el hazmerreír de los pájaros, que se han burlado de cuanto espantapájaros he creado. Tienen la osadía de pararse encima de mis creación en las cuales reposan sin el menor sobresalto y se han  tragado todos los pequeños vegetales recién sembrados.

La mala hierba ahora parece la cobertura del jardín y de aquel perfecto pasto que heredamos solo quedan los recuerdos. La pila del compost es gigantesca y carece de cualquier estética, mientras mis vecinos lucen campos muy limpios a punta de quemas.

¿Quién dirige este jardín- huerta? Los vegetales no están respetando la rotación de cultivos que leí en los innumerables libros de horticultura en la biblioteca y que he tratado de imponerles. Los pájaros me han traído otras semillas de otras partes, ahora tengo una Physalis Peruviana (Uchuva) creciendo en mi jardín, así como una Couve Portuguesa. Mientras que una milenaria Cola de Caballo ha crecido como por arte de magia. Todo es un desorden, nadie respeta nada.

Cosmos

Me siento apenada cada vez que alguien viene a mi jardín, todo es un caos. Entre la maleza y los innumerables huecos que he cavado los vegetales crecen. Muchos de los visitantes parecen tan ilustrados en tema me dicen: cómo debo cortar los árboles, como debo podar los pinos, cómo no debo sembrar ciertos vegetales, cómo debo deshacerme de la mala hierba, cómo debo acabar con los topos, cómo no debo dejar comer a los pájaros la siembra, cómo debo exterminar las babosas y cómo debo quemar los nidos de las avispas.

Yo me declaro incapaz. He dejado que las avispas hagan sus nidos en donde quieran y en lugar de eso aviso a los visitantes a no estar cerca de ellas para que no las molesten, que los tomates, el cilantro, la espinaca de Nueva Zelanda se resiembren en donde  les apetezca, que los topos conspiren, que lo pájaros coman, que el Cosmos y la Cola de Caballo aparezcan cuando les convenga y que la lombrices se apoderen de las composteras. Todos hacen lo que quieren,… o tal vez  todos hacen lo que tienen que hacer,… no lo sé.

Ya no deseo llevar a nadie más de tour por el jardín, ya sé lo que me van a decir. Cómo una niña regañada recibo todos los consejos y observaciones en el más abnegado estado. Mientras que hacemos el recorrido me animo a llenarlos de ramas de romero, de limones o de manzanas, de unos higos que han polinizados las avispas, de alguna hortalizas en el jardín. Inexplicablemente todas están tan buenas, todas son tan perfectas hasta las imperfectas.

Francamente no  entiendo como cosecha alguna abundancia en este caos y en mi incapacidad. Pero extrañamente  también cosecho asombro, gozo y una inexplicable alegría.

En una foto con el compost que saqué de la enorme pila

 

Campesinos con Wifi ( 6. “Dig on for the Victory” )

 

Levantar aquel césped del jardín parecía una tarea titánica. Especialmente si eres una chica citadina que nunca ha tenido entre sus manos una pala o un azadón. Me costaba tanto empezar. La estigmatización de las labores del campo hacían un gran eco en mi cabeza, quería los resultados pero no hacer el trabajo.

Por varios días pensé que sería mejor iniciar una huerta sin cavar y que para poder empezar necesitaba camas de maderas y otros suministros. En otras oportunidades  el mal tiempo fue la excusa perfecta para no iniciar. Mientras me debatía entre el mal tiempo y las posibles técnicas de cultivo mis vecinos simplemente cultivaban como habían hecho sus ancestros.

Unos días antes de la pasada primavera  dejé las excusas, los prejuicios, los pretextos, mi sentimiento de incompetencia, mi sensación de fragilidad y cavé…

Las primeras azadas parecían rebotar en el césped el cual no cedía. Tomé  la pala y enterré su filo hasta encontrar tierra. En mi mente volví a ese primer momento en la vida de cualquier infante que se maravilla jugando con la tierra, antes de que le digan que la tierra es sucia.

Ayudante gatuna

Ví varias lombrices de tierra, una cigarra y otros insectos.  El césped cedió y descubrí un lienzo negro maravilloso y lleno de vida en donde podía sembrar la anhelada huerta. También encontré algunos tesoros como un pedazo de un azulejo y una cuchara antigua, los cuales aún hoy guardo.

 

Ayudante perruna.

 

Sin embargo, el trabajo fue intenso, fueron muchas las secciones para levantar una parte del césped. En las cuales  recordaba una fotografía de un afiche de la campaña:” Dig on for the Victory”, la cual encontré en el primer libro de horticultura que leí, con la que  promocionaron la agricultura en: parques, canchas de fútbol y en cualquier espacio disponible durante la primera y la segunda guerra mundial en Inglaterra.

 

Si tan solo me hubiera percatado que aquel dibujo tenía un tridente y no un azadón o una pala redonda que era lo que yo en ese momento usaba, el trabajo hubiera sido menor.

Casi al finalizar mi trabajo de excavación mi esposo se animó a interrumpir sus labores  para mejorar la simetría del hueco que había hecho en el jardín. Mi esposo y mi hija nos son  grandes fanáticos del jardín pero ayudan con varias de las labores que éste demanda, las cuales no son pocas.

Con el transcurrir de este año he observado como mis vecinos usan ciertos adminículos totalmente desconocidos para mí, con los cuales quitan las hierbas y el pasto de una manera muy eficiente. Al parecer aterricé en otro planeta en el cual soy una analfabeta en estos menesteres del campo.

Así se veía la huerta en junio de 2017

Pero a pesar de mi incompetencia y falta de información sembré una pequeña huerta, en la cual cultivé el año pasado: girasoles que hicieron la delicia de los pájaros, tomates cherry que se dieron hasta noviembre,  kale que todavía sigue creciendo y dando hojas después de una año (creo que uno de los cultivos más fáciles y resistente que he visto hasta el momento), lechugas que llegaron a un  tamaño descomunal, zucchinis que se produjeron de forma incesante y más que abundante durante todo el verano, zanahorias que salieron bailarinas, entre otros muchos y muchos más alimentos.

 

Tener una pequeña huerta de hortalizas más algunos árboles frutales me ha dado una visión maravillosa de la vida y de la naturaleza. Pasé de la ciencia que estudia la escasez, que es la Economía, al arte de la abundancia y la belleza, que es la Horticultura.

 

¡Buena siembra y buena cosecha para este inicio de primavera!

Campesinos con Wifi (Parte 5. Universo florido)

Un Universo Florido. Flor de Magnolio

El Invierno no ha terminado pero aún así varios de los árboles y de las plantas del jardín despertaron. El Magnolio se encuentra  tupido de flores rosas que se balancean entre sus ramas con el vaivén del viento. Las camelias ya están abriendo sus flores mientras que los tulipanes comenzaron a despuntar sus pétalos.

Flores de Magnolio (Un Universo Florido)

En algunas vías se ven las flores de los almendros y de los cerezos que engalanan las calles, mientras que en las montañas las Acacias se han sumado a este despertar con miles de flores minúsculas amarillas con las cuales  han pintado el paisaje con trazos resplandecientes.

Flores de Almendro

Es en síntesis un universo florido. Uno que me hace recordar las historias entretejidas que tenemos con las plantas, los significados que en algún momento les dimos para manifestar nuestros afectos y sentimientos, un pasado que parece hoy demasiado lejano pero que aún late entre los enamorados.

Flor de Camelia (Un Universo Florido)

Recorro el jardín para adentrarme en este Universo florido mientras que los abejorros zumban entre las diminutas  flores azules del Romero. En la huerta que inicié el año pasado veo que de nuevo se han colado una que otra planta a las cuales mi ignorancia les llamaba la mala hierba. Con el tiempo y el estudio de varios libros  he ido conociendo mejor este mundo y puedo con detalla hablar de las propiedades, usos y hasta el significado de las plantas.

Entiendo cada vez más este ciclo en el cual estoy inmersa, me doy cuenta tanto de mis aciertos como mis desaciertos. Las últimas palabras del Cándido de Voltaire retumban en mi cabeza: “Debemos cultivar nuestro jardín”.

Semilleros para nutrir el Universo Florido

Solo quien inicia el camino lo va entendiendo, solo el que se atreve puede llegar a soñar con el resultado. Mientras el mundo convulsiona entre lo absurdo e irreal, lo políticamente correcto e incorrecto, yo sigo sembrando en el jardín los sueños de un mundo mejor, o por lo menos de un minúsculo universo florido en el cual yo también florezca.

 

 

Campesinos con Wifi ( Parte 4. La Invitación del Otoño)

Castaño al terminar el otoño

Me siento todavía como una árbol tropical que no se ha adaptado a las estaciones y que se rehúsa a dejar caer sus hojas pensando que al hacerlo sería su fin. Un lucha interna se debate hace un tiempo en mi cabeza.

En mi mente mi pasado confronta mi presente, la burócrata perfecta confronta a la campesina amateur, algo de lo que fui no está del todo conforme con los cambios. Largos debates he tenido con la burócrata, que sigue apegada a los esquemas tradicionales del sistema social y económico. El plan no fue del todo perfecto, tenía sus sacrificios, tenía también sus riesgos, lo sé, pero fue el mejor. Vivir cerca de la naturaleza ha sido el anhelo de mi corazón, ha sido especialmente el anhelo del corazón de la niña que todavía vive en mí.

Sombras de árboles desnudos

Lejos de lo que fui y de lo que construí, lejos de lo que creí he dejado mis referencias tanto  familiares, de amistades, lugares y trabajos que me definieron. Ahora quién soy sin ésto, me pregunto. Ahora tal vez soy solo yo, la niña, la que vivió arrinconada por mucho tiempo en el más oscuro rincón como una semilla esperando paciente el momento para germinar, crecer y ser. Tal vez un poco tarde pero todavía no tanto.

 

Observando cómo se transforma la naturaleza a mi alrededor, me siento invitada a liberarme de lo que ya no necesito, así como hacen los árboles cuando se desprenden de sus hojas, algunas caen con suavidad al piso y otras son arrebatadas por el viento y la lluvia. Que el  otoño se lleven lo que fui, para poder seguir transformándome en este jardín, no sin antes agradecer lo que aprendí y viví.

Suelto mis hojas, suelto mi cargas, suelto lo que ha de morir en mí, suelto como aquel que hace un salto de fe sin saber con certeza lo que pasará, suelto para adentrarme en la oscuridad del invierno  y así… tal vez renacer.

¿En este momento que quieres soltar de tu corazón y de tu vida?

 

Campesinos Con Wifi (Segunda parte: La Mala Hierba)

Una de mis malas hierbas, en el jardín

El jardín se me presenta como una metáfora de mi vida. Mis sentidos despiertos del letargo citadino se abruman  por el ritmo y la renovación constante de la naturaleza. Aquí todo se transforma, hasta yo. En este espacio de mi vida que se traslada a mi mente y a mi corazón, en el cual interpreto los papeles de artífice, contemplador, sujeto y  hasta objeto, reflexiono y me cuestiono.

En el jardín, el Invierno terminó pero no acabó

Al parecer lo único que crece es la mala hierba… El frío y la lluvia de los últimos meses la han vigorizado y expandido por casi todo el terreno, así como la duda y la inquietud han invadido mi mente.

¿Habré romantizado demasiado esta vida campestre?…¿Habré desestimado el duro trabajo  que requiere el campo y el incipiente conocimiento que tengo de éste? La respuesta de esto me estremece. Mientras miro los campos vecinos llenos de repollos, flores y retoños  que se asoman en las ramas de los árboles.

 

¿Será que para mí no existe primavera? Y solo me queda seguir aguantando estos días grises, lluviosos  con su frío inclemente.

Los que yo no planté pero que creció.

Decido recorrer el campo y recoger la mala hierba. Me doy cuenta de que un nabo estaba creciendo felizmente al lado del Ciruelo y yo no lo planté; el simplemente creció. Debajo del Higo se esconde una Digitalis ya en flor,  éste  tiene flores fucsias en forma de trompeta con manchas atigradas en su interior.

Una Digitalis que se esconde bajo la Higuera

Entre los recortes de la poda que todavía están arrumados en el patio de piedra se asoma un retoño de una Hortensia, sin querer al podar en Otoño hice un esqueje y este ya tiene raíces. Como artífice del jardín la siembro en un sitio que creo que le gustará.

También han proliferado otras plantas, al principio creo que todos son Dientes de León pero al acercarme un poco más dudo de que lo sean.  

 

Observando no solo con los ojos

Estudiando las malas hierbas

Al agudizar los sentidos percibo que las hojas son diferentes tanto en su forma, como en su textura y simetría. Las había mirado en forma superficial pero ahora me doy cuenta de que tienen aspectos muy diferentes.

Por el contacto con las plantas, los libros que he leído y un curso de herbalismo que estoy tomando he aprendido a verlas no solo con mis ojos, sino también con mis otros sentidos. Con  con el tacto he descubierto que no todos los tallos son redondos, existen triangulares como el del Ajo Silvestre o cuadrados como los tallos de las Metas. Algunas plantas pican como la Ortiga y otras son muy suaves como las hojas de las  Malvas en Primavera.

Teniendo por lo menos una identificación y la guía de una experta en botánica me aventuro a saborearlas. Me sorprende el sabor de las flores comestibles como el Ajo Silvestre y las Violetas.  La astringencia y amargura del Diente de León y advierto que he pasado más de una vez por encima de una planta comestible y medicinal como el LLantén. Me reencuentro con los olores de la Manzanilla y de la Caléndula. Recuerdo que tengo más de un sentido.

Ajo Silvestre o Lagrimas de la Virgen

Ordenando el jardín y ordenando la cabeza

Pero debo reconocer que nuestro campo, que es un enorme jardín, es un total desorden. La “mala hierba” lo ha inundando  todo, de esa forma no crecerá ninguno de los proyectos que queremos en este espacio.

Así como debo limpiar de inquietudes y miedos de mi mente y mi corazón para poder ver con claridad la vida, así debo limpiar el jardín para que pueda crecer lo que queremos que crezca.

Ortiga, Romero y Recortes para un Abono Verde

Me doy cuenta que en este proyecto no estoy sola como en algún momento me sentí al tener tanta “mala hierba” en mi cabeza. Mi esposo en un arranque de entusiasmo la poda, pero antes yo he recogido una parte  de ésta y la considero como regalos. En esta oportunidad consisten en margaritas silvestres, Ortiga, Ajo Silvestre, plantas y recortes para hacer un abono verde.

Ajo Silvestre para cocinar, margaritas y manzanillas en maceración para aceites

La mala hierba volverá… lo sabemos, nos traerán inquietudes y dudas, pero  seremos capaces de reconocerla, aprenderemos de las carencias que tenemos en el suelo porque su proliferación nos lo indicará, la llamaremos por sus nombres y no como “mala hierba” y apreciaremos aún más los regalos que nos da.

Lo que fue ayer no lo es hoy, el inicio de la Primavera

A pesar del frío y la persistente lluvia  la Primavera llegó. Al ritmo de una sinfonía los árboles frutales del jardín comenzaron a  florecer, la Higuera ya muestra sus incipientes frutos y hojas y todo cambia a una velocidad impresionante.

El jardín se llena de vida y me  llena de vida, la oscuridad ha quedado atrás.

El árbol de Ciruelo en flor

 

 

Campesinos con Wifi ( Primera parte: El deseo cumplido de la Hippie que vive en mí)

Caminando por lugares cercanos, zonas entre lo rural y urbano,

Era una de esas  noches  Bogotanas en las cuales  regresaba a  casa del trabajo, desde del centro al norte de la ciudad. Con una niña en brazos y dos bolsos en los hombros entre apretones, estrujones y empujones logré “entrar al vacío como una sardina enlatada” en uno de los buses del  sistema de transporte de mi ciudad, TrasMilenio. Me mantenía en pie por el tumulto,  rompiendo cualquier “paradigma del espacio personal”, por fortuna una persona cortés me ofreció su silla  y  pude descansar.

 

En el camino a casa le decía a la persona que me acompañaba en ese trayecto que estaba cansada de ese estilo de vida de estrujones, trancones, horarios y de deuda. Al parecer, a pesar de tanto trabajar durante los últimos quince años que llevaba como profesional,  y de haber conseguido buenos empleos, corrijo- buenos contratos-, parecía que solo trabajaba para seguir trabajando. Y por motivación tenía  las cláusulas penales, pecuniarias, disciplinarias, que se aceptan en ese tipo de contratos.

¿No era algo estúpido vivir así? Fui notando que el señor que tenía de compañero de silla comenzó a prestarme atención así como las personas que se encontraban apretujadas en la zonas destinadas para  coches y sillas de ruedas en el  bus articulado. No es difícil que me pusieran atención, por lo general no soy consciente de que hablo bastante alto, en mi defensa solo puedo decir que es mi personalidad  espontánea que se expresa así.

Vid en un campo vecino

Entre las miradas indiscretas y los oídos curiosos proseguí en mi “soliloquio”.  ¡Pero si es tan sencillo vivir! ¡Porque tenemos que pagar por todo! Hasta en la Biblia lo dice, y en tono de  sermón recite  lo que me acordaba de Mateo 6 versículo 25 -34 : … “Miren las aves que vuelan por el aire, que no siembran ni cosechan, ni guardan la cosecha en graneros; sin embargo, el Padre que está en el cielo les da de comer”... “Fíjense cómo crecen las flores del campo, que no trabajan ni hilan” y  “ni el rey Salomón, con todo su lujo, se vestía como una de ellas”.

Cabras vecinas

¿Podría yo tener unas cuantas gallinas y así tener huevos para el desayuno? …¿Cierto?… No, mejor no; ya me imagino a la gallina furiosa persiguiéndome porque le robé a los hijos y  eso de matar pollitos no es lo mío, prefiero ser vegetariana. Unas cuantas sonrisas se comenzaron a dibujar en algunos rostros. Podría cultivar unas lechugas y unos cuantos tomates y así otras verduritas. La persona que me acompañaba soltó una carcajada y dijo: ¡Uy! ! “supersona” lo que “vusque” quiere es ser campesina!

Gallinas vecinas

Mala idea no es – le dije. Cuando era niña decirle a una persona “campesino” era un insulto, pero hoy en día con tanto plaguicida, el incremento de casos de cáncer y los cultivos transgénicos si uno no es campesino por lo menos debe tener como mínimo su campesino de confianza, así como se tiene el médico, el abogado y hasta el mecánico.

Ovejas vecinas

Pero a  mí me gustaría ser una campesina un poco hippie- proseguí la conversación. Quisiera saber de yoga, meditación o por lo menos practicar Tai chi, andar descalza por el campo, usar el cabello bien largo y hasta usar faldas con estampados. ¡No me la imagino!  Usted no tiene ni pinta de hippie ni mucho menos de campesina- dijo él.

Por fin llegué a mi parada,  entre el tumulto logré salir de aquel bus.

Los Neocampesinos

A veces sabía de alguna persona que había dejado su empleo y su vida citadina para mudarse al campo. En mi país los llaman los Neocampesinos, también  conocí personas que habían traído algo del campo a la ciudad, sembrando en huertas comunitarias, jardines y hasta en el espacio público.

La nena saludando un caballito

Viviendo en el campo

Diez años más tarde, me encuentro aquí… si aquí, en el campo pero en otro país, en otro continente y a veces parece que en otro planeta. Cambié  mis tacones por unas botas de jardín, el bullicio de la ciudad por los sonidos del campo, mi agenda de trabajo por un cuaderno para la huerta, los pesados archivos públicos por libros de agricultura, las reuniones de trabajo por secciones de jardinería, el noticiero y la novela de la noche por el espectáculo estelar, en el cual he podido ver los cambios de las fases de la luna en vivo y en directo.

En los últimos meses he aprendido  que debo levantarme cuando el gallo de mi vecino canta por cuarta vez, mi perra Mara ya no cree que los caballos son perros grandes y mi hija ya no piensa que la comida viene de los supermercados. Nos hemos maravillado con la abundancia de la naturaleza y hasta con la abundancia de las plagas, que no dejaron manzana sin agujero en la última cosecha o como  los caracoles y babosas, que con su un apetito voraz no han dejado ni apio, ni zanahoria  en pie en la pequeña huerta. Aprendimos que no solo existen abejas que viven en panales, nos hemos vuelto solidarias haciendo refugios para las abejas solitarias.

En el intermedio

Sin embargo, a pesar de  querer encajar  no somos como nuestros amables vecinos, que se  han divertido con nuestra ignorancia e incompetencia en temas del campo. Pero tampoco queremos ser seres de ciudad, aunque nos gusta participar mucho de las actividades culturales y artísticas que ofrecen los lugares cercanos. Tampoco hemos renunciado a la tecnologías porque nos mantenemos en contacto con la familia y amigos por WhatsApp y Skype, somos tal vez como dijo mi hija el primer día que llegamos aquí, el día en que nos instalaron el servicio de de internet: somos Campesinos con Wifi.

Sombras con la escalera para recolectar manzanas